Día -1 (11/6/15): Prefacio

Ya quedan menos de 24 horas para salir. Son las 12 de la noche y creo que voy a estar un rato bastante largo antes de dormir.

Bueno, antes de nada desearle suerte a mi otrora compañero Pedro Paul, al que le hacía todavía más ilusión que a mí el hacer este viaje (si no fuera por las prisas que me metía creo que estaría sin visados). Vaya mala suerte, joderse el pie dos semanas antes de salir.

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Por lo menos sigue haciendo lo que más le gusta (ver envase a su izquierda)

Pasado esto, la cuestión era pensar que hacer (él ya no podría venir ni visitando al doctor Pruna), así que había dos opciones, cancelar todo o seguir adelante.

A principio de año nuevo, hice un propósito por primera vez en mi vida.
El propósito era simplemente no abandonar los propósitos que me fueran surgiendo (vaya castaña llevaba para que se me ocurriera eso).
Para una vez que hacía un propósito de año nuevo, tenía que ser uno con par de cojones, ya puestos.

Obviamente no podía recular.
Si es una buena o mala idea es algo que todavía no sé. Aunque la verdad es preferible actuar en base a una mala idea a no hacer nada. No se puede saber el verdadero valor de una idea hasta que la llevas a cabo.

Pasado este coñazo, vamos al grano.
Ya tengo todo listo, salvo pequeños detalles (baterías cargándose y cosas así). Por primera vez en la vida he terminado de hacerme el equipaje con más de un día de antelación (vamos mejorando Jesús).

Así que hay varias cosas que finalmente van y otras que se quedan.

Lo que se queda:

– El iPad. Me hubiera gustado tenerlo para escribir, leer y jugar durante los trayectos (uno en concreto dura 56horas). No tengo ni zorra idea de donde está. Así que se queda.

-El kindle que me iba a dejar Cris. Iba a perderlo o romperlo, además de que funciona con pilas (poco práctico). Además seguro que todo lo que hay dentro son frikadas.
Se queda.

-Libros. Tengo un par en casa que todavía no me he leído, me hubieran entretenido.
Pero pesan mucho y prefiero chaparme la lonely planet e interactuar con otros viajeros. Se quedan.

-Víveres. Ocupan mucho. Se quedan.

-Toallitas limpiabebés. En el tren me pegaré hasta 3 días sin ducharme, así que me hubieran venido bien.
Hoy en el súper me ha parecido una buena idea, de camino a casa me ha parecido una idea regulera, y cuando lo he ido a meter en la mochila me doy de cuenta de la puta mierda de idea que era:

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Tendría que sacrificar o el neceser o un par de mudas. Pesa algo así como kilo y medio. Se queda.

– El botijo en recuerdo de Piter. No he cometido el mismo error que con las toallitas. No hace falta explicar el porqué. Se queda en la tienda.
Me llevo un recuerdo del Piter. Él lo sabrá cuando vaya viendo las fotos del viaje.

– Movidas del trabajo. Os dejo algún que otro regalito. Se quedan.

-La camiseta de volveremos. Pensaba llevarla. Pero lo de que tenga un dibujo de una polla detrás igual no hace tanta gracia en Rusia. Bastantes asuntos tengo ya. Se queda.

Lo que se va:

-Ilusión. Mucha. Se viene conmigo.

-La camiseta de la peña la higuera. La amarilla. La buena:

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Se viene conmigo.

– El kit de cocina comanche que me pilló el Piter. Se viene conmigo.

-Baraja española. No pienso abandonar mongolia sin enseñar a un local a jugar al guiñote. Ver a un mongol arrastrando será como ver el nacimiento de un hijo.
Se viene conmigo.

-Un dominó y un parchís. También quiero enseñarlo a los locales. Se viene conmigo.

– Una mochila gigante que pesa 16kg y a la que no le entra nada más. Se viene conmigo.

– Dos relojes, uno con la hora de Moscú y otro con la hora local:
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Todos los trenes funcionan con la hora local de Moscú. Iré actualizando uno conforme vaya yendo hacia el este. No me fío del reloj del teléfono móvil, no sé si se actualizará automáticamente o no. O si se actualizará unas veces sí y otras no, dependiendo de si enganche internet. Mejor no dejarlo en manos del azar, que la liaré.
Además, me da una apariencia de persona mentalmente inestable que espantará tanto a atracadores como a miembros del sexo opuesto. Por una parte me vendrá bien, por la otra me quedaré prácticamente igual. Compensa.
Se vienen conmigo.

– Un cachirulo en un lugar visible.

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Se viene conmigo.

– Cámara de fotos:

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La liaremos…
Pero se viene conmigo.

Mañana me espera un día jodidamente difícil. Además de tener que ir a currar (y dejar todos mis regalos bien atados) llegaré a Moscú el sábado a medio día sin prácticamente haber dormido. Veremos como va la cosa.

Lo mejor está por llegar…

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