Día 13 (25/06/15): Cruce de fronteras

Ya ayer noche cogí el tren hasta Ulan Bator. Esta vez sí, compré un tiquet de segunda clase. La verdad es que pensaba que el tren que me llevaría a Ulan Bator sería el peor de todos. Pues no, es el mejor de todos. Así sí que se puede viajar.
Me despierto llegando a Ulan Ude en torno a las 7 de la mañana, salgo a dar una pequeña vuelta para coger WiFi, como en el resto de estaciones. Imposible, como en la mayoría de estaciones. Cabe decir que en principio hay WiFi en todas las estaciones más o menos grandes. El problema es que la señal no llega hasta los andenes de los trenes y hay que ir a buscarla. Lo de perder el contacto visual con el vehículo que carga con todas mis pertenencias es algo que no llevo bien. Suelo quedarme sin WiFi por cagueta.
Viajaba con 3 personas más, pero en cuanto llegamos a Ulan Ude me abandonan dos de ellos. Me quedo en el compartimento con kalanyajaar, un chico mongol.
De hecho en el tren nos hemos quedado cuatro gatos: una pareja de franceses, otra de birmanos, una chica de Hong kong, un mongol y yo. Parece el enunciado de un chiste. También hay un grupo de 4 personas rubias platino que hablan un idioma rarísimo (no me suena a nada que haya escuchado antes) en el que todas palabras son esdrújulas. Hay dos que parecen el hermano y el primo de Raikkonen. Tienen que ser finlandeses.

Mi compañero de compartimento me mira con curiosidad y parece que quiere comunicarse. No hay manera. Es absolutamente imposible aclararme con nada. Me da además la impresión de que no sabe ni hablar en ningún idioma, y se comporta de una manera un tanto rara. Veo que sonríe y me sigue a todas partes. Es el primer mongol que conozco. Creo que es disminuido. No me puedo creer que los mongoles sean así, por mucho estereotipo que haya. Si ese es el comportamiento general de la gente, la sabiduría popular ha dado en el puto clavo.

Hay una parada que está justo en la frontera. Es un pueblo de mala muerte y en la estación no hay nada para comer ni beber. No sé ni como se llama el pueblo. Tampoco veo ningún letrero, por lo que no hay forma de saberlo. Tenemos unas dos horas de tiempo para salir por la estación. De hecho me han cobrado 11 rublos por usar esto:

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El tema es que tenía hoy para comer un puré deshidratado, cuyo envase se ha reventado dentro de la mochila, esparciendo todo el polvo por la ropa recién lavada. Así que tenía que ir a comer de alguna forma, con que he salido al pueblo, para buscar algún restaurante o algún sitio donde vendan alimentos. El pueblo tiene éste aspecto:

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Finalmente encuentro un restaurante a en torno a un kilómetro de la estación. Una sopa y unos dumplings rellenos de carne con queso y por 180rb (3€). Unas nueve veces menos que lo que me cobraron en el vagón restaurante. Vuelvo a la estación. El tren se ha ido. Mi amigo kalanyajaar está ahí, completamente sólo en el andén y sonríe al verme. No veo a nadie más.
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Mierda. El mongolo y yo nos hemos quedado en tierra.
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Empiezo a correr por dentro de la estación buscando a alguien que pudiera ayudarme. Lo he encontrado. Son la pareja de birmanos, que viajan conmigo en el vagón (no los conocía hasta entonces). A los que se habían quedado en la estación les habían dicho que se iban a llevar el tren para luego devolverlo. Respiro profundamente después del microinfarto que he sufrido.

Así que nos dan unos formularios y después de ya no se cuántas horas esperando, salimos hacia Mongolia.
Llegamos a la frontera de Mongolia, donde sube el control de aduanas a sellarnos el pasaporte y registrarnos nuestras pertenencias. Visto desde la ventanilla, se ve que esto es ya otro rollo. Vista de la estación:

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Así que cuando llegan los guardias, se confirma lo que sospechaba. Los guardias tampoco se aclaran con mi compañero (todos son mongoles). Tampoco sabía rellenarse la hoja de entrada. No sabía contestarles a nada. Hasta un guardia ha probado a hablarle en inglés. Finalmente le piden el número de teléfono de sus padres o algo así y se ve que hablan con ellos. Aún con todo le registran la mochila elemento a elemento. Creo que se comportan de un modo bastante duro con el, riéndose de el y buscándole las vueltas. Buscan una sonrisa cómplice conmigo, por supuesto no la encuentran. El pobre chico está bastante peor de lo que imaginaba en un principio, además los agentes lo están poniendo muy nervioso, casi parece que se va a echar a llorar. Lo que no entiendo es cómo le dejan viajar sólo hacia otros países. Creo que no está en condiciones, de hecho esta vez casi no le dejan volver a entrar a su país.

Aquí se puede ver a un agente de aduanas estándar, fotografiada de forma puramente casual:

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Llegan ahora a mi mochila. Esta llena de un polvo blanco amarillento todo desparramado. Es puré deshidratado, cosa que les explico. Aunque todos prueban con el dedo lo que es. Aún con todo suben al perro, pero me terminan dejando en paz bastante rápido.
Finalmente partidos después de un parón adicional de unas dos horas. La plovonitza le ha dicho a los finlandeses que nos iban a dejar bajar. De hecho no nos dejan bajar en absolutamente ninguna estación hasta Ulan Bator. Además, todo el rato que estábamos parados tampoco podíamos ir al baño.
Al final reemprendemos la marcha, y nos dirigimos rumbo hacia Ulan Bator. El tren circula despacio (no más de 60-70km/h) además para cada pocos minutos sin razón aparente. No sube nadie ni dejan bajar a nadie en paradas de hasta una hora (en las que por supuesto no puedes ir al baño). El vagón está muy bien, pero el viaje en sí es tedioso. La gente suele cruzar la frontera en bus. De hecho, no hay ningún mongol en el tren salvo mi compañero. Ir de Irkustk a Ulan Bator en tren es la opción más sencilla, no la mejor. Por su sencillez lo hice yo así. Supongo que él también viaja así por la misma razón.
Saco algunas fotos desde la ventana

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El paisaje, al menos por esta zona, es sorprendentemente más húmedo que la zona de Irkustk,de muchísimo más que la zona del lago Baikal.
Los pueblos ya se ve que son otro rollo. Sí que hay una cosa que me llama la atención: veo niños jugando por todas partes. En Rusia no recuerdo ver a ninguno.
Mañana llego a Ulan Bator a las 5 de la mañana, así que tendré que madrugar. Supuestamente tiene que haber un taxista del hostel esperando en la estación para recogerme, veremos si es verdad.
Dicho todo esto, me voy a dormir.

Lo mejor está por llegar.

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