Día 18 (30/06/15): Mongolia V

Nos levantamos. No se duerme mal en tienda de campaña. El espacio es muy justo (son 2 tiendas para 5), pero al ser tan justo hace menos frío dentro, así que se puede decir que se duerme mejor que un ger.
Hoy es el segundo día de trekking. Esta vez no me adelanto a los demás, pero me doy de cuenta de que mi equipación es mínima. Todos van de puta madre, pero yo no podía permitirme meter más cosas a la mochila. Todos los demás han ido a Mongolia de propio, y van a estar en torno a un mes. Steve es ya la segunda vez que viene, y la equipación que lleva es de órdago. Para Grace viajar a Mongolia era el viaje de sus sueños. Para Fabien y Xavier, es casi un poco el viaje que tocaba. De todas maneras Fabien lleva ya tal que 3 meses viajando, que cabrón. Luego se va a China.
Hacemos el trekking y llegamos enseguida, eran en torno a 10 kilómetros, que se nos hacen a poco. Así que subimos a un monte que hay al lado. No parecía demasiado desde abajo, pero nos hemos pegado un sobo que te cagas para subirlo. De todas formas las vistas merecían la pena:

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Y desde más arriba:

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Así que una vez hecho esto nos vamos de vuelta a nuestros aposentos, vamos nuestra tienda de campaña. Bebemos lo que nos queda y a dormir.

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Lo mejor está por llegar

Día 17 (29-6-15) Mongolia IV

Nos despertamos. Hoy ya dejamos a Martla detrás. Los siguientes días vamos a desplazarnos andando y a caballo, por lo que tenemos que aligerar las mochilas al máximo. Así que todo lo innecesario fuera. Casi podría haber hecho el viaje con esto, sólo que hubiera tenido que lavar más veces.
Así que emprendemos la caminata. A mí no me gusta andar despacio. Estos en cambio son unos lentorros, por lo que me voy adelantando poco a poco para luego parar y esperar a que lleguen, dándome tiempo para sacar unas fotillos.

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Entonces llega el momento. Me he adelantado un poco. Voy a esperar a que lleguen. No llegan. Voy hacia atrás. No están. Teléfono sin cobertura. Grito para ver si me oyen. Nada. Aparentemente no hay nadie en 20km a la redonda. Me he perdido.
Así que subo el monte para ver si les veo. Tampoco les veo. Así que directamente tiro para adelante. Sé que el destino está al final del lago. Pero luego me doy la vuelta, ya que quizá estén preocupados buscándome.
Termino encontrándolos tal que una hora después. Tampoco parecen demasiado preocupados. Qué cabrones. Así que terminamos llegando a nuestro destino, donde nos recibe un niño con una cabra bebé jugando de un modo un tanto extraño.

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En ese ger nos dan de beber leche fermentada de caballo, la cual tiene un sabor un poco ácido. Creo que tiene algo de alcohol. También nos dan una especie de mantequilla hecha con leche de yak que está cojonuda.
Después vamos hacia nuestra localización definitiva.Ahí nos sentamos a beber con varios locales. Uno de ellos es luchador mongol y se está poniendo algo pesado con Grace. No quiere que la dejemos sola con él. De todas maneras es un morlaco que te cagas, no lo pararíamos entre los 4 que estamos ahí.

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Al final del todo hacemos un corro y cada uno tiene que cantar una canción de su país. Yo elijo “libre” de Nino Bravo.
No podía ser otra. De todas maneras me invento la mitad de la letra. Me la suda. Nadie entiende lo que digo, así que les digo que la letra es muy bonita y todos contentos.
Después le reto al luchador mongol a una batalla, sólo para ver como es. Me dice que no, que le duele la espalda. La realidad es que casi no se tiene de pie de la castaña que lleva.
Pero me manda a su pequeño esbirro para luchar contra mí. Básicamente mi táctica consiste en correr y dar saltos como un pollo alrededor para intentar confundirlo. Por supuesto me termina enganchando y, después de elevarme dos metros en el aire, me termina dando un buen castañazo contra el suelo. La verdad es que no ha ido a hacer daño, tampoco me lo he hecho.
Después todos mis compañeros le retan con idéntico resultado final. Más o menos ya sabemos todos de que trata la lucha mongola.
Después de esto, nos vamos a dormir. Hoy dormimos en tienda de campaña. Estamos un poco apretados pero no hay bichos, así que bien.

Lo mejor está por llegar.

Día 15 (27-6-15) Mongolia II

Me despierto. Son en torno a las 8 de la mañana. Soy el segundo del grupo en despertarme, sólo Grace se me ha adelantado. Después de una intensa velada con mis amigas las cucarachas, al final me quedé dormido, tan sólo veo unas cuantas muertas por ahí. Si no las notas es como si no existieran. La madre de la familia mongola está despierta y está preparando algo de desayuno. Leche de vaca con sal, y pan con mermelada y queso. No está mala del todo, claramente mejor que la que probé en Ekaterimburgo. Terminamos saliendo hacia otro parque nacional. En ese no hay caballos de raza mongola, pero hay águilas, camellos, cabras, caballos normales, ovejas, etc…
Nos paran. Hay un montón de pedrolos rarísimos, los cuales medio escalamos para ver que hay. Tampoco requiere gran destreza, pero das un paso en falso y la hostia que te metes es para picharla, así que con bastante cuidado se hace. Las piedras son bastante raras, bastante rugosas, con lo que el agarre es excelente. El paisaje no está mal, es algo más verde que lo que vimos ayer.

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Vamos a otro paraje, más pedrolos.

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Steve tiene una cámara guapísima, una Leica de los años 50. No tengo ni idea de cuanto puede haberle costado, dudo que menos de 5 o 6 mil euros. El control es completamente manual. Guapísima, pero hay que tener bastante tino para acertar con eso.

Nos llevan a otro sitio para subir andando unas dunas de arena. Nunca había subido una duna. Es algo más fácil de lo que esperaba. Siempre hay un lado en el que pega el viento que tiene bastante poca inclinación. Si te caes hacia el otro lado bajas rodando. Tiene pinta de ser bastante difícil de subir por el otro lado.

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Al final del día vamos al ger donde vamos a dormir. Nos llevan de paseo en camello por los alrededores.

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Ir en camello es más o menos como ir en bicicleta: es una cosa que bota bastante y te termina dejando un interesante dolor en el culo. Mi camello creo que era el más temperamental de todos, todo el rato corriendo para delante y para atrás, y haciendo movimientos bruscos intentando salirse del orden establecido. Además tenía una cresta bastante guay. Me gusta mi jodido camello. Tiene personalidad.
Al final volvemos al ger, donde nos hacen la cena y nos bebemos toda la birra y el vodka que teníamos. Tampoco teníamos demasiado. Pero el suficiente como para que Grace arranque con el ukelele. Me hace cantar la bamba. No me se la letra entera. Toca bastante bien, es profesora de música. Si no lo tocara bien probablemente sería un fraude.
Terminamos yendo a dormir. Creo que nos espera una larga jornada mañana.

Día 14 (26-06-15): Llegada a Mongolia.

Son las 3 de la mañana y la plovonitza ya está tocando los huevos para que nos levantemos. Todavía faltan 2 horas para llegar a Ulan Bator.
Terminamos llegando a Ulan Bator puntualmente a las 5:05. En un pequeño despiste, había avisado al hostel de que me mandaran a un taxista a las 5:50. Así que hay una horda de mongoles acosándome menos el mío.
Finalmente el mío llega en unos 30 minutos y me lleva al Hostel. No son ni las 7 de la mañana, pero ya se empieza a ver gente que baja a desayunar. Entre ellos Grace, una chica canadiense bastante guapa, que empieza a hablar conmigo. Se va en un tour hoy por la mañana para volver el 3. No va al Gobi, pero el tour es por el centro de Mongolia y parece bastante variado e interesante.
Al rato viene el tío que organiza los tours y efectivamente, esa es la mejor opción que tengo. Hay más tours, pero en todos ellos pierdo dos o 3 días en Ulan Bator, cosa que no puedo permitirme. De esta manera voy a aprovechar al 100% mi estancia en Mongolia. Hablo con Fabien, otro chico que hay por ahí y me explica que efectivamente esa es la mejor opción que tengo. De hecho es el tour que va a hacer. La única putada es que tengo que cambiar el avión a un día más tarde. Me pasa por haber organizado todo tanto. Tenía que haber programado el viaje de un modo más anárquico, más…a mi manera. Con tener el alojamiento para los dos próximos días y el billete de avión de vuelta es más que suficiente para organizar este tipo de viajes. De hecho creo que es la manera correcta de hacerlo. La próxima vez que me lance a por otra de éstas, será así. Estoy perdiendo pasta a lo tonto. Todo por no organizar todo sobre la marcha y a última hora, que es como suelen salir las cosas mejor. Organizar el viaje de antemano ha sido una idea jodidamente ridícula. No me vuelve a pasar.
Bueno, cambio el vuelo (en realidad me cojo otro nuevo) y cojo el tour. Conozco a mis compañeros: Steve, Grace, Xavier y Fabien. Neozelandés, canadiense y suizos. Todos más majos que la hostia. Estos sí que saben hablar bien ingles. Demasiado bien. Con los suizos me las apaño muy bien, pero con Grace y especialmente con el Kiwi, la cosa se complica bastante. Aquí salen a la luz todas mis carencias en cuanto a habilidades lingüísticas. La canadiense tiene un acento bastante entendible pero habla muy rápido. Steve no habla tan rápido, pero tiene un acento rarísimo. Los cabrones de los suizos hablan inglés perfe, especialmente Fabien. Así que está vez yo soy el elemento más débil.
Finalmente conocemos a nuestro guía, Victor; a nuestro conductor, Martla; y a nuestro vehículo de transporte:

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La súper hippy van rusa. No podía haber sido mejor.
Así que finalmente salimos hacia el parque natural de Husla, en el cual hay caballos mongoles salvajes. Paramos a comer en medio de un campo y hacemos un pequeño picnic:

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Finalmente llegamos al parque natural de los caballos.
Estos caballos casi se extinguieron pero los reintrodujeron y ahora hay unos 300. Hemos visto unos cuantos

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Son muy chulos. Pequeños y gordos.
Continuamos por el parque para ver más caballos, pero el día empeora cada vez más. Hace un frío y un viento de la hostia, 5°C o así. Parece Zaragoza.
Íbamos a acampar por el monte, pero las condiciones no nos lo permitían, así que Victor se ha puesto a buscar algún ger en donde nos pudieran acoger.
Así que, después de preguntar en varios gers, finalmente una familia nómada nos acepta como invitados. Una de verdad, no ninguna pseudofamilia que vive de esto.

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Me gustaría poder poner fotos de dentro del ger, pero sacar fotos dentro del ger es considerado de pésima educación. Así que no voy a incluir  ninguna foto de un ger por dentro.
Victor nos hace la cena y nos vamos a dar una vueltilla a ver que hay por ahí. El paisaje es increíble

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Terminamos de dar la vuelta y volvemos a dormir junto a la familia. Ellos en la cama y nosotros en el suelo. Hay un huevo de cucarachas. Pero dormimos.
Me ha costado bastante dormirme porque sentía constantemente nuestra pequeña compañía por la cara y los brazos. Pero tras una hora o algo así me empiezo a acostumbrar a su compañía y termino quedándome dormido.

Lo mejor está por llegar.

Día 13 (25/06/15): Cruce de fronteras

Ya ayer noche cogí el tren hasta Ulan Bator. Esta vez sí, compré un tiquet de segunda clase. La verdad es que pensaba que el tren que me llevaría a Ulan Bator sería el peor de todos. Pues no, es el mejor de todos. Así sí que se puede viajar.
Me despierto llegando a Ulan Ude en torno a las 7 de la mañana, salgo a dar una pequeña vuelta para coger WiFi, como en el resto de estaciones. Imposible, como en la mayoría de estaciones. Cabe decir que en principio hay WiFi en todas las estaciones más o menos grandes. El problema es que la señal no llega hasta los andenes de los trenes y hay que ir a buscarla. Lo de perder el contacto visual con el vehículo que carga con todas mis pertenencias es algo que no llevo bien. Suelo quedarme sin WiFi por cagueta.
Viajaba con 3 personas más, pero en cuanto llegamos a Ulan Ude me abandonan dos de ellos. Me quedo en el compartimento con kalanyajaar, un chico mongol.
De hecho en el tren nos hemos quedado cuatro gatos: una pareja de franceses, otra de birmanos, una chica de Hong kong, un mongol y yo. Parece el enunciado de un chiste. También hay un grupo de 4 personas rubias platino que hablan un idioma rarísimo (no me suena a nada que haya escuchado antes) en el que todas palabras son esdrújulas. Hay dos que parecen el hermano y el primo de Raikkonen. Tienen que ser finlandeses.

Mi compañero de compartimento me mira con curiosidad y parece que quiere comunicarse. No hay manera. Es absolutamente imposible aclararme con nada. Me da además la impresión de que no sabe ni hablar en ningún idioma, y se comporta de una manera un tanto rara. Veo que sonríe y me sigue a todas partes. Es el primer mongol que conozco. Creo que es disminuido. No me puedo creer que los mongoles sean así, por mucho estereotipo que haya. Si ese es el comportamiento general de la gente, la sabiduría popular ha dado en el puto clavo.

Hay una parada que está justo en la frontera. Es un pueblo de mala muerte y en la estación no hay nada para comer ni beber. No sé ni como se llama el pueblo. Tampoco veo ningún letrero, por lo que no hay forma de saberlo. Tenemos unas dos horas de tiempo para salir por la estación. De hecho me han cobrado 11 rublos por usar esto:

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El tema es que tenía hoy para comer un puré deshidratado, cuyo envase se ha reventado dentro de la mochila, esparciendo todo el polvo por la ropa recién lavada. Así que tenía que ir a comer de alguna forma, con que he salido al pueblo, para buscar algún restaurante o algún sitio donde vendan alimentos. El pueblo tiene éste aspecto:

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Finalmente encuentro un restaurante a en torno a un kilómetro de la estación. Una sopa y unos dumplings rellenos de carne con queso y por 180rb (3€). Unas nueve veces menos que lo que me cobraron en el vagón restaurante. Vuelvo a la estación. El tren se ha ido. Mi amigo kalanyajaar está ahí, completamente sólo en el andén y sonríe al verme. No veo a nadie más.
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Mierda. El mongolo y yo nos hemos quedado en tierra.
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Empiezo a correr por dentro de la estación buscando a alguien que pudiera ayudarme. Lo he encontrado. Son la pareja de birmanos, que viajan conmigo en el vagón (no los conocía hasta entonces). A los que se habían quedado en la estación les habían dicho que se iban a llevar el tren para luego devolverlo. Respiro profundamente después del microinfarto que he sufrido.

Así que nos dan unos formularios y después de ya no se cuántas horas esperando, salimos hacia Mongolia.
Llegamos a la frontera de Mongolia, donde sube el control de aduanas a sellarnos el pasaporte y registrarnos nuestras pertenencias. Visto desde la ventanilla, se ve que esto es ya otro rollo. Vista de la estación:

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Así que cuando llegan los guardias, se confirma lo que sospechaba. Los guardias tampoco se aclaran con mi compañero (todos son mongoles). Tampoco sabía rellenarse la hoja de entrada. No sabía contestarles a nada. Hasta un guardia ha probado a hablarle en inglés. Finalmente le piden el número de teléfono de sus padres o algo así y se ve que hablan con ellos. Aún con todo le registran la mochila elemento a elemento. Creo que se comportan de un modo bastante duro con el, riéndose de el y buscándole las vueltas. Buscan una sonrisa cómplice conmigo, por supuesto no la encuentran. El pobre chico está bastante peor de lo que imaginaba en un principio, además los agentes lo están poniendo muy nervioso, casi parece que se va a echar a llorar. Lo que no entiendo es cómo le dejan viajar sólo hacia otros países. Creo que no está en condiciones, de hecho esta vez casi no le dejan volver a entrar a su país.

Aquí se puede ver a un agente de aduanas estándar, fotografiada de forma puramente casual:

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Llegan ahora a mi mochila. Esta llena de un polvo blanco amarillento todo desparramado. Es puré deshidratado, cosa que les explico. Aunque todos prueban con el dedo lo que es. Aún con todo suben al perro, pero me terminan dejando en paz bastante rápido.
Finalmente partidos después de un parón adicional de unas dos horas. La plovonitza le ha dicho a los finlandeses que nos iban a dejar bajar. De hecho no nos dejan bajar en absolutamente ninguna estación hasta Ulan Bator. Además, todo el rato que estábamos parados tampoco podíamos ir al baño.
Al final reemprendemos la marcha, y nos dirigimos rumbo hacia Ulan Bator. El tren circula despacio (no más de 60-70km/h) además para cada pocos minutos sin razón aparente. No sube nadie ni dejan bajar a nadie en paradas de hasta una hora (en las que por supuesto no puedes ir al baño). El vagón está muy bien, pero el viaje en sí es tedioso. La gente suele cruzar la frontera en bus. De hecho, no hay ningún mongol en el tren salvo mi compañero. Ir de Irkustk a Ulan Bator en tren es la opción más sencilla, no la mejor. Por su sencillez lo hice yo así. Supongo que él también viaja así por la misma razón.
Saco algunas fotos desde la ventana

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El paisaje, al menos por esta zona, es sorprendentemente más húmedo que la zona de Irkustk,de muchísimo más que la zona del lago Baikal.
Los pueblos ya se ve que son otro rollo. Sí que hay una cosa que me llama la atención: veo niños jugando por todas partes. En Rusia no recuerdo ver a ninguno.
Mañana llego a Ulan Bator a las 5 de la mañana, así que tendré que madrugar. Supuestamente tiene que haber un taxista del hostel esperando en la estación para recogerme, veremos si es verdad.
Dicho todo esto, me voy a dormir.

Lo mejor está por llegar.

Día 11 (23/6/15) Luces y sombras

Me levanto. He quedado con Camille para desayunar, para luego ir a ver el cabo Khoboi. Antes de desayunar, veo que mis visitas al blog se han cuadruplicado, no entiendo muy bien por qué, así que he hecho algunas modificaciones para intentar hacerlo más amigable. Ahora en el menú de arriba a la derecha se pueden seleccionar los diferentes posts, sin tener que tragarte todo haciendo scroll.

Bueno, desayuno con Camille para luego ir al centro de información de kuzhir, que es donde salen los jeeps de la excursión.
Había ido ayer por la tarde para pedir un tiquet y me dijeron que no hacía falta, que solamente tenía que presentarme ahí a las 10 de la mañana. Pues a lo que voy me piden el tiquet. Por supuesto no tengo. Tampoco sitio. Así que me quedo sin excursión.
Camille termina rechazando la excursión, ya que ahí no hay absolutamente nadie que hable inglés, al contrario de lo que le prometieron.
Así que nos quedamos los dos en tierra.
Vamos dando una vuelta por ahí a ver si hay algún otro tour pero a Camille ninguno le convence, entonces decide que se quiere quedar un día andando por el pueblo. Vamos, lo que yo había estado haciendo ayer.
En esta vida hay personas que personas que pueden llegar a ser muy importantes, pero llega un punto en que uno no las necesita más. Buena suerte Camille.
Así que voy viendo las pocas cosas que todavía quedan para hoy y veo que hay un tour en barco hacia una isla sagrada o algo así. Pillo el tiquet y voy al barco.
Tal y como estoy entrando veo a un chico y una chica, que me dicen algo en inglés, pero su acento (aunque hablan perfectísimamente) les delata. Le pregunto al chico a ver de donde son y me dice que viene de la luna. No vienen de la luna. El chico, Alejandro, es colombiano. La chica, Maite, es de Córdoba. Son unos individuos especiales. Jodidamente especiales.
Son amigos de amigos. Iban a hacer el transmongoliano cada uno por su lado con sus respectivos acompañantes, y ambos acompañantes se rajaron. Así que contactaron para hacer el viaje juntos. No lo empezaron a la vez ni lo van a terminar a la vez, pero van a compartir parte de la ruta.
Alejandro es una especie de Pablo Escobar con tatoos. Personalidad tremendamente expansiva. Quizá la persona más extrovertida que veo en años. Se vuelve a Londres el día 20 de julio. Es un futbolero de la leche. Hemos estado hablando de la final de la UEFA que perdió el alavés. Que le pregunten a cualquier español acerca de algún equipo modesto que llegó a la final de la copa América hace 15 años. También se acuerda del gol de Nayim. Dice que ha visto muchísimo fútbol y que nunca ha vuelto a ver algo igual. Yo creo que tampoco. Seaman supongo que vio el balón en la repetición.
Maite, en cambio, no tiene fecha de vuelta y ni siquiera sabe donde va a ir. Dice que se va a quedar a trabajar en alguna granja de Mongolia, que está hasta el potorro de Londres y su contaminación. Una catacrack igualmente.
Sus métodos de viaje son bastante heterodoxos. No vienen con los visados hechos, y aparecen en las ciudades sin alojamiento, y sin saber cuanto van a estar. Creo que habían llegado a hacer alguna noche en casa de rusos que habían conocido el mismo día. A kuzhir se presentaron sin alojamiento, para ir puerta por puerta hasta que alguien les dejase dormir en su casa.
Me dicen que soy un chico muy ordenado y apañado, y se sorprenden de como tengo todo programado. Definitivamente vienen de la luna.
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Alejandro, ruso #1, Maite, ruso #2 y rusa #3

Vamos en el barco hacia la isla esa, con un guía que parece el jefe de un alzamiento militar más que un propio guía:
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Le digo a Maite que el tipo lleva un pin del Che en la gorra. Ella casi se emociona, no puede creer que lleve un pin del Elche en la gorra.
Así que llegamos a la famosa isla sagrada. Vamos, lo que había que ver era un obelisco con cuatro piedras alrededor
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Foto desde el mismo lugar con turistas estándar seleccionados totalmente al azar:

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Aún con todo, las vistas desde la isla son espectaculares:
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Nos mandan a otra isla en donde se puede beber agua sagrada

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Vamos, unos palos desde los que sale agua, aún con todo las vistas parecen bonitas. Nos dan de comer. Un ruso me recomienda que coma un plato especial de carne que preparan. Es un dumpling con una albóndiga dentro. Creo que esta gente es fácilmente impresionable.
Las vistas desde esta otra isla tampoco están mal.
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Así que terminamos volviendo a kuzhir. Estos van a acampar por la playa esta noche, no obstante les enseño mi hostel para que puedan dormir mañana. Me acompañan, lo ven, yo ceno y acudo a la playa.
Así que ceno y voy a la playa que les he dicho. No están. La recorrido de adelante para atrás dos veces y no están. Me la han jugado. Se está acabando la luz del sol. Así que vuelvo, triste y solo hacia el hostel. Me voy a dormir. No me apetece escribir el blog. Lo escribiré mañana. Termino quedándome dormido.
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Me despierto con unos gritos que vienen de la calle. Un poco raro dado que de noche nunca hay nadie por ahí.

-Jesuuuuuuuuus!! Jesuuuuuuus!

Joder. Son ellos. Han venido a buscarme.
Entonces recuerdo aquella vez cuando David y Edu vinieron a buscarme hasta mi dormitorio para intentar sacarme de la cama y llevarme de fiesta. Aquella vez terminé quedándome en la cama. Hoy no voy a cometer el mismo error.
Así que me visto y salgo a la calle con ellos. Ellos también pensaban que yo se la había jugado.
Vamos a un bar. El primero que vemos abierto. Vamos a echar unas cañas de tranquis. Cuando vamos a echar la segunda caña Alejandro se acerca y me dice al oído:
-Prepárate para beber vodka paxi.
En torno a un minuto después, una mesa con un montón de rusos nos llama para que vayamos. Nos sacan ya dos chupitos de vodka a cada uno para la bienvenida. Tienen una botella en la mesa y vasitos. Aquí se funciona así.
Hay un señor que habla español, que tiene 30 años pero aparenta unos 140. Bueno sabe tres frases: amigo mío, un dos tres cuatro, y ¡no pasarán!
Cuando suelta el ¡no pasarán! Maite y yo casi nos meamos de la risa. Entonces lo empieza a decir más. Sus amigos lo aprenden y lo empiezan a decir. Todos los brindis los hacen al grito de ¡no pasarán!
Por supuesto ninguno tiene ni idea de lo que significa y mucho menos las implicaciones que trae esa expresión.
En la mesa de enfrente hay dos chicas jóvenes. Les decimos que vengan, aunque sea para ayudarnos a traducir.
Así que entonces vienen Svletana y Sochi.
Svletana es de Tomsk. Me recuerda por enésima vez que tenía que haber ido a Tomsk, y que si iba mal de tiempo que hubiera ido ahí en lugar de a Ekaterimburgo. Probablemente tenga razón. En realidad la hemos llamado porque veíamos por el rabillo del ojo que se descojonaba con nuestra conversación con los rusos. También se reía cuando hablábamos nosotros, así que también sabía español o inglés.
Sabía inglés bastante bien. Sochi en cambio no habla ni papa.
Sochi dice que no es rusa, que es Burat. Es rusa. Veo que en todos sitios cuecen habas. No obstante tiene pinta de pertenecer a alguna etnia pequeña. Tiene rasgos asiáticos pero no se parece demasiado a lo que he visto por aquí. No parece mongola, ni coreana, ni china, ni japonesa.
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Sochi y Svletana
Total que se arrancan a echar chupitos con nosotros. Conforme se van echando chupitos, Sochi empieza a hablar inglés (al principio un poco a pedales). Cada chupito que se casca Sochi supone 200 palabras nuevas de vocabulario de inglés. No es que no supiera hablar nada de inglés, es que era muy tímida.
Sochi resulta ser un ser absolutamente adorable. Me resulta graciosísima. El problema es que mi inglés va decayendo con cada nuevo chupito. Mi español también. Ahora Sochi es la que se descojona. Estamos un rato todos en el bar hasta que termino yéndome de ahí. Mi cuerpo no aguanta más.
Me despido de todos ellos del modo que más me gusta: a la francesa.
Mucha gente no suele entenderlo, pero para mí esa es la manera más elegante posible de despedirse.
Las calles están sin iluminación. Tengo que llegar al hostel, y no veo más que sombras. Consigo llegar a mi hostel a la primera, siendo esto algo inédito desde que estoy en kuzhir. Las sombras me han mostrado el camino. Quizá debería haberle perdido el miedo a la oscuridad rusa un poco antes, pero bueno, está bien así. Me meto a dormir. Mañana será otro día.

Lo mejor está por llegar.

Aunque hoy ha quedado el listón bastante alto

Día 12 (24/6/15): Último día en Rusia.

Me despierto. Tengo una resaca del copón. Ayer me pillé una mierda del 15. Y del 20. Reviso a ver si conservo todas mis pertenencias. Las conservo. En días como ayer he tenido una tendencia histórica a extraviar objetos de elevado valor. No ayer. Bien.
Reviso la cámara de fotos. No hay casi ninguna foto que se salve. Todas movidas. Tenía el objetivo equivocado y la configuración equivocada (el ISO fijo a 200). Así es imposible que saliese algo medio potable, salvo 3 o 4 fotos.
No obstante, me gusta que sea así. Que mis recuerdos de esa noche sean un puñado de fotos inservibles. Probablemente las imprima en un hoffman.

Menos mal que contraté el viaje de vuelta a Irkustk a la 1 del medio día. En cualquier otro caso lo habría perdido. Lo único malo es que mi tren a Ulan Bator sale a las 10 de la noche y voy un pelin justo. Un viaje de 6 horas lleno de curvas y baches. Exactamente lo que necesito un día como hoy.
Le tiro una foto al Hostel desde la entradilla. Me parece un lugar entrañable:

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Si el otro día el otro conductor nos llevó rápido, lo de hoy es ya deporte extremo. Me niego a mirar la carretera. Si llego llego, y si no, pues santas pascuas.
Terminamos llegando en 5 horas. El Kimi Raikkonen este ha batido la previsión en una hora. Sólo se me ocurre una palabra: cabrón. Estar 5 horas cagado de miedo no es la mejor manera de despedirme de Rusia. Veo que el post de ayer me lo he cargado entero, no se que ha pasado pero se me ha borrado. Tendré que reescribirlo de 0. Pero también tengo que ir al supermercado y hacer más cosas, así que el post de ayer seguramente lo deje sin cargar.
Llego al hostel y Asha no está, una pena no poder despedirme. Pero tengo una idea. Voy al supermercado y le compro un regalo que bien se merece:

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De Jesús con amor

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Jesús transforma el agua en champán, no en vino.
Redondo.

Mas chabacano que el copón pero redondo. La intención es lo que cuenta.

Así que termino de escribir esta entrada y salgo a coger el tren a Ulan Bator. Llegaré pasado mañana por la mañana. No esperéis ninguna actualización hasta entonces.

Lo mejor está por llegar.

Día 10 (22/6/15): Descanso

Hoy no ha sido un día en el que no he hecho grandes florituras. Necesitaba algo de descanso después de tanto viaje, además luego vienen curvas.
Voy temprano un rato a la playa. Está como me gusta: ni mucha ni demasiada gente

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Me meto al agua. Está congelada, así que duro unos 30 segundos. Ya puedo decir que me he bañado en el lago Baikal. Fin del sufrimiento.
Después de un rato, me termino demostrando a mí mismo por enésima vez algo que ya sabía: no me gusta la playa.
Así que me dedico a dar una vueltilla por ahí. En la colina que hay al lado del pueblo, hoy hay vacas. También había una vaca que se había extraviado en la playa.
Hay una cosa en la que me he visto decepcionado. Y es que, creo que las vacas salvajes son de atrezzo.
Vamos a ver, las vacas se juntan con los toros, y tienen vaquitas y toritos. Pues bien, no he visto un sólo toro. 100% vacas. Así que algo creo que no encaja aquí. Durante el camino sí que eran vacas (y toros) salvajes, pero las que hay en la isla creo que son introducidas. Por otra parte, por pacíficos que sean, no sé si es muy buena idea tener toros sueltos por la calle.
De todas maneras resulta curioso estar en un sitio lleno de vacas.

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Y aquí se muestra la vaca exultante, tras su pequeña victoria

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Son pacíficas, pero no juegues con su comida.

Aún me saco una foto por ahí, bastante thug life:

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Vuelvo al hostel. De camino de vuelta, segunda decepción. No está el tanque.
De hecho, es un tanque en el que te montan para hacer excursiones, a modo de autobús, no es el juguete de algún excéntrico como pensé en un principio.

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Pero, es un día un poco aburrido, así que entro al local:

-Buenos días
+Buenos días(hablan inglés, de pm)
-Quisiera alquilar un tanque.

Me empiezan a sacar folletos…le interrumpo,

-¿Tenéis algún tanque más grande?
+No. Sólo tenemos ese.
-De acuerdo. Quiero alquilarlo. ¿Me podríais decir cuanto cuesta?
+No es para alquilar. Organizamos tours por la isla. Si quieres…
-No quiero ninguna excursión. Quiero alquilarlo. Quiero conducirlo yo. Darme una vuelta.
+En principio esto no está pensado para alquilar, pero espera un momento.

Llama a un hombre que está por detrás, la chica hace de traductora.

La virgen que me llevo el tanque

*¿Tienes formación en el manejo de este tipo de vehículos?
-Por supuesto. En el ejército español.
Sólo que no estoy familiarizado con este modelo. Necesitaría que me explicaseis los mandos y ya está.
*¿Y que quieres hacer con el?

Trompos y tirar árboles

-Nada, hace unos 5 años que no manejo uno, y quisiera volver a conducirlo.

*Mira, no eres el primero que quiere alquilarlo. Pero no puedo alquilártelo, por mucho que digas que sepas usarlos. Es un aparato muy peligroso en malas manos. No puedo dárselo a cualquiera. Y no sé ni cuanto cobrarte.
-Mmmm. Vale. ¿Y con un acompañante?
*No, tampoco. Pero muchas gracias por el interés.
-Gracias a vosotros!

Bueno, me quedo sin tanque. Además intuyo que me hubieran pedido un riñón por el, así que tampoco lo hubiera cogido. Pero había que intentarlo. Además han sido más majos que la hostia, lo normal hubiera sido mandarme a la mierda.
Así que vuelvo al hostel, me echo una siestecica y vuelvo a la playa

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La cosa se ha embrutesío bastante. Además hace un frío del horror. Así que media vuelta. Y poco más. Me he lavado la ropa a mano con un jabón de lagarto (mi abuela lloraría al verme, no se si de la emoción o de la risa). Cenar, y escribir el blog. He cenado con Camille, una chica francesa de quizá unos 35 años. Se va a hacer un viaje por todo el mundo sola durante 2 años. Ha empezado por el transmongoliano, pero no sabe casi ni lo que va a hacer mañana (de hecho al final se viene conmigo). Sabe que va a Mongolia el jueves pero ni siquiera tiene alojamiento. Sabe que va a China pero no sabe ni por dónde empezar. Una valiente. Me gusta la gente valiente. Mañana me iré de excursión al cabo del norte de la isla. Otro día tranquilito. No tanto como hoy, que me he terminado hasta aburriendo. Pero al menos estoy bastante más descansado.
Veo por enésima vez que facebook me sugiere como amigo a éste señor:

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Si fb considera que este señor y yo tenemos muchas cosas en común, significa que estoy haciendo las cosas bien.

Lo mejor está por llegar.

Dia 9 (21/6/15): Viaje a Olkhon

Me despierto. La furgoneta que me lleva a Olkhon llega a las 8:45. Son las 8:35. Mierda. Toda la vida igual.
Consigo empaquetar todo en la mochila, bajo y me monto. Me esperan 6 horas de viaje.
La furgoneta va por diferentes hostels de Irkustk recogiendo gente. En la primera parada se monta Francisco, un chileno. Es la primera vez que tengo una conversación en español en los últimos diez días.
Segundo sitio. Se montan un matrimonio de jubilados. Españoles. De Zaragoza. José y Susi. José es un tío de puta madre, más llano que la hostia y más basto que un arado. Vestido con una camiseta de propaganda. Me pegaré hablando con el todo el viaje, es un crack. Susi, por el contrario, es gilipollas. Una prepotente de mierda. Le falta tiempo para decir que han viajado por todo el mundo y que se han gastado 6000 pavos cada uno en este viaje, y que les está pareciendo súper ordinario. La verdad es que les han organizado un viaje de mierda, todo hay que decirlo. Desde Vladivostok hasta Krasnoyarsk. Por otro lado me parece cojonudo que vayan repartiendo su riqueza.
Salimos de Irkustk en nuestra frago. El panorama va cambiando poco a poco de esto:

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A esto:

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Para acabar con esto

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Típico paisaje mongol por otro lado.
Vemos que hay vacas y caballos salvajes. Las vacas salvajes son básicamente vacas normales, sólo que están libres del yugo humano. Cruzan la carretera cuando les viene en gana, para eso son libres oye.

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Vamos, aquí no hay humanos y hay kilómetros y kilómetros cuadrados de pradera para ellas solas. Es un buen lugar para ellas.
Los caballos salvajes también son caballos normales, por cierto. Comparten su pradera con las vaquitas.

Así que finalmente, tras 8 horas y media de viaje (2 y pico más de la cuenta). 4 de ellas por caminos de tierra. Al principio, con la pista en buen estado, el conductor llevaba la frago sobre tierra a unos 80-90 km/h contravolanteando y haciendo culear la frago constantemente. Se ve que el tío controla, pero yo casi me cago encima, sobre todo un par de veces que se ha quedado a un palmo de salirse.
Una vez en la isla, me dejan en mi hostel, lo regenta una señora de unos 60 años que se llama Olga y que no habla ni una palabra de inglés. Esta de puta madre, son varias casitas de madera y Olga prepara una comida cojonuda. Un 10.
El pueblo, bueno, pues luce tal que así:

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También hay vacas salvajes por medio del pueblo

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Parecen inofensivas, pero siguen siendo animales grandes con unos cuernos que te cagas. No me acerco más de la cuenta.

Me acerco al lago. Está bastante chulo la verdad, el panorama desértico alrededor del lago otorga una estampa marciana:

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Este soy yo al lado del pedrolo que hay al lado del pueblo

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Y aquí otros pedrolos (bueno creo que es el mismo desde otro ángulo):

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Un poco antes, ha habido una horda de japoneses que estaban encorriendo y sacando fotos a un misterioso animal, debido a lo inusual de su aspecto. Estaban ahuyentándolo cuando se ha acercado a mi posición. Le he hecho gestos de que viniera y se ha puesto junto a mí. He podido incluso tocarlo. Me llueven fotos por todos lados. Yo también le tiro una foto.
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No sé, a mi me parece un perro:

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Vuelvo al hostel, lo cual me sirve para volver a sorprenderme del comportamiento y artilugios de los rusos. Por ejemplo, de la moto con sidecar definitiva:

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Eso sí que es una caja de muertos

También he visto una frago andando por la playa, bueno, por el agua:

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Una pedazo de chopper que te cagas:

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Por las ciudades rusas me he hartado de ver cochazos, a cual más excéntrico. La verdad es que en esta isla no hay carreteras y no puedes llevar coches de esas características.
Los rusos son gente práctica, así que si no se puede fardar de coche,
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Nada mejor que fardar de tanque:

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Por si alguien no se había enterado…

He vuelto a ver a Jean Luis. Ni rastro del tipo pasivo. Luego me he dado un paseo al lado del hostel con una señora suiza, Annie, que trabajó durante 10 años como secretaria del ministro de finanzas suizo. O lo que tiene en la cabeza vale millones, o necesita millones en medicación. Yo personalmente le creo, parece una señora con una formación bastante sólida. Mañana me dedicaré a andar tranquilamente por el pueblo, leer y bañarme, así que tampoco esperéis gran cosa. Me tomo estos próximos días de relax, algo así como un alto en el camino. Luego llegará Mongolia, eso es otro rollo.

Lo mejor está por llegar…