Día 11 (23/6/15) Luces y sombras

Me levanto. He quedado con Camille para desayunar, para luego ir a ver el cabo Khoboi. Antes de desayunar, veo que mis visitas al blog se han cuadruplicado, no entiendo muy bien por qué, así que he hecho algunas modificaciones para intentar hacerlo más amigable. Ahora en el menú de arriba a la derecha se pueden seleccionar los diferentes posts, sin tener que tragarte todo haciendo scroll.

Bueno, desayuno con Camille para luego ir al centro de información de kuzhir, que es donde salen los jeeps de la excursión.
Había ido ayer por la tarde para pedir un tiquet y me dijeron que no hacía falta, que solamente tenía que presentarme ahí a las 10 de la mañana. Pues a lo que voy me piden el tiquet. Por supuesto no tengo. Tampoco sitio. Así que me quedo sin excursión.
Camille termina rechazando la excursión, ya que ahí no hay absolutamente nadie que hable inglés, al contrario de lo que le prometieron.
Así que nos quedamos los dos en tierra.
Vamos dando una vuelta por ahí a ver si hay algún otro tour pero a Camille ninguno le convence, entonces decide que se quiere quedar un día andando por el pueblo. Vamos, lo que yo había estado haciendo ayer.
En esta vida hay personas que personas que pueden llegar a ser muy importantes, pero llega un punto en que uno no las necesita más. Buena suerte Camille.
Así que voy viendo las pocas cosas que todavía quedan para hoy y veo que hay un tour en barco hacia una isla sagrada o algo así. Pillo el tiquet y voy al barco.
Tal y como estoy entrando veo a un chico y una chica, que me dicen algo en inglés, pero su acento (aunque hablan perfectísimamente) les delata. Le pregunto al chico a ver de donde son y me dice que viene de la luna. No vienen de la luna. El chico, Alejandro, es colombiano. La chica, Maite, es de Córdoba. Son unos individuos especiales. Jodidamente especiales.
Son amigos de amigos. Iban a hacer el transmongoliano cada uno por su lado con sus respectivos acompañantes, y ambos acompañantes se rajaron. Así que contactaron para hacer el viaje juntos. No lo empezaron a la vez ni lo van a terminar a la vez, pero van a compartir parte de la ruta.
Alejandro es una especie de Pablo Escobar con tatoos. Personalidad tremendamente expansiva. Quizá la persona más extrovertida que veo en años. Se vuelve a Londres el día 20 de julio. Es un futbolero de la leche. Hemos estado hablando de la final de la UEFA que perdió el alavés. Que le pregunten a cualquier español acerca de algún equipo modesto que llegó a la final de la copa América hace 15 años. También se acuerda del gol de Nayim. Dice que ha visto muchísimo fútbol y que nunca ha vuelto a ver algo igual. Yo creo que tampoco. Seaman supongo que vio el balón en la repetición.
Maite, en cambio, no tiene fecha de vuelta y ni siquiera sabe donde va a ir. Dice que se va a quedar a trabajar en alguna granja de Mongolia, que está hasta el potorro de Londres y su contaminación. Una catacrack igualmente.
Sus métodos de viaje son bastante heterodoxos. No vienen con los visados hechos, y aparecen en las ciudades sin alojamiento, y sin saber cuanto van a estar. Creo que habían llegado a hacer alguna noche en casa de rusos que habían conocido el mismo día. A kuzhir se presentaron sin alojamiento, para ir puerta por puerta hasta que alguien les dejase dormir en su casa.
Me dicen que soy un chico muy ordenado y apañado, y se sorprenden de como tengo todo programado. Definitivamente vienen de la luna.
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Alejandro, ruso #1, Maite, ruso #2 y rusa #3

Vamos en el barco hacia la isla esa, con un guía que parece el jefe de un alzamiento militar más que un propio guía:
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Le digo a Maite que el tipo lleva un pin del Che en la gorra. Ella casi se emociona, no puede creer que lleve un pin del Elche en la gorra.
Así que llegamos a la famosa isla sagrada. Vamos, lo que había que ver era un obelisco con cuatro piedras alrededor
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Foto desde el mismo lugar con turistas estándar seleccionados totalmente al azar:

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Aún con todo, las vistas desde la isla son espectaculares:
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Nos mandan a otra isla en donde se puede beber agua sagrada

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Vamos, unos palos desde los que sale agua, aún con todo las vistas parecen bonitas. Nos dan de comer. Un ruso me recomienda que coma un plato especial de carne que preparan. Es un dumpling con una albóndiga dentro. Creo que esta gente es fácilmente impresionable.
Las vistas desde esta otra isla tampoco están mal.
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Así que terminamos volviendo a kuzhir. Estos van a acampar por la playa esta noche, no obstante les enseño mi hostel para que puedan dormir mañana. Me acompañan, lo ven, yo ceno y acudo a la playa.
Así que ceno y voy a la playa que les he dicho. No están. La recorrido de adelante para atrás dos veces y no están. Me la han jugado. Se está acabando la luz del sol. Así que vuelvo, triste y solo hacia el hostel. Me voy a dormir. No me apetece escribir el blog. Lo escribiré mañana. Termino quedándome dormido.
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Me despierto con unos gritos que vienen de la calle. Un poco raro dado que de noche nunca hay nadie por ahí.

-Jesuuuuuuuuus!! Jesuuuuuuus!

Joder. Son ellos. Han venido a buscarme.
Entonces recuerdo aquella vez cuando David y Edu vinieron a buscarme hasta mi dormitorio para intentar sacarme de la cama y llevarme de fiesta. Aquella vez terminé quedándome en la cama. Hoy no voy a cometer el mismo error.
Así que me visto y salgo a la calle con ellos. Ellos también pensaban que yo se la había jugado.
Vamos a un bar. El primero que vemos abierto. Vamos a echar unas cañas de tranquis. Cuando vamos a echar la segunda caña Alejandro se acerca y me dice al oído:
-Prepárate para beber vodka paxi.
En torno a un minuto después, una mesa con un montón de rusos nos llama para que vayamos. Nos sacan ya dos chupitos de vodka a cada uno para la bienvenida. Tienen una botella en la mesa y vasitos. Aquí se funciona así.
Hay un señor que habla español, que tiene 30 años pero aparenta unos 140. Bueno sabe tres frases: amigo mío, un dos tres cuatro, y ¡no pasarán!
Cuando suelta el ¡no pasarán! Maite y yo casi nos meamos de la risa. Entonces lo empieza a decir más. Sus amigos lo aprenden y lo empiezan a decir. Todos los brindis los hacen al grito de ¡no pasarán!
Por supuesto ninguno tiene ni idea de lo que significa y mucho menos las implicaciones que trae esa expresión.
En la mesa de enfrente hay dos chicas jóvenes. Les decimos que vengan, aunque sea para ayudarnos a traducir.
Así que entonces vienen Svletana y Sochi.
Svletana es de Tomsk. Me recuerda por enésima vez que tenía que haber ido a Tomsk, y que si iba mal de tiempo que hubiera ido ahí en lugar de a Ekaterimburgo. Probablemente tenga razón. En realidad la hemos llamado porque veíamos por el rabillo del ojo que se descojonaba con nuestra conversación con los rusos. También se reía cuando hablábamos nosotros, así que también sabía español o inglés.
Sabía inglés bastante bien. Sochi en cambio no habla ni papa.
Sochi dice que no es rusa, que es Burat. Es rusa. Veo que en todos sitios cuecen habas. No obstante tiene pinta de pertenecer a alguna etnia pequeña. Tiene rasgos asiáticos pero no se parece demasiado a lo que he visto por aquí. No parece mongola, ni coreana, ni china, ni japonesa.
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Sochi y Svletana
Total que se arrancan a echar chupitos con nosotros. Conforme se van echando chupitos, Sochi empieza a hablar inglés (al principio un poco a pedales). Cada chupito que se casca Sochi supone 200 palabras nuevas de vocabulario de inglés. No es que no supiera hablar nada de inglés, es que era muy tímida.
Sochi resulta ser un ser absolutamente adorable. Me resulta graciosísima. El problema es que mi inglés va decayendo con cada nuevo chupito. Mi español también. Ahora Sochi es la que se descojona. Estamos un rato todos en el bar hasta que termino yéndome de ahí. Mi cuerpo no aguanta más.
Me despido de todos ellos del modo que más me gusta: a la francesa.
Mucha gente no suele entenderlo, pero para mí esa es la manera más elegante posible de despedirse.
Las calles están sin iluminación. Tengo que llegar al hostel, y no veo más que sombras. Consigo llegar a mi hostel a la primera, siendo esto algo inédito desde que estoy en kuzhir. Las sombras me han mostrado el camino. Quizá debería haberle perdido el miedo a la oscuridad rusa un poco antes, pero bueno, está bien así. Me meto a dormir. Mañana será otro día.

Lo mejor está por llegar.

Aunque hoy ha quedado el listón bastante alto

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