Día 27 (9-7-15) Epílogo

Son las dos de la mañana y cojo mi avión para Moscú. Después de unas 8 horas de viaje llego y son las 5 y algo. Cojo el avión a Madrid a las 7 y llego a Madrid a las 11 después de 5 horas. Estoy haciendo bien las cuentas, que conste. Tengo que esperar dos horas a coger mi ave a Zaragoza. En torno a las dos y media llego a casa. Todo acaba aquí. Veo que, tras unas 12 horas de trabajo actualizando el blog, la aplicación de WordPress ha decidido que todas mis entradas están en blanco. Así que me niego a completarlas. Lo siento mucho.
Bueno, en realidad, todo empieza aquí de nuevo. Por lo pronto tengo un plan fantástico para el fin de semana: me voy al BBK Live, pero eso es ya otra historia.
Reconozco que no he podido mantener el nivel del blog que marqué con mi primera etapa en Rusia. Pero es que joder, es que no hay nada como Rusia. Tan salvaje. Tan cafre. Tan bizarro. Tan wtf. Adoraba el ambiente de Rusia. Adoraba despertarme en Rusia y quedar a la espera de que algo pasase. Tenía un material de primera sobre el que escribir.
La gente de Mongolia eran buena gente, quizá la mejor, su tierra era su tesoro. Merece la pena ir mínimo 3 semanas, en caso de querer ver una parte aceptable de Mongolia. De todo lo que he visto, es la parte que más me ha sabido a poco. Una semana para ver Mongolia es ridículo. Volveré pronto.
Me quedo con la vista de sus interminables praderas, de la sensación de ir con la hippy van surcando las praderas para ver que hay detrás de la siguiente colina. Las expectativas que tenía eran altas, pero es que quedaron ampliamente superadas.
La gente de China me ha gustado bastante menos en términos generales. Quizá haya más choque de culturas, o quizá no haya pasado el tiempo suficiente ahí, pero lo cierto es que no me gusta como se comportan. Nada que ver con el comportamiento exquisito de los japoneses e incluso coreanos. La ciudad de Pekin me gusta fundamentalmente en cuanto a ambientillo, es una ciudad viva, sobre todo de cara a la tarde-noche.

Además, debo anotar varias reflexiones.
La primera es respecto a mi duda sobre si estaba capacitado para hacer esto en solitario. Hace 5 años no lo hubiera estado. Hace un mes ya lo estaba, sólo que todavía no lo sabía. No es excesivamente difícil, pero tampoco es asequible a ningún nivel, al menos si quieres hacerlo por tu cuenta y en solitario. Ir en grupo cambia la experiencia, pero la hace mucho más asequible, sobre todo a nivel psicológico. No obstante, me siento como un mero principiante al lado de gente con la que me encuentro. Hay gente que le echa muchos cojones.
Segundo, no sabía si era una buena o mala idea. Sospechaba que era una buena idea, sólo que le tenía un cierto respeto, quizá excesivo. Uno no sabe el valor de una idea hasta que la lleva a cabo. Ahora sé que era una buena idea. Volver con más ganas de vivir. No me malinterpretéis: siempre se pueden tener más ganas de vivir. Siempre.
Uno siempre tiene que hacer alguna pequeña locura de vez en cuando para no dejar de seguir cuerdo.
Tercero, animo a hacer un viaje de este tipo a cualquiera que pueda permitírselo, sobre todo me refiero a circunstancias personales. En cuanto a lo económico he de decir que he superado mi presupuesto inicial (entre otras cosas por alguna cagada), pero es bastante barato (para lo que te llevas a cambio). Conozco a gente que se ha fundido lo mismo en una semana en Ibiza o en dos semanas en la playa. Eso sí que es ridículo.
Por último, dar las gracias a todos los que me habéis acompañado en este viaje. Yo también he disfrutado haciéndoos saber de mí. En principio la idea era de escribir el blog por Piter, ya que lo menos que podía hacer era hacerle vivir de algún modo lo que le tenía que haber tocado vivir a él. No obstante, agradezco igualmente a todos los que me han estado siguiendo a lo largo de este último mes, bien preocupados por mi estado, o bien a modo de entretenimiento. Mi idea era que la gente me siguiera sólo a modo de entretenimiento. Obviamente con el tema del boca a boca se me ha terminado yendo todo un poco de las manos.
Bueno, se cierra una pequeñita etapa para empezar otra mucho más grande.
Aquí no encontraréis mentiras, pero, por supuesto, tampoco encontraréis toda la verdad.
Ah, y sobre todo, recordar siempre que
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Lo mejor está por llegar.

Graciasssss!!!!!!!!

Día 22 (4/7/15) Llegada a Beijing

Me despierto, por supuesto sin despertador. No lo he usado desde que comenzó el viaje. De hecho, creo que con la tontería de que en otros países no tienen persianas, se ahorran una pasta en despertadores. Ahorro doble. Es como trabajar con mierda, te pagan por recogerla y te pagan por venderla. El negocio más limpio del mundo, como diría Don Andrés García (mi jefe, no el otro).
Bueno, voy a desayunar y le acompaño a Grace a sacar pasta, ya que le robaron ayer. En realidad yo también tenía que sacar, así que ésta es una de las veces en las que uno queda como un caballero directamente por la jeta.
Voy recogiendo mis cosas y llamo al taxi para que me lleve al aeropuerto. Total que llega el taxi, hago un último chequeo de mis cosas, y me falta el teléfono. Joder, el teléfono. No sé cuántos teléfonos he perdido ya en la vida. Honestamente no lo sé, quizás tenga demasiado amor propio como para ponerme a contarlos.
Así que nos ponemos a buscar como locos el teléfono por todo el hostel. Sé que está dentro del hostel porque le he enseñado a Grace alguna cosa por el teléfono. Llamamos y sí que da tono, pero no lo oímos por ningún lado. Grace y Steve me esparcen todo el contenido de mi mochila por medio hostel. Estamos como locos buscándolo, pero no hay manera. La hora de mi avión se acerca peligrosamente, así que no me queda más remedio que dar el teléfono por perdido. Esta vez lo he extraviado de un modo absolutamente incomprensible. Pero la vida sigue. Antes todo el mundo iba sin teléfono y la gente no era más lista que ahora. Eran, simplemente, gente sin teléfono, así que podré apañarme. La verdad es que objetivamente no lo necesito para nada, no obstante les doy mi email para que contacten conmigo por si aparece. Me despido de todos y me voy camino al aeropuerto.
Me duele tener que despedirme de la gente que dejo en Mongolia, pero la vida dicta que las cosas deben ser así. Así que adiós y suerte.
Estoy casi llegando al aeropuerto cuando llaman al taxista. Es Ogie, la jefa del hostel. Han encontrado mi teléfono. Resulta que la señora de la limpieza se había llevado las sábanas y mi teléfono estaba encima de la cama. Se han dado de cuenta al ir a meterlas a la lavadora.
Le digo al taxista que se de la vuelta. Por supuesto me dice que quiere que le pague más. Obviamente le pago bastante de más, en torno a 4 veces más. Así que vuelvo al hostel y me dan el teléfono por la ventanilla del taxi. Resulta que tampoco he pagado la habitación, así que Ogie me dice que se lo pague al taxista y ya está. Le digo al taxista que le dé parte de lo que le he pagado a la dueña del hostel. Un poco guarro pero es que le he soltado al taxista 50 euros. No creo que le importe darle 15 a la del hostel. Y si le importa, es un asunto del que no voy a tomar parte.
Así que finalmente llego con 45 minutos de antelación, teniendo que facturar. Justísimo, pero el taxista me dice que no me raye, que todo va bien.
Bueno, lo cierto es que el avión se había retrasado una hora, así que el taxista parecía que tenía razón. El aeropuerto de Ulan Bator es enano, parecido al de Zaragoza. Total que cojo mi avión de air china y llego a Pekin. El avión de air china es posiblemente el avión más nuevo y mejor dotado en el que he viajado nunca. Así que prejuicios fuera.
Una vez en la estación, lo primero que hago es intentar cambiar los tugrits mongoles. No me dejan los cabrones. Así que voy a sacar pasta. Hago la conversión según el tipo de cambio y saco. Tal y como veo el pedazo de fajo de billetes que me ha salido, me doy de cuenta de que he hecho bien los cálculos… salvo en el orden de magnitud.
Así que llevo encima una absurda cantidad de dinero que no quiero contar por aquí. Lo que no entiendo es cómo no me ha saltado el límite de la tarjeta. Salgo cagándome en el santísimo cuando veo que un chinito se me acerca corriendo. Madre mía, ya me ha visto con el fajo de dinero y viene a por mí. Pues no. Viene a darme la tarjeta de crédito que me he dejado olvidada en el cajero. Llevo todo el día con una torrija que no me aclaro.

Jesús, tranquilidad. Tan sólo estás ante la peor versión de tí mismo. Siéntate, tómate un café, fúmate un piti. Tienes todo el día por delante. Hay que parar la bola de nieve.

Pues me pego en torno a una hora tomando dos cafés. Ahora toca pensar como ir al hostel. No tengo indicaciones pero tengo un cutremapa de google con la dirección. Podría haberlo mirado mejor pero no me gusta pensar en cosas cuando no toca. Bueno, pues ahora sí que toca. Veo que hay una estación de metro por ahí cerca. Hay gente que me decía de ir en taxi, y gente que me decía que lo había pasado fatal en el taxi (tipo que pensaban que los estaban secuestrando y tal). Así que me monto en el aeroexpress, que te lleva a una estación de metro que no sé cual es. ocalizo en el mapa de metro cuál es mi parada y me hago la ruta. Todas paradas e indicaciones están también escritas en alfabeto occidental, así que está chupado.
Me enfrento a la máquina expendedora de tiquets. El sistema me resulta muy familiar, es el mismo que usaban en Tokio. Tienes que seleccionar la estación de destino y pagar en función de lo lejos que esté. Si te bajas antes, no pasa nada (salvo que pierdes dinero), pero si te bajas más lejos, tienes que abonar la diferencia, por lo que necesitas la tarjeta tanto para entrar como para salir del metro. El metro de Pekin es cojonudo. Le tenía respeto al transporte público de ahí pero el funcionamiento es de lo mejor que he visto. En cuanto a trenes y confort de marcha, el mejor que he visto.
Llego a mi estación y justo a la salida está mi calle. Está en medio de los hutongs. Una localización cojonuda. A petar de chinos y de puestos. A los cinco minutos de caminar encuentro mi hostel. La verdad es que ni sé como he llegado tan fácil.
Una vez ahí, veo que en mi habitación hay una chica que es absolutamente espectacular. Ilyana, una chica eslovaca, majísima además. Lamento no tener foto para poner por aquí. Ha venido desde el tibet en tren. Mandó su trabajo a tomar por saco y se fué sola al tibet. La verdad es que no se si una chica así viajando sola tiene más facilidades… o más problemas. Ella dice que no ha tenido ninguno, así que mejor. Tampoco le he preguntado si cree que ha tenido alguna ventaja, sería un poco grosero. Pero desde luego es algo que no se refleja en su carácter. Es una chica valiente. Me gusta la gente valiente…y también me gustan las supermodelos.
También conozco a mi otro compañero de habitación, es un español de unos 55 años. Majísimo también. Lo único es que su mirada me pone un poco nervioso. Es como la version mutante de Fernando Trueba. Creo que no habia visto una persona tan bizca en mi vida. No sabe cuanto tiempo va a estar en china. Lleva en torno a dos meses viajando y no tiene ni idea de cuando va a volver.
Así que después de hablar un poco con ellos me pongo a ver un poco los alrededores. La verdad es que casi no se puede andar por la calle, pero el ambiente es cojonudo.

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Reliable… Mentiiira…

No me queda prácticamente nada de ropa limpia, y la lavandería no me devuelve la ropa hasta mañana por la noche, así que me marco como primera misión comprar calcetines…en un chino.
Pues mira, resulta que en China las tiendas de chinos son ultraespecíficas. No esperes encontrar un polo en una tienda de camisetas ni esperes encontrar unos calcetines en una tienda de zapatillas. Así que el tema de encontrar algo tan simple como calcetines me resulta una misión casi imposible, y digo casi porque cuando estaba volviendo a casa había una señora mayor con una mesita en la que había…  sólo calcetines. Pues me  compro dos pares de calcetines por medio euro. Vuelvo a casa, estoy muy cansado. Me voy a dormir.

Lo mejor está por llegar.

Día 21 (3-7-15): Último día en Mongolia.

Me despierto. No tengo resaca, de puta madre. Me resulta muy raro, y tengo una sensación bastante familiar.
Ya sé lo que pasa: todavía voy zorro.
Así que empaco todas mis cosas y salimos rápidamente del ger para partir. Justamente hoy tenía que ser el día que salimos antes. Para las 9 o así ya estábamos en marcha. Martla nos lleva a un pueblo de donde cogeremos un autobús público a Ulan Bator. Grace, Steve y yo nos volvemos. Xavier y Fabien siguen creo que 4 días más. Así que Martla nos vuelve a deleitar con una magnífica demostración de conducción off road. Me he fijado en una cosa: por carretera no pasa de 70-80, pero por caminos se pone a 90 o a 100. Vamos tarde, así que Martla tiene que dar lo mejor de sí mismo. No obstante, aún paramos a mitad de camino para sacarnos nuestra última foto juntos

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Después de salir a la carretera paramos a comer. Vamos bien de tiempo. Martla ha hecho un buen trabajo.
Bajo a hacer mis necesidades con bastante urgencia. No tengo tiempo para ir muy lejos así que hago una necesidades bastante cerca de un poblado. Hay yaks sueltos por ahí. No creo que los locales se enfaden porque dudo que nadie pueda sospechar que se trata de un excremento humano.
Así que comemos y nos montamos en la furgoneta. Xavier todavía lleva una tajada de la hostia. Fabien también pero es un poco más recatado.
La hippy van no arranca. Martla se pega una media hora intentando arrancarla hasta que finalmente lo consigue.
Ahora sí que vamos tarde. Pero nos cruzamos con nuestro autobús, Martla lo para en medio de la carretera y nos vamos. Ya sólo quedamos Grace, Steve y yo. Nos despedimos de los demás. Buena suerte.
Así que metemos las cosas en mitad de la carretera y nos montamos en el autobús. Lógicamente, no tiene aire acondicionado y hace dentro un calor de la hostia. Steve, Grace y yo nos ponemos en asientos separados para intentar dormir un poco y pasar menos calor. Hay un niño detrás que no hace más que llorar, pero su madre lo levanta un poco y ve mi teléfono (estoy escribiendo ahora el blog de toda la semana). El niño deja de llorar y se queda embobado con el teléfono tal que así:

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Bajamos a un área de descanso a comprar unos helados y alguna botella de agua. De repente Grace empieza a buscar en su bolso y descubre que le acaban de robar la cartera. Pobre Grace. Por suerte sólo llevaba unos 90 euros y ninguna tarjeta, sólo su ID japonés (que de momento no va a necesitar) y el carnet de conducir (que le caducaba en un mes). Resulta que en la tienda tenían cámaras, así que vamos a revisar la grabación. Resulta que Grace paga y se mete la cartera a la mochila. En la puerta de la tienda hay un tío que le estorba para salir, y en medio de la confusión, otro tío por detrás le mete la mano a la mochila. Tal y como vemos el vídeo salimos Steve y yo corriendo para ver si todavía anda el ladrón cerca (hay un montón de locales alrededor). No lo encontramos. La verdad es que la gente de alrededor ha sido súper maja, nos han ayudado con todo. Los ladrones sabían que había cámaras, iban con unos sombreros muy grandes que le tapaban toda la cara, e iban siempre de espaldas a la cámara. Pero uno la ha cagado y les ha enseñado toda la jeta. Aquí estamos revisando las grabaciones

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No creo que recupere nada. Por suerte no tenía las cosas de más valor, obviamente le jode pero tampoco es el fin del mundo. Si me la llega a quitar a mí el mongolo de los cojones me hace un hijo de madera.
Así que después del susto volvemos al bus. Paramos en un pueblo cercano y empieza a subir gente. Se sienta a mi lado la probablemente mujer más grande de toda Mongolia. Es de casi 1,90 y pesará unos 120 kilos. Ocupa unos dos sitios. Yo estoy todo encorvado arrinconado. En cada curva su cuerpo me aplasta contra la ventana. Steve tampoco ha tenido mucha suerte, creo que es su hermana la que se ha puesto a su lado. Creo que es la segunda mujer más grande de Mongolia y venían juntas. Es imposible que no tengan algún parentesco. Por lo menos tengo bastante faena para terminar el blog de lo de toda la semana, aún me quedan unas 3 horas de viaje.
Termino llegando a Ulan Bator. He terminado el blog, de puta madre. Llego al hostel y compruebo la horda de notificaciones que tengo. Veo que una de las entradas del blog se me ha ido a tomar por culo. Me voy a cenar con Grace y Steve a un sitio de aquí al lado. Había una camarera aleatoria que pasaba casualmente por mi mesa, pero no me parecía bien tirarle una foto. Termino volviendo al hostel para ducharme, cosa que no he hecho en 8 días. Huelo, literalmente, a mierda. Me ducho y me voy a dormir. Mañana por la mañana vuelo a pekin, así que me voy a perder Ulan Bator. La gente me dice que no me pierdo gran cosa, así que me voy contento de Mongolia.
Hora de dormir.

Lo mejor está por llegar

Día 20 (2-7-15) Mongolia VII

Nos despertamos. Hoy toca otro día en caballo. Así que desayunamos y partimos. Fatty no tiene tanta hambre como ayer, sin embargo sólo escucha a Grace. Para decirle a un caballo mongol que corra hay que decirle chu. Cuando yo lo decía, ni puto caso. Pero cuando Grace (que iba en otro caballo) decía chu era como si le metieran un petardo en el ojete.

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En la foto se ve una manada de yaks que se apartan un poco al vernos. Los yaks son bastante estúpidos y se asustan con las personas, pero alguno tiene unos cuernos que te cagas, así que ojo al canto.

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Esto es un poco lo que se veía. Son lagos de lava. No debe de ser demasiado antiguo (a escala geológica). Los caballos por lo visto pueden atravesar unos pedregales que te cagas. No conocía esa facultad de los caballos.

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Aquí se puede ver a farty que para no perder la costumbre ha apestado medio bosque. La putada es que encima se tiraba pedos pintores, así que había que evitar estar detrás a toda costa.
Tras un esprint final llegamos a nuestro destino. Me hago la ultima foto con fatty:
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Martla está esperándonos con la hippy van, que lleva la mayoría de nuestro equipaje

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El paraje no está tampoco nada mal. Así que dejamos las cosas en nuestro ger y nos vamos a ver unas cataratas que hay por ahí cerca.

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El guía (Victor) nos había dicho que no nos podíamos bañar en las cataratas, pero si que se puede. Una putada no haber cogido ninguno bañador. Pero bueno, después nos hemos bañado en el río un trozo más arriba, en un sitio donde la corriente era muy pequeña. La verdad es que bañarse en un río de Mongolia es una cosa bastante guapa, aunque el agua estuviera congelada.
Así que volvemos al ger, donde nos han preparado una fogata y han dejado la hippy van en modo parking valenciano.

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Aquí debajo se puede ver a una niña jugando con cabritillos.

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De hecho antes he cogido el cabritillo marrón y se lo he metido a Fabien en el saco de dormir cuando se estaba echando la siesta.
Así que al final nos hemos sentado alrededor de la fogata y cantado unas cuantas canciones con Grace al ukelele. Resulta que Grace es profesora de unos 20 instrumentos diferentes (ahora ha estado trabajando 2 años en Japón), así que creo que sabe bastante bien de que va el negocio de la música. Habíamos comprado alcohol para un ejército, pero no hemos podido terminarlo. De hecho nos ha sobrado bastante y mañana hay que partir bastante temprano. Yo me voy a la cama con una tajada bastante interesante, no obstante aún se quedan Xavier y Fabien hasta no sé cuando. Ha sido un buen día. Era la última noche del grupo juntos, así que no podía ser de otra manera.

Lo mejor está por llegar

Día 19 (1-7-15) Mongolia VI

Nos levantamos. Hoy vamos a hacer la etapa a caballo. Unos 20km. Desayunamos y nos traen los caballos. No he montado a caballo en mi vida, y estos caballos parecen bastante temperamentales.
Así que me explican lo que tengo que hacer y arrancamos. No es difícil, lo único es que de vez en cuando echan alguna carrera y hay que estar atentos. No tienen nombres, pero rápidamente empezamos a poner nombres. El mío es fatty (gordito) porque todo el rato se para a comer. Echa una carrera para adelantarse y poder parar a comer. Tengo que pegarme todo el puto camino separándolo de la comida.

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Aquí salimos yo y fatty, haciendo lo que más le gusta.

El de Steve es farty (pedorro). Se ha pegado todo el viaje pediéndose, y un pedo de caballo mongol es un pedazo de pedo. Vamos pasando por sitios que habíamos visto desde lo alto de la montaña de ayer

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Todo está lleno de piedra volcánica. Cruzamos a caballo algún riachuelo y un montón de pedregales. Llegamos a nuestro destino hechos unos zorros.

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De todas maneras el ger que hay allí no es para nosotros. Nosotros tenemos que acampar en el césped.
De todas maneras hay un río al lado en el que al menos podemos bañarnos, cosa que no he hecho desde hace una semana, así que, aunque el agua esté helada, no me sienta nada mal.
Volvemos a la tienda. Esta vez no hay alcohol, lo gastamos todo el día de antes, así que noche sobria.
De todas maneras encendemos una fogata con mierda de yak y de caballo y jugando a un juego de cartas anglofrancés en el que soy un pésimo jugador, para deleite de mis compañeros.
La mierda de caballo arde muy fácil, mientras que la de yak es más energética. Así que recolectamos todas las mierdas que podemos y montamos una hoguera.
En realidad todo el mundo usa la mierda como combustible. Las estufas de dentro de los gers funcionan todas con mierda, así que tampoco hemos inventado nada.
Poco a poco voy entendiendo mejor a Steve. Cuando llegué le entendía en torno al 5% de lo que decía, ahora el 30-40%. Sigo entendiéndole muy mal, pero voy cogiéndole el tino.
Dicho esto, nos vamos a dormir.

Lo mejor está por llegar.

Día 18 (30/06/15): Mongolia V

Nos levantamos. No se duerme mal en tienda de campaña. El espacio es muy justo (son 2 tiendas para 5), pero al ser tan justo hace menos frío dentro, así que se puede decir que se duerme mejor que un ger.
Hoy es el segundo día de trekking. Esta vez no me adelanto a los demás, pero me doy de cuenta de que mi equipación es mínima. Todos van de puta madre, pero yo no podía permitirme meter más cosas a la mochila. Todos los demás han ido a Mongolia de propio, y van a estar en torno a un mes. Steve es ya la segunda vez que viene, y la equipación que lleva es de órdago. Para Grace viajar a Mongolia era el viaje de sus sueños. Para Fabien y Xavier, es casi un poco el viaje que tocaba. De todas maneras Fabien lleva ya tal que 3 meses viajando, que cabrón. Luego se va a China.
Hacemos el trekking y llegamos enseguida, eran en torno a 10 kilómetros, que se nos hacen a poco. Así que subimos a un monte que hay al lado. No parecía demasiado desde abajo, pero nos hemos pegado un sobo que te cagas para subirlo. De todas formas las vistas merecían la pena:

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Y desde más arriba:

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Así que una vez hecho esto nos vamos de vuelta a nuestros aposentos, vamos nuestra tienda de campaña. Bebemos lo que nos queda y a dormir.

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Lo mejor está por llegar

Día 17 (29-6-15) Mongolia IV

Nos despertamos. Hoy ya dejamos a Martla detrás. Los siguientes días vamos a desplazarnos andando y a caballo, por lo que tenemos que aligerar las mochilas al máximo. Así que todo lo innecesario fuera. Casi podría haber hecho el viaje con esto, sólo que hubiera tenido que lavar más veces.
Así que emprendemos la caminata. A mí no me gusta andar despacio. Estos en cambio son unos lentorros, por lo que me voy adelantando poco a poco para luego parar y esperar a que lleguen, dándome tiempo para sacar unas fotillos.

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Entonces llega el momento. Me he adelantado un poco. Voy a esperar a que lleguen. No llegan. Voy hacia atrás. No están. Teléfono sin cobertura. Grito para ver si me oyen. Nada. Aparentemente no hay nadie en 20km a la redonda. Me he perdido.
Así que subo el monte para ver si les veo. Tampoco les veo. Así que directamente tiro para adelante. Sé que el destino está al final del lago. Pero luego me doy la vuelta, ya que quizá estén preocupados buscándome.
Termino encontrándolos tal que una hora después. Tampoco parecen demasiado preocupados. Qué cabrones. Así que terminamos llegando a nuestro destino, donde nos recibe un niño con una cabra bebé jugando de un modo un tanto extraño.

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En ese ger nos dan de beber leche fermentada de caballo, la cual tiene un sabor un poco ácido. Creo que tiene algo de alcohol. También nos dan una especie de mantequilla hecha con leche de yak que está cojonuda.
Después vamos hacia nuestra localización definitiva.Ahí nos sentamos a beber con varios locales. Uno de ellos es luchador mongol y se está poniendo algo pesado con Grace. No quiere que la dejemos sola con él. De todas maneras es un morlaco que te cagas, no lo pararíamos entre los 4 que estamos ahí.

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Al final del todo hacemos un corro y cada uno tiene que cantar una canción de su país. Yo elijo “libre” de Nino Bravo.
No podía ser otra. De todas maneras me invento la mitad de la letra. Me la suda. Nadie entiende lo que digo, así que les digo que la letra es muy bonita y todos contentos.
Después le reto al luchador mongol a una batalla, sólo para ver como es. Me dice que no, que le duele la espalda. La realidad es que casi no se tiene de pie de la castaña que lleva.
Pero me manda a su pequeño esbirro para luchar contra mí. Básicamente mi táctica consiste en correr y dar saltos como un pollo alrededor para intentar confundirlo. Por supuesto me termina enganchando y, después de elevarme dos metros en el aire, me termina dando un buen castañazo contra el suelo. La verdad es que no ha ido a hacer daño, tampoco me lo he hecho.
Después todos mis compañeros le retan con idéntico resultado final. Más o menos ya sabemos todos de que trata la lucha mongola.
Después de esto, nos vamos a dormir. Hoy dormimos en tienda de campaña. Estamos un poco apretados pero no hay bichos, así que bien.

Lo mejor está por llegar.

Día 15 (27-6-15) Mongolia II

Me despierto. Son en torno a las 8 de la mañana. Soy el segundo del grupo en despertarme, sólo Grace se me ha adelantado. Después de una intensa velada con mis amigas las cucarachas, al final me quedé dormido, tan sólo veo unas cuantas muertas por ahí. Si no las notas es como si no existieran. La madre de la familia mongola está despierta y está preparando algo de desayuno. Leche de vaca con sal, y pan con mermelada y queso. No está mala del todo, claramente mejor que la que probé en Ekaterimburgo. Terminamos saliendo hacia otro parque nacional. En ese no hay caballos de raza mongola, pero hay águilas, camellos, cabras, caballos normales, ovejas, etc…
Nos paran. Hay un montón de pedrolos rarísimos, los cuales medio escalamos para ver que hay. Tampoco requiere gran destreza, pero das un paso en falso y la hostia que te metes es para picharla, así que con bastante cuidado se hace. Las piedras son bastante raras, bastante rugosas, con lo que el agarre es excelente. El paisaje no está mal, es algo más verde que lo que vimos ayer.

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Vamos a otro paraje, más pedrolos.

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Steve tiene una cámara guapísima, una Leica de los años 50. No tengo ni idea de cuanto puede haberle costado, dudo que menos de 5 o 6 mil euros. El control es completamente manual. Guapísima, pero hay que tener bastante tino para acertar con eso.

Nos llevan a otro sitio para subir andando unas dunas de arena. Nunca había subido una duna. Es algo más fácil de lo que esperaba. Siempre hay un lado en el que pega el viento que tiene bastante poca inclinación. Si te caes hacia el otro lado bajas rodando. Tiene pinta de ser bastante difícil de subir por el otro lado.

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Al final del día vamos al ger donde vamos a dormir. Nos llevan de paseo en camello por los alrededores.

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Ir en camello es más o menos como ir en bicicleta: es una cosa que bota bastante y te termina dejando un interesante dolor en el culo. Mi camello creo que era el más temperamental de todos, todo el rato corriendo para delante y para atrás, y haciendo movimientos bruscos intentando salirse del orden establecido. Además tenía una cresta bastante guay. Me gusta mi jodido camello. Tiene personalidad.
Al final volvemos al ger, donde nos hacen la cena y nos bebemos toda la birra y el vodka que teníamos. Tampoco teníamos demasiado. Pero el suficiente como para que Grace arranque con el ukelele. Me hace cantar la bamba. No me se la letra entera. Toca bastante bien, es profesora de música. Si no lo tocara bien probablemente sería un fraude.
Terminamos yendo a dormir. Creo que nos espera una larga jornada mañana.