Día 17 (29-6-15) Mongolia IV

Nos despertamos. Hoy ya dejamos a Martla detrás. Los siguientes días vamos a desplazarnos andando y a caballo, por lo que tenemos que aligerar las mochilas al máximo. Así que todo lo innecesario fuera. Casi podría haber hecho el viaje con esto, sólo que hubiera tenido que lavar más veces.
Así que emprendemos la caminata. A mí no me gusta andar despacio. Estos en cambio son unos lentorros, por lo que me voy adelantando poco a poco para luego parar y esperar a que lleguen, dándome tiempo para sacar unas fotillos.

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Entonces llega el momento. Me he adelantado un poco. Voy a esperar a que lleguen. No llegan. Voy hacia atrás. No están. Teléfono sin cobertura. Grito para ver si me oyen. Nada. Aparentemente no hay nadie en 20km a la redonda. Me he perdido.
Así que subo el monte para ver si les veo. Tampoco les veo. Así que directamente tiro para adelante. Sé que el destino está al final del lago. Pero luego me doy la vuelta, ya que quizá estén preocupados buscándome.
Termino encontrándolos tal que una hora después. Tampoco parecen demasiado preocupados. Qué cabrones. Así que terminamos llegando a nuestro destino, donde nos recibe un niño con una cabra bebé jugando de un modo un tanto extraño.

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En ese ger nos dan de beber leche fermentada de caballo, la cual tiene un sabor un poco ácido. Creo que tiene algo de alcohol. También nos dan una especie de mantequilla hecha con leche de yak que está cojonuda.
Después vamos hacia nuestra localización definitiva.Ahí nos sentamos a beber con varios locales. Uno de ellos es luchador mongol y se está poniendo algo pesado con Grace. No quiere que la dejemos sola con él. De todas maneras es un morlaco que te cagas, no lo pararíamos entre los 4 que estamos ahí.

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Al final del todo hacemos un corro y cada uno tiene que cantar una canción de su país. Yo elijo “libre” de Nino Bravo.
No podía ser otra. De todas maneras me invento la mitad de la letra. Me la suda. Nadie entiende lo que digo, así que les digo que la letra es muy bonita y todos contentos.
Después le reto al luchador mongol a una batalla, sólo para ver como es. Me dice que no, que le duele la espalda. La realidad es que casi no se tiene de pie de la castaña que lleva.
Pero me manda a su pequeño esbirro para luchar contra mí. Básicamente mi táctica consiste en correr y dar saltos como un pollo alrededor para intentar confundirlo. Por supuesto me termina enganchando y, después de elevarme dos metros en el aire, me termina dando un buen castañazo contra el suelo. La verdad es que no ha ido a hacer daño, tampoco me lo he hecho.
Después todos mis compañeros le retan con idéntico resultado final. Más o menos ya sabemos todos de que trata la lucha mongola.
Después de esto, nos vamos a dormir. Hoy dormimos en tienda de campaña. Estamos un poco apretados pero no hay bichos, así que bien.

Lo mejor está por llegar.

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