De zorros y erizos, o manual de cómo ser un bocachancla

Existe una fábula de origen griego (la fábula de Esopo) en la que se divide el mundo (en realidad sobre todo a escritores y pensadores) en dos grandes grupos: Los zorros, los cuales saben mucho de muchas cosas; y los erizos , los cuales saben acerca de una gran cosa.

Por supuesto también hay quien no tiene ni puta idea de nada, dedicaré un post a este grupo en el futuro, pero hoy no toca.

Los erizos simplifican la complejidad del mundo y reúnen su diversidad en una única idea; los zorros, por otra parte son incapaces de reducir el mundo a una sola idea y están constantemente moviéndose entre una inmensa variedad de ideas y de experiencias. En la fábula de Esopo el zorro representa lo negativo y el erizo lo positivo.

Básicamente la fábula (la cual acabo de fusilar de internet me contó mi abuela de pequeño) es la siguiente:

Había una vez un astuto zorro que todas las mañanas salía de su casa en busca de comida. Como era un animal escurridizo e inteligente diseñaba toda clase de estrategias para atacar a sus presas. Había tenido éxito en cazar conejos, ratones del bosque y todo animal pequeño que se encontraba… con excepción de uno: un pequeño erizo. El zorro buscaba cada día la forma de atacar, le tendió trampas y trampas, pero siempre fracasó. ¿La táctica del erizo? la única que sabía… hacerse una bola y protegerse con sus espinas.

Moraleja: es mejor saber mucho de una cosa que un poco de muchas cosas. Muy majico el erizo pero…

Error 404: correlación con la vida real not found.

Todo esto viene relacionado con un libro que estoy leyéndome (aún no lo he acabado) de un tal Nate Silver titulado “The signal and the noise” (sí, a veces leo cosas). No recuerdo exactamente como me topé con este tipo pero una vez vi sus hazañas me sentí irremediablemente abocado a descargar comprar su libro. Me gusta la gente que entiende cómo funcionan las cosas.

Silver es un estadístico, economista, escritor y periodista, conocido mundialmente por acertar el ganador en 49 de los 50 estados en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre de 2008. Y si te parece poco, en las pasadas elecciones presidenciales de 2012, en las que Obama derrotó a Mitt Romney, acertó quien sería el ganador en todos los estados. He buscado a ver si dice algo de la independencia de Cataluña, pero de momento calla como una puta.

Antes de dedicarse al pronóstico electoral, había sobresalido notablemente en el juego del póker (del que vivía) y en el campo de las estadísticas deportivas, especialmente las estadísticas sobre el juego del béisbol. Entre 2002 y 2003, Silver desarrolló con éxito el algoritmo “PECOTA” para pronosticar el probable rendimiento futuro de los jugadores de este deporte.

En el capítulo 1 analiza cómo las agencias de calificación crediticia fallaron a la hora de predecir el riesgo real que representaban las titulaciones hipotecarias que hicieron que volara por los aires el sistema financiero internacional en 2008. Básicamente Silver dice que las agencias se basaron en conceptos elementales erróneos. Los cálculos que otorgaban una calificación AAA (excelente) a ciertas titulaciones hipotecarias, no consideraban la posibilidad de que Estados Unidos sufriera una burbuja inmobiliaria y su consiguiente implosión. No lo consideraban ¡porque nunca había ocurrido en EEUU!

Hasta que ocurrió. Según Silver, el problema fue que las agencias asumieron en sus modelos, que no habría ninguna burbuja inmobiliaria, por el simple hecho de que no había tenido lugar ninguna en más de un siglo. La obligación de las agencias de calificación crediticia era suponer que hubiera ocurrido no solo en condiciones normales, sino también en el improbable pero posible caso de una burbuja inmobiliaria. Para hacer cálculos y suposiciones, las agencias podían haber observado que ocurrió en otras burbujas inmobiliarias, como por ejemplo la de Japón en 1990.
En resumen, Moody´s, S&P y Fitch, hicieron sus cálculos a partir de la misma premisa desde la que muchísimas personas en España operaron en el mercado inmobiliario durante años. Aquélla premisa que dice que“los pisos nunca bajan“. Supongo que os suena.

También en el capítulo 1, se descojona del exceso de confianza que los economistas tienen en sus pronósticos y cómo la enorme mayoría de predicciones económicas son una basura. En el capítulo 2 desgrana la posibilidad de que los analistas políticos tengan mayor capacidad predictiva que una moneda lanzada al azar. Para demostrarlo, aporta un análisis propio sobre la fiabilidad histórica de algunos comentaristas políticos de la televisión norteamericana. El amigo Nate es un tipo escéptico, se empieza a entender porque me gusta tanto este libro.

En el mismo capítulo 2, siguiendo con el análisis de los analistas políticos, describe un amplio estudio del psicólogo y profesor de ciencias políticas Philip E. Tetlock., quién empezó en 1987 un experimento en el que le preguntaba a diferentes expertos del gobierno y del campo educativo (experto = persona que vive de sus análisis), varias cuestiones sobre temas de política interna, economía y política exterior. Estos cuestionarios fueron realizados de manera sistemática desde ese año hasta finales de los 90. Las preguntas incluían temas principales como la caída de la URSS, la Guerra del Golfo, la burbuja inmobiliaria japonesa, la potencial secesión de Quebec, etc.

Lo que Tetlock descubrió, después de más de una década de análisis en tiempo real, es que los expertos, independientemente de su experiencia, categoría o posición, no tenían capacidad predictiva alguna. Todas sus predicciones resultaban ser aleatorias.

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A título personal, siempre veo analistas explicando por qué pasa algo, por qué la bolsa baja… Después de que ya haya ocurrido!! Buscar las predicciones que expertos analistas realizaron hace un mes o un año sobre predicciones bursátiles o políticas, es para mearse de la risa. A veces aciertan, pero recordad, un reloj estropeado da bien la hora dos veces al día, no más.

Volviendo al tema, a pesar de que ese era el resultado general, lo cierto es que Tetlock encontró dos grupos de interés: el de los peores pronosticadores y el de los mejores. Tetlock, que aparte de profesor de ciencias políticas es psicólogo, no pudo resistirse a introducir preguntas en sus cuestionarios que le revelaran cual era el estilo cognitivo del experto cuestionado. Es decir, investigó de que forma procesan y observan los distintos expertos la información que les rodea. Con los resultados, consiguió definir las características propias de cada uno de los grupos. El grupo de los peores pronosticadores son los erizos y el grupo de los mejores pronosticadores son los zorros.

Lo cual nos lleva al principio de la entrada.

Los erizos creen en “grandes ideas”, en principios generales que gobiernan el mundo como cualquier otra ley de la física y que explica cada movimiento social. Podría daros de ejemplo a Sigmund Freud, Giannis Varoufakis o a Juan Manuel Lillo (sí, el entrenador de fútbol).

Por otro lado, los zorros tienen un enfoque menos grandilocuente sobre el mundo, creen en muchas ideas y posibles enfoques, siendo más tolerantes a los matices, la incertidumbre, la complejidad del mundo y las opiniones disonantes. Si los erizos con cazadores en busca de “la gran idea”, los zorros con recolectores de hechos. Pondré de ejemplo al cholo Simeone.

Un ejemplo de la diferencia entre ambos grupos, son las diferentes predicciones que emitieron sobre la desintegración de la URSS. Los erizos eran personas con una ideología más marcada que los zorros. Los erizos que eran de de derecha, veían a la URSS como al malvado enemigo y, los erizos que eran de izquierda, observaban la URSS con cierta simpatía.

En cualquier caso, su ideología los volvía ciegos, mientras que los zorros si podían ver con mayor claridad los hechos: la URSS era un sistema en grave crisis económica y completamente disfuncional a punto de desintegrarse.

En cualquier caso, el autor mencionado divide sus aptitudes de las siguiente manera:

Los zorros:

Multidisciplinares: obtienen ideas de múltiples campos independientemente del origen ideológico del que provengan.

Adaptables: encuentran nuevos enfoques o utilizan varios a la vez si el que originalmente tienen no funciona.

Autocríticos: a veces reconocen errores en sus predicciones fallidas y aceptan críticas.

Tolerantes ante la complejidad: entienden que el universo es complejo hasta el punto de aceptar de hay que ciertas cosas que no pueden pronosticarse.

Cautos: expresan sus opiniones en términos probabilísticos y argumentan sus opiniones.

Empíricos: fundamentan sus análisis en la observación más que en la teoría.

Los erizos:

Especialistas: típicamente su carrera gira alrededor de uno o dos grandes temas. Consideran las opciones externas de forma escéptica.

Leales: siguen fieles al mismo modelo o esquema. La nueva información sirve para modificar ese modelo.

Tercos: culpan de los errores a la mala suerte o a circunstancias externas.

Buscan el orden: entienden que el mundo es gobernado por sencillas reglas que se pueden descifrar aislando la señal del ruido.

Confiados: expresan sus opiniones de forma absoluta y rechazan cambiar de opinión.

Ideológicos: creen que la solución a las pequeñas cosas parten de grandes principios e ideas.

Aparte de esta clasificación, el libro explica que los analistas con mayor proyección mediática, son casi siempre pronosticadores de la categoría “Erizo”, con personalidades más grandilocuentes, dispuestos a dar proyecciones absolutas y llamativas cargadas de tintes ideológicos, lo que en mi pueblo se llama ser un sentencias. No es de extrañar porque a la televisión y a los demás medios de comunicación les gustan estos analistas que ven el mundo como un partido de fútbol. ¿Os imagináis a un buen pronosticador dar una opinión razonada, pausada, probabilística en programas como “La sexta noche”  o cualquier otro debate de la televisión? haberlos los hay, pero suelen estar sentados todos en el rincón, con apenas unas pocas intervenciones puntuales. No venden.

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Por si fuera poco, Tetlock descubrió que los “zorros” mejoran poco a poco sus predicciones a medida que acumulan mayor experiencia, pero que los “erizos” empeoran a medida que obtienen más títulos académicos como los doctorados. La razón es que, a mayor la teoría y a mayor cantidad de datos, los “erizos” disponen de más herramientas para sesgar aún más su visión del mundo. Como dice Silver en una gráfica metáfora:

“Esta situación es análoga a lo que ocurre cuando pones a un hipocondríaco en una habitación oscura con un ordenador conectado a Internet. Cuanto más tiempo le das, mayor información tendrá y más ridículo será el auto diagnóstico que se haga. No pasará mucho tiempo antes de que crea que cualquier catarro es la peste bubónica”. 

Enhorabuena a los que os habéis tragado todo hasta el final. Gracias también a Cesar Escusa, quien hoy me ha mandado el trailer de “the big short”, al parecer una película que trata de unos tipos (al parecer basado en hechos reales) que se hicieron de oro tomando posiciones bajistas en bolsa durante el crash del 2008. Vamos, unos jodidos genios en el arte de la pronosticación. De aquí me ha salido el tostón.

Lo mejor está por llegar

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