Día 5 1/2 y 6 (18/6/15): El comienzo de un largo viaje

Comienzo esta entrada en el momento en que abandono el Hostel de Ekaterimburgo. Ya no iba a actualizar en 3 días y tenía que dar por cerrada la entrada de ese día. Así que al lío.
Cuando voy a abandonar el hostel, Dimitri, el chico que llevaba el hostel, me advierte de que en Ekaterimburgo hay metro, y que debería ir en metro a la estación en vez de andando. Eso hago.
Cuando estoy esperando a la parada le pregunto a un chico, Max, a ver en que lado tengo que subirme y donde tengo que bajarme para ir a la estación de tren. Él también va a la estación de tren, pero no viaja en el mío. Cuando nos presentamos, él me pregunta a ver si también me apellido Nazaret, como el dios (hay que joderse con lo de llamarse Jesús en Rusia), así que yo le pregunto a ver si se apellida Power, como el botón del secador. Se descojona, parece que le he caído simpático. Total que el chico me guía hasta la estación, nos intercambiamos teléfonos y facebook y me lleva hasta el vagón que es el mío. Me dice que contacte con el si tengo cualquier tipo de problema en el tren o en Rusia en general. Un tipo simpático el Max Power. Además tampoco me ha desvalijado (no me fiaba demasiado de un tío tan simpático así de entrada).

Así que tal y como entro veo la que he liado: voy a ir hasta Irkustk en 3° Clase y además, en litera de arriba. Es, básicamente, el peor billete posible que puedes comprar en Rusia.
Yo quería ir en segunda clase, con compartimentos de 4 cerrados, aceptablemente cómodos, y a ser posible, con compañía como la de Eva y Misha. No ha sido posible.
La litera es, esencialmente, un tablón con una esterilla encima. Casi nadie viaja ahí. Mide más o menos 1,65 m de largo, así que o me encojo o se me salen los pies al pasillo 20cm.
Dormir ahí es más o menos como dormir encima de un arcón frigorífico, pero mejor que en el suelo. Yo he dormido en ambos y creerme, es mejor el arcón.

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Tampoco puedo incorporarme ni hay una escalera para subir. Mientras estoy subiendo le pego un golpe al reloj con la hora de Moscú y lo reviento. Me recuerda a la tienda de campaña de Natalia y Chechu en el BBK del año pasado. Ellos no aguantaron 3 noches. A mí, supuestamente me esperan 56 horas de viaje. La mochila tengo que guardarla en el compartimento de arriba. Tengo que hacer equilibrios para tener un mínimo acceso, que no me permite por ejemplo, meter y sacar ropa (además tengo todo ultracomprimido, no es fácil meter y sacar cosas de ahí)
No hay compartimentos cerrados, estamos 50 rusos más y yo hacinados en ese vagón. Es un gallinero, en el que el olor de 100 sobacos, ronquidos y pedos se conjuntan en una embriagadora sinfonía aromática y sonora. No hay papel en los baños, pero gracias a dios hice bien los deberes en Ekaterimburgo. Soy consciente de que debería correr por mi cuenta, es un error que nunca cometo, pero en este viaje es algo que he olvidado una y otra vez. Espero no tener que echar mano de ningún plan b.

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No me importaba hacer algún pequeño trayecto en 3° clase para saborear un poco la esencia de estos viajes, pero la prueba no era hacer un viaje de 56 horas. Este era el único puto viaje donde no podía probar cosas raras.

Me acomodo, por llamarlo de alguna manera y viajar así es incluso peor de lo que aparentaba. Quiero irme de aquí.
Me acuerdo también de la pobre ha#ng?wg#hfg, pues cogió el mismo tren el día de antes. Ella también creía que iba a ir en segunda clase. Su 1,40 de estatura al menos le permitirá poder entrar en la litera.
Mientras sigo haciendo deposiciones sobre los progenitores de la chica que me vendió el billete, me quedo dormido.

Me despierto, bueno me despiertan con un cabezazo en los pies tal que a las dos de la mañana. Si saco los pies un poco no paro de recibir cabezazos. Os aseguro que cuando yo voy andando por el pasillo no voy restregando mi cabeza en los pies de la gente. A esta gente por lo visto es algo que le gusta. Por primera vez en todo el viaje, tengo la sensación de estar completamente sólo en medio de la nada. Si me pasa cualquier cosa, nadie me va a ayudar ni venir a buscarme. Hay que hacer algo.

Decido modificar el trayecto. No voy a pegarme 50 horas mas aquí. Tengo 3 sitios posibles donde bajarme: Omsk, Novosibirsk y Taiga. Por supuesto no tengo Hostel en ninguno. La cuarta opción es llamar a Max Power.

Le pido a la Plovonitza la tabla con los horarios de todas las paradas de este tren. Voy a adelantar mi parada.

La primera parada de las tres es Omsk. Para a las 11 de la mañana. Está demasiado cerca, el billete me ha costado casi 90€ y quiero avanzar algo más.
La segunda es Novosibirsk. Para a las 11:30 de la noche. Parar a esas horas en una ciudad rusa que no conozco y en la que no tengo alojamiento es un suicidio.
La tercera es Taiga. Taiga es un pueblo de mala muerte, pero desde ahí se coge el enlace a Tomsk. Llega a las 7 de la tarde del día siguiente. Tendría que bajarme y ver si hay un enlace que me lleve a Tomsk esa noche para hacer noche en Tomsk. No tengo internet, ni manera de buscar información acerca de los trenes. Pero corro el riesgo de quedarme tirado en un pueblo ruso de mala muerte. Esta última es la idea que más me atrae (me permitiría ver Tomsk) pero el horario no es el mejor del mundo y hay demasiados interrogantes. Además, apenas me quito unas pocas horas de viaje para luego perder día y medio. Descartada.
Sólo queda una opción: llamar a Max Power. Son las 3 y media de la mañana, así que no creo que le haga mucha gracia que le llame ahora. Voy a dormir y mañana vemos.
Me despierto a las 11:30 de la mañana con un dolor de espalda bastante considerable, y viendo por la ventanilla como abandono Omsk. Esa opción queda entonces definitivamente descartada.
Así que llamo a Max Power. Le digo que a ver si mi tren para cerca de su casa o algo así. Obviamente no (cogía otro tren). Ahora estamos separados unos 800 km, entonces le pido a ver si le puede pedir a la plovonitza que me cambie de sitio, por lo menos a una cama de abajo, contándole que pensaba que iba a ir en 2°clase y cama de abajo. Le dice que están llenas. Tiene razón, están llenas. O si puedo pagar un suplemento para meterme en 2° Clase. Tampoco.
Así que le doy las gracias por todo a Max Power, y me voy haciendo a la idea de que éste va a ser el tren que me llevará a Irkustk. No sé cuanto me habrá costado la llamada a Max Power, de unos 10 minutos, pero ese es un problema del que nos encargaremos más tarde.
Me daba miedo que la plovonitza (la encargada del vagón) empezase a tratar peor al guiri pijo que quería ir en 2° Clase. Todo lo contrario. Sabe que soy el eslabón más débil de todo el tren.
Veo el paisaje y ya ha cambiado, ahora todo es una interminable pradera, la cual, presumiblemente, me acompañará hasta Irkustk.

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Vuelvo a dormirme y a lo que me despierto me muero de hambre, así que hecho mano de unos platos deshidratados de esos. Tampoco quiero comer demasiado, si entra menos, también saldrá menos. Viendo los baños, tengo que intentar que no salga nada durante los dos próximos días. Teniendo todo esto en cuenta, cojo el tarro más grande de todos. Lo compré porque me hizo gracia el nombre: big bon. Un producto ruso con nombre mitad inglés, mitad catalán. Fusión de culturas plasmadas en un puré de patata. No se me ocurre qué es lo que puede salir mal. Una cosa buena de estos trenes es que hay suministro de agua potable caliente, por lo que puedes cocinar alimentos deshidratados. Abro el big bon ese y es un puré al que después de “cocinar” hay que echarle más sobres que hay dentro. Después de hacerlo lo pruebo, está cojonudo. Si os veis en alguna de éstas, no lo dudéis: Big bon™. Sabía que no me fallaría.
El big bon hace que empiece a ver todo con más optimismo (desconozco el contenido de esos sobres extra).

Ya me siento más fuerte y vigoroso, además ya sólo quedan 35 horas de viaje.

Ya veo que nuestro Real Zaragoza ha ganado 3-1 (gracias Tré por el sms).

Ya le he cogido el hilo a subir y bajar de la cama.

Ya cocino y me medio aseo (sólo lavados de gato).

Ya termino consiguiendo sacar una foto de unos viandantes estándar totalmente escogidos al azar.

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Ya me he comido un heladico.

Ya no me duele la espalda.

Ya voy por la mitad del libro de 1984, me está gustando mucho (gracias Cris), aunque resulta denso el cabrón.

Ya estoy lejos de casa, pero todavía voy a llegar mucho más lejos.

Ya no estoy sólo, viajo junto a 50 camaradas.

Ya termino el día volviendo a tener claro, más que nunca, que…
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Lo mejor está por llegar.

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