Día 13 (25/06/15): Cruce de fronteras

Ya ayer noche cogí el tren hasta Ulan Bator. Esta vez sí, compré un tiquet de segunda clase. La verdad es que pensaba que el tren que me llevaría a Ulan Bator sería el peor de todos. Pues no, es el mejor de todos. Así sí que se puede viajar.
Me despierto llegando a Ulan Ude en torno a las 7 de la mañana, salgo a dar una pequeña vuelta para coger WiFi, como en el resto de estaciones. Imposible, como en la mayoría de estaciones. Cabe decir que en principio hay WiFi en todas las estaciones más o menos grandes. El problema es que la señal no llega hasta los andenes de los trenes y hay que ir a buscarla. Lo de perder el contacto visual con el vehículo que carga con todas mis pertenencias es algo que no llevo bien. Suelo quedarme sin WiFi por cagueta.
Viajaba con 3 personas más, pero en cuanto llegamos a Ulan Ude me abandonan dos de ellos. Me quedo en el compartimento con kalanyajaar, un chico mongol.
De hecho en el tren nos hemos quedado cuatro gatos: una pareja de franceses, otra de birmanos, una chica de Hong kong, un mongol y yo. Parece el enunciado de un chiste. También hay un grupo de 4 personas rubias platino que hablan un idioma rarísimo (no me suena a nada que haya escuchado antes) en el que todas palabras son esdrújulas. Hay dos que parecen el hermano y el primo de Raikkonen. Tienen que ser finlandeses.

Mi compañero de compartimento me mira con curiosidad y parece que quiere comunicarse. No hay manera. Es absolutamente imposible aclararme con nada. Me da además la impresión de que no sabe ni hablar en ningún idioma, y se comporta de una manera un tanto rara. Veo que sonríe y me sigue a todas partes. Es el primer mongol que conozco. Creo que es disminuido. No me puedo creer que los mongoles sean así, por mucho estereotipo que haya. Si ese es el comportamiento general de la gente, la sabiduría popular ha dado en el puto clavo.

Hay una parada que está justo en la frontera. Es un pueblo de mala muerte y en la estación no hay nada para comer ni beber. No sé ni como se llama el pueblo. Tampoco veo ningún letrero, por lo que no hay forma de saberlo. Tenemos unas dos horas de tiempo para salir por la estación. De hecho me han cobrado 11 rublos por usar esto:

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El tema es que tenía hoy para comer un puré deshidratado, cuyo envase se ha reventado dentro de la mochila, esparciendo todo el polvo por la ropa recién lavada. Así que tenía que ir a comer de alguna forma, con que he salido al pueblo, para buscar algún restaurante o algún sitio donde vendan alimentos. El pueblo tiene éste aspecto:

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Finalmente encuentro un restaurante a en torno a un kilómetro de la estación. Una sopa y unos dumplings rellenos de carne con queso y por 180rb (3€). Unas nueve veces menos que lo que me cobraron en el vagón restaurante. Vuelvo a la estación. El tren se ha ido. Mi amigo kalanyajaar está ahí, completamente sólo en el andén y sonríe al verme. No veo a nadie más.
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Mierda. El mongolo y yo nos hemos quedado en tierra.
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Empiezo a correr por dentro de la estación buscando a alguien que pudiera ayudarme. Lo he encontrado. Son la pareja de birmanos, que viajan conmigo en el vagón (no los conocía hasta entonces). A los que se habían quedado en la estación les habían dicho que se iban a llevar el tren para luego devolverlo. Respiro profundamente después del microinfarto que he sufrido.

Así que nos dan unos formularios y después de ya no se cuántas horas esperando, salimos hacia Mongolia.
Llegamos a la frontera de Mongolia, donde sube el control de aduanas a sellarnos el pasaporte y registrarnos nuestras pertenencias. Visto desde la ventanilla, se ve que esto es ya otro rollo. Vista de la estación:

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Así que cuando llegan los guardias, se confirma lo que sospechaba. Los guardias tampoco se aclaran con mi compañero (todos son mongoles). Tampoco sabía rellenarse la hoja de entrada. No sabía contestarles a nada. Hasta un guardia ha probado a hablarle en inglés. Finalmente le piden el número de teléfono de sus padres o algo así y se ve que hablan con ellos. Aún con todo le registran la mochila elemento a elemento. Creo que se comportan de un modo bastante duro con el, riéndose de el y buscándole las vueltas. Buscan una sonrisa cómplice conmigo, por supuesto no la encuentran. El pobre chico está bastante peor de lo que imaginaba en un principio, además los agentes lo están poniendo muy nervioso, casi parece que se va a echar a llorar. Lo que no entiendo es cómo le dejan viajar sólo hacia otros países. Creo que no está en condiciones, de hecho esta vez casi no le dejan volver a entrar a su país.

Aquí se puede ver a un agente de aduanas estándar, fotografiada de forma puramente casual:

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Llegan ahora a mi mochila. Esta llena de un polvo blanco amarillento todo desparramado. Es puré deshidratado, cosa que les explico. Aunque todos prueban con el dedo lo que es. Aún con todo suben al perro, pero me terminan dejando en paz bastante rápido.
Finalmente partidos después de un parón adicional de unas dos horas. La plovonitza le ha dicho a los finlandeses que nos iban a dejar bajar. De hecho no nos dejan bajar en absolutamente ninguna estación hasta Ulan Bator. Además, todo el rato que estábamos parados tampoco podíamos ir al baño.
Al final reemprendemos la marcha, y nos dirigimos rumbo hacia Ulan Bator. El tren circula despacio (no más de 60-70km/h) además para cada pocos minutos sin razón aparente. No sube nadie ni dejan bajar a nadie en paradas de hasta una hora (en las que por supuesto no puedes ir al baño). El vagón está muy bien, pero el viaje en sí es tedioso. La gente suele cruzar la frontera en bus. De hecho, no hay ningún mongol en el tren salvo mi compañero. Ir de Irkustk a Ulan Bator en tren es la opción más sencilla, no la mejor. Por su sencillez lo hice yo así. Supongo que él también viaja así por la misma razón.
Saco algunas fotos desde la ventana

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El paisaje, al menos por esta zona, es sorprendentemente más húmedo que la zona de Irkustk,de muchísimo más que la zona del lago Baikal.
Los pueblos ya se ve que son otro rollo. Sí que hay una cosa que me llama la atención: veo niños jugando por todas partes. En Rusia no recuerdo ver a ninguno.
Mañana llego a Ulan Bator a las 5 de la mañana, así que tendré que madrugar. Supuestamente tiene que haber un taxista del hostel esperando en la estación para recogerme, veremos si es verdad.
Dicho todo esto, me voy a dormir.

Lo mejor está por llegar.

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Día 11 (23/6/15) Luces y sombras

Me levanto. He quedado con Camille para desayunar, para luego ir a ver el cabo Khoboi. Antes de desayunar, veo que mis visitas al blog se han cuadruplicado, no entiendo muy bien por qué, así que he hecho algunas modificaciones para intentar hacerlo más amigable. Ahora en el menú de arriba a la derecha se pueden seleccionar los diferentes posts, sin tener que tragarte todo haciendo scroll.

Bueno, desayuno con Camille para luego ir al centro de información de kuzhir, que es donde salen los jeeps de la excursión.
Había ido ayer por la tarde para pedir un tiquet y me dijeron que no hacía falta, que solamente tenía que presentarme ahí a las 10 de la mañana. Pues a lo que voy me piden el tiquet. Por supuesto no tengo. Tampoco sitio. Así que me quedo sin excursión.
Camille termina rechazando la excursión, ya que ahí no hay absolutamente nadie que hable inglés, al contrario de lo que le prometieron.
Así que nos quedamos los dos en tierra.
Vamos dando una vuelta por ahí a ver si hay algún otro tour pero a Camille ninguno le convence, entonces decide que se quiere quedar un día andando por el pueblo. Vamos, lo que yo había estado haciendo ayer.
En esta vida hay personas que personas que pueden llegar a ser muy importantes, pero llega un punto en que uno no las necesita más. Buena suerte Camille.
Así que voy viendo las pocas cosas que todavía quedan para hoy y veo que hay un tour en barco hacia una isla sagrada o algo así. Pillo el tiquet y voy al barco.
Tal y como estoy entrando veo a un chico y una chica, que me dicen algo en inglés, pero su acento (aunque hablan perfectísimamente) les delata. Le pregunto al chico a ver de donde son y me dice que viene de la luna. No vienen de la luna. El chico, Alejandro, es colombiano. La chica, Maite, es de Córdoba. Son unos individuos especiales. Jodidamente especiales.
Son amigos de amigos. Iban a hacer el transmongoliano cada uno por su lado con sus respectivos acompañantes, y ambos acompañantes se rajaron. Así que contactaron para hacer el viaje juntos. No lo empezaron a la vez ni lo van a terminar a la vez, pero van a compartir parte de la ruta.
Alejandro es una especie de Pablo Escobar con tatoos. Personalidad tremendamente expansiva. Quizá la persona más extrovertida que veo en años. Se vuelve a Londres el día 20 de julio. Es un futbolero de la leche. Hemos estado hablando de la final de la UEFA que perdió el alavés. Que le pregunten a cualquier español acerca de algún equipo modesto que llegó a la final de la copa América hace 15 años. También se acuerda del gol de Nayim. Dice que ha visto muchísimo fútbol y que nunca ha vuelto a ver algo igual. Yo creo que tampoco. Seaman supongo que vio el balón en la repetición.
Maite, en cambio, no tiene fecha de vuelta y ni siquiera sabe donde va a ir. Dice que se va a quedar a trabajar en alguna granja de Mongolia, que está hasta el potorro de Londres y su contaminación. Una catacrack igualmente.
Sus métodos de viaje son bastante heterodoxos. No vienen con los visados hechos, y aparecen en las ciudades sin alojamiento, y sin saber cuanto van a estar. Creo que habían llegado a hacer alguna noche en casa de rusos que habían conocido el mismo día. A kuzhir se presentaron sin alojamiento, para ir puerta por puerta hasta que alguien les dejase dormir en su casa.
Me dicen que soy un chico muy ordenado y apañado, y se sorprenden de como tengo todo programado. Definitivamente vienen de la luna.
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Alejandro, ruso #1, Maite, ruso #2 y rusa #3

Vamos en el barco hacia la isla esa, con un guía que parece el jefe de un alzamiento militar más que un propio guía:
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Le digo a Maite que el tipo lleva un pin del Che en la gorra. Ella casi se emociona, no puede creer que lleve un pin del Elche en la gorra.
Así que llegamos a la famosa isla sagrada. Vamos, lo que había que ver era un obelisco con cuatro piedras alrededor
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Foto desde el mismo lugar con turistas estándar seleccionados totalmente al azar:

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Aún con todo, las vistas desde la isla son espectaculares:
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Nos mandan a otra isla en donde se puede beber agua sagrada

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Vamos, unos palos desde los que sale agua, aún con todo las vistas parecen bonitas. Nos dan de comer. Un ruso me recomienda que coma un plato especial de carne que preparan. Es un dumpling con una albóndiga dentro. Creo que esta gente es fácilmente impresionable.
Las vistas desde esta otra isla tampoco están mal.
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Así que terminamos volviendo a kuzhir. Estos van a acampar por la playa esta noche, no obstante les enseño mi hostel para que puedan dormir mañana. Me acompañan, lo ven, yo ceno y acudo a la playa.
Así que ceno y voy a la playa que les he dicho. No están. La recorrido de adelante para atrás dos veces y no están. Me la han jugado. Se está acabando la luz del sol. Así que vuelvo, triste y solo hacia el hostel. Me voy a dormir. No me apetece escribir el blog. Lo escribiré mañana. Termino quedándome dormido.
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Me despierto con unos gritos que vienen de la calle. Un poco raro dado que de noche nunca hay nadie por ahí.

-Jesuuuuuuuuus!! Jesuuuuuuus!

Joder. Son ellos. Han venido a buscarme.
Entonces recuerdo aquella vez cuando David y Edu vinieron a buscarme hasta mi dormitorio para intentar sacarme de la cama y llevarme de fiesta. Aquella vez terminé quedándome en la cama. Hoy no voy a cometer el mismo error.
Así que me visto y salgo a la calle con ellos. Ellos también pensaban que yo se la había jugado.
Vamos a un bar. El primero que vemos abierto. Vamos a echar unas cañas de tranquis. Cuando vamos a echar la segunda caña Alejandro se acerca y me dice al oído:
-Prepárate para beber vodka paxi.
En torno a un minuto después, una mesa con un montón de rusos nos llama para que vayamos. Nos sacan ya dos chupitos de vodka a cada uno para la bienvenida. Tienen una botella en la mesa y vasitos. Aquí se funciona así.
Hay un señor que habla español, que tiene 30 años pero aparenta unos 140. Bueno sabe tres frases: amigo mío, un dos tres cuatro, y ¡no pasarán!
Cuando suelta el ¡no pasarán! Maite y yo casi nos meamos de la risa. Entonces lo empieza a decir más. Sus amigos lo aprenden y lo empiezan a decir. Todos los brindis los hacen al grito de ¡no pasarán!
Por supuesto ninguno tiene ni idea de lo que significa y mucho menos las implicaciones que trae esa expresión.
En la mesa de enfrente hay dos chicas jóvenes. Les decimos que vengan, aunque sea para ayudarnos a traducir.
Así que entonces vienen Svletana y Sochi.
Svletana es de Tomsk. Me recuerda por enésima vez que tenía que haber ido a Tomsk, y que si iba mal de tiempo que hubiera ido ahí en lugar de a Ekaterimburgo. Probablemente tenga razón. En realidad la hemos llamado porque veíamos por el rabillo del ojo que se descojonaba con nuestra conversación con los rusos. También se reía cuando hablábamos nosotros, así que también sabía español o inglés.
Sabía inglés bastante bien. Sochi en cambio no habla ni papa.
Sochi dice que no es rusa, que es Burat. Es rusa. Veo que en todos sitios cuecen habas. No obstante tiene pinta de pertenecer a alguna etnia pequeña. Tiene rasgos asiáticos pero no se parece demasiado a lo que he visto por aquí. No parece mongola, ni coreana, ni china, ni japonesa.
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Sochi y Svletana
Total que se arrancan a echar chupitos con nosotros. Conforme se van echando chupitos, Sochi empieza a hablar inglés (al principio un poco a pedales). Cada chupito que se casca Sochi supone 200 palabras nuevas de vocabulario de inglés. No es que no supiera hablar nada de inglés, es que era muy tímida.
Sochi resulta ser un ser absolutamente adorable. Me resulta graciosísima. El problema es que mi inglés va decayendo con cada nuevo chupito. Mi español también. Ahora Sochi es la que se descojona. Estamos un rato todos en el bar hasta que termino yéndome de ahí. Mi cuerpo no aguanta más.
Me despido de todos ellos del modo que más me gusta: a la francesa.
Mucha gente no suele entenderlo, pero para mí esa es la manera más elegante posible de despedirse.
Las calles están sin iluminación. Tengo que llegar al hostel, y no veo más que sombras. Consigo llegar a mi hostel a la primera, siendo esto algo inédito desde que estoy en kuzhir. Las sombras me han mostrado el camino. Quizá debería haberle perdido el miedo a la oscuridad rusa un poco antes, pero bueno, está bien así. Me meto a dormir. Mañana será otro día.

Lo mejor está por llegar.

Aunque hoy ha quedado el listón bastante alto

Día 12 (24/6/15): Último día en Rusia.

Me despierto. Tengo una resaca del copón. Ayer me pillé una mierda del 15. Y del 20. Reviso a ver si conservo todas mis pertenencias. Las conservo. En días como ayer he tenido una tendencia histórica a extraviar objetos de elevado valor. No ayer. Bien.
Reviso la cámara de fotos. No hay casi ninguna foto que se salve. Todas movidas. Tenía el objetivo equivocado y la configuración equivocada (el ISO fijo a 200). Así es imposible que saliese algo medio potable, salvo 3 o 4 fotos.
No obstante, me gusta que sea así. Que mis recuerdos de esa noche sean un puñado de fotos inservibles. Probablemente las imprima en un hoffman.

Menos mal que contraté el viaje de vuelta a Irkustk a la 1 del medio día. En cualquier otro caso lo habría perdido. Lo único malo es que mi tren a Ulan Bator sale a las 10 de la noche y voy un pelin justo. Un viaje de 6 horas lleno de curvas y baches. Exactamente lo que necesito un día como hoy.
Le tiro una foto al Hostel desde la entradilla. Me parece un lugar entrañable:

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Si el otro día el otro conductor nos llevó rápido, lo de hoy es ya deporte extremo. Me niego a mirar la carretera. Si llego llego, y si no, pues santas pascuas.
Terminamos llegando en 5 horas. El Kimi Raikkonen este ha batido la previsión en una hora. Sólo se me ocurre una palabra: cabrón. Estar 5 horas cagado de miedo no es la mejor manera de despedirme de Rusia. Veo que el post de ayer me lo he cargado entero, no se que ha pasado pero se me ha borrado. Tendré que reescribirlo de 0. Pero también tengo que ir al supermercado y hacer más cosas, así que el post de ayer seguramente lo deje sin cargar.
Llego al hostel y Asha no está, una pena no poder despedirme. Pero tengo una idea. Voy al supermercado y le compro un regalo que bien se merece:

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De Jesús con amor

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Jesús transforma el agua en champán, no en vino.
Redondo.

Mas chabacano que el copón pero redondo. La intención es lo que cuenta.

Así que termino de escribir esta entrada y salgo a coger el tren a Ulan Bator. Llegaré pasado mañana por la mañana. No esperéis ninguna actualización hasta entonces.

Lo mejor está por llegar.

Día 10 (22/6/15): Descanso

Hoy no ha sido un día en el que no he hecho grandes florituras. Necesitaba algo de descanso después de tanto viaje, además luego vienen curvas.
Voy temprano un rato a la playa. Está como me gusta: ni mucha ni demasiada gente

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Me meto al agua. Está congelada, así que duro unos 30 segundos. Ya puedo decir que me he bañado en el lago Baikal. Fin del sufrimiento.
Después de un rato, me termino demostrando a mí mismo por enésima vez algo que ya sabía: no me gusta la playa.
Así que me dedico a dar una vueltilla por ahí. En la colina que hay al lado del pueblo, hoy hay vacas. También había una vaca que se había extraviado en la playa.
Hay una cosa en la que me he visto decepcionado. Y es que, creo que las vacas salvajes son de atrezzo.
Vamos a ver, las vacas se juntan con los toros, y tienen vaquitas y toritos. Pues bien, no he visto un sólo toro. 100% vacas. Así que algo creo que no encaja aquí. Durante el camino sí que eran vacas (y toros) salvajes, pero las que hay en la isla creo que son introducidas. Por otra parte, por pacíficos que sean, no sé si es muy buena idea tener toros sueltos por la calle.
De todas maneras resulta curioso estar en un sitio lleno de vacas.

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Y aquí se muestra la vaca exultante, tras su pequeña victoria

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Son pacíficas, pero no juegues con su comida.

Aún me saco una foto por ahí, bastante thug life:

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Vuelvo al hostel. De camino de vuelta, segunda decepción. No está el tanque.
De hecho, es un tanque en el que te montan para hacer excursiones, a modo de autobús, no es el juguete de algún excéntrico como pensé en un principio.

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Pero, es un día un poco aburrido, así que entro al local:

-Buenos días
+Buenos días(hablan inglés, de pm)
-Quisiera alquilar un tanque.

Me empiezan a sacar folletos…le interrumpo,

-¿Tenéis algún tanque más grande?
+No. Sólo tenemos ese.
-De acuerdo. Quiero alquilarlo. ¿Me podríais decir cuanto cuesta?
+No es para alquilar. Organizamos tours por la isla. Si quieres…
-No quiero ninguna excursión. Quiero alquilarlo. Quiero conducirlo yo. Darme una vuelta.
+En principio esto no está pensado para alquilar, pero espera un momento.

Llama a un hombre que está por detrás, la chica hace de traductora.

La virgen que me llevo el tanque

*¿Tienes formación en el manejo de este tipo de vehículos?
-Por supuesto. En el ejército español.
Sólo que no estoy familiarizado con este modelo. Necesitaría que me explicaseis los mandos y ya está.
*¿Y que quieres hacer con el?

Trompos y tirar árboles

-Nada, hace unos 5 años que no manejo uno, y quisiera volver a conducirlo.

*Mira, no eres el primero que quiere alquilarlo. Pero no puedo alquilártelo, por mucho que digas que sepas usarlos. Es un aparato muy peligroso en malas manos. No puedo dárselo a cualquiera. Y no sé ni cuanto cobrarte.
-Mmmm. Vale. ¿Y con un acompañante?
*No, tampoco. Pero muchas gracias por el interés.
-Gracias a vosotros!

Bueno, me quedo sin tanque. Además intuyo que me hubieran pedido un riñón por el, así que tampoco lo hubiera cogido. Pero había que intentarlo. Además han sido más majos que la hostia, lo normal hubiera sido mandarme a la mierda.
Así que vuelvo al hostel, me echo una siestecica y vuelvo a la playa

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La cosa se ha embrutesío bastante. Además hace un frío del horror. Así que media vuelta. Y poco más. Me he lavado la ropa a mano con un jabón de lagarto (mi abuela lloraría al verme, no se si de la emoción o de la risa). Cenar, y escribir el blog. He cenado con Camille, una chica francesa de quizá unos 35 años. Se va a hacer un viaje por todo el mundo sola durante 2 años. Ha empezado por el transmongoliano, pero no sabe casi ni lo que va a hacer mañana (de hecho al final se viene conmigo). Sabe que va a Mongolia el jueves pero ni siquiera tiene alojamiento. Sabe que va a China pero no sabe ni por dónde empezar. Una valiente. Me gusta la gente valiente. Mañana me iré de excursión al cabo del norte de la isla. Otro día tranquilito. No tanto como hoy, que me he terminado hasta aburriendo. Pero al menos estoy bastante más descansado.
Veo por enésima vez que facebook me sugiere como amigo a éste señor:

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Si fb considera que este señor y yo tenemos muchas cosas en común, significa que estoy haciendo las cosas bien.

Lo mejor está por llegar.

Dia 9 (21/6/15): Viaje a Olkhon

Me despierto. La furgoneta que me lleva a Olkhon llega a las 8:45. Son las 8:35. Mierda. Toda la vida igual.
Consigo empaquetar todo en la mochila, bajo y me monto. Me esperan 6 horas de viaje.
La furgoneta va por diferentes hostels de Irkustk recogiendo gente. En la primera parada se monta Francisco, un chileno. Es la primera vez que tengo una conversación en español en los últimos diez días.
Segundo sitio. Se montan un matrimonio de jubilados. Españoles. De Zaragoza. José y Susi. José es un tío de puta madre, más llano que la hostia y más basto que un arado. Vestido con una camiseta de propaganda. Me pegaré hablando con el todo el viaje, es un crack. Susi, por el contrario, es gilipollas. Una prepotente de mierda. Le falta tiempo para decir que han viajado por todo el mundo y que se han gastado 6000 pavos cada uno en este viaje, y que les está pareciendo súper ordinario. La verdad es que les han organizado un viaje de mierda, todo hay que decirlo. Desde Vladivostok hasta Krasnoyarsk. Por otro lado me parece cojonudo que vayan repartiendo su riqueza.
Salimos de Irkustk en nuestra frago. El panorama va cambiando poco a poco de esto:

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A esto:

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Para acabar con esto

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Típico paisaje mongol por otro lado.
Vemos que hay vacas y caballos salvajes. Las vacas salvajes son básicamente vacas normales, sólo que están libres del yugo humano. Cruzan la carretera cuando les viene en gana, para eso son libres oye.

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Vamos, aquí no hay humanos y hay kilómetros y kilómetros cuadrados de pradera para ellas solas. Es un buen lugar para ellas.
Los caballos salvajes también son caballos normales, por cierto. Comparten su pradera con las vaquitas.

Así que finalmente, tras 8 horas y media de viaje (2 y pico más de la cuenta). 4 de ellas por caminos de tierra. Al principio, con la pista en buen estado, el conductor llevaba la frago sobre tierra a unos 80-90 km/h contravolanteando y haciendo culear la frago constantemente. Se ve que el tío controla, pero yo casi me cago encima, sobre todo un par de veces que se ha quedado a un palmo de salirse.
Una vez en la isla, me dejan en mi hostel, lo regenta una señora de unos 60 años que se llama Olga y que no habla ni una palabra de inglés. Esta de puta madre, son varias casitas de madera y Olga prepara una comida cojonuda. Un 10.
El pueblo, bueno, pues luce tal que así:

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También hay vacas salvajes por medio del pueblo

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Parecen inofensivas, pero siguen siendo animales grandes con unos cuernos que te cagas. No me acerco más de la cuenta.

Me acerco al lago. Está bastante chulo la verdad, el panorama desértico alrededor del lago otorga una estampa marciana:

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Este soy yo al lado del pedrolo que hay al lado del pueblo

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Y aquí otros pedrolos (bueno creo que es el mismo desde otro ángulo):

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Un poco antes, ha habido una horda de japoneses que estaban encorriendo y sacando fotos a un misterioso animal, debido a lo inusual de su aspecto. Estaban ahuyentándolo cuando se ha acercado a mi posición. Le he hecho gestos de que viniera y se ha puesto junto a mí. He podido incluso tocarlo. Me llueven fotos por todos lados. Yo también le tiro una foto.
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No sé, a mi me parece un perro:

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Vuelvo al hostel, lo cual me sirve para volver a sorprenderme del comportamiento y artilugios de los rusos. Por ejemplo, de la moto con sidecar definitiva:

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Eso sí que es una caja de muertos

También he visto una frago andando por la playa, bueno, por el agua:

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Una pedazo de chopper que te cagas:

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Por las ciudades rusas me he hartado de ver cochazos, a cual más excéntrico. La verdad es que en esta isla no hay carreteras y no puedes llevar coches de esas características.
Los rusos son gente práctica, así que si no se puede fardar de coche,
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Nada mejor que fardar de tanque:

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Por si alguien no se había enterado…

He vuelto a ver a Jean Luis. Ni rastro del tipo pasivo. Luego me he dado un paseo al lado del hostel con una señora suiza, Annie, que trabajó durante 10 años como secretaria del ministro de finanzas suizo. O lo que tiene en la cabeza vale millones, o necesita millones en medicación. Yo personalmente le creo, parece una señora con una formación bastante sólida. Mañana me dedicaré a andar tranquilamente por el pueblo, leer y bañarme, así que tampoco esperéis gran cosa. Me tomo estos próximos días de relax, algo así como un alto en el camino. Luego llegará Mongolia, eso es otro rollo.

Lo mejor está por llegar…

Día 8 (20/6/15): De vuelta al barro

Me despierto. Son en torno a las 3 de la mañana. El tren huele a cuadra que mata, así que me voy un poco a la unión entre los dos vagones para respirar algo de aire limpio. No se si es buena idea porque, efectivamente, aunque haya podido respirar aire limpio, ahora cuando vuelvo huele mucho peor todavía. No me vuelvo a dormir. Así que poco a poco se acercan las 8:32 de la mañana, que es cuando llego a Irkustk.
Bajo de la estación y al menos a esas horas, no hay mucha gente decente circulando por ahí. Me he aprendido el camino de memoria en el tren para no andar sacando mapas ni hacerme el perdido.
Una cosa que de la que me he dado cuenta, es que no debo parecer un guiri a simple vista. Obviamente la cago cuando abro la boca, o saco el mapa, o saco la cámara. Mucha gente de me ha acercado durante el viaje para preguntar por calles, en las paradas de autobús, supermercados. La gente se queda muchas veces bastante sorprendida cuando les habló en inglés. No parezco un guiri. Eso es bueno. Eso es un ahuyentador de cacos.
A lo que llego me encuentro con esto:

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Irkurstk está chulísimo. Esperaba que todo el mundo tuviera rasgos asiáticos. Nada de eso. Los hay, bastantes, pero son minoría. El resto parecen rusos como todos los demás que he visto antes.
Por supuesto me pierdo intentando ir a pelo. Tampoco me he ido más de la cuenta, sólo tengo que hacer un pequeño rodeo.
Llego al hostel. Está de puta madre, el mejor con diferencia de lo que llevo de viaje. La chica que lo lleva, Asha, es una cachonda mental. Me invita al café y a las pastas suyas a cambio de que le choque la mano, para que su compañera nos haga una foto mientras tanto. Le va a mandar la foto a sus colegas diciendo que se ha estado chocando la mano con Jesús. Conozco a también a una pareja de gayers franceses (Jean Luis y el chico pasivo). Llevan ya un mes en Rusia parando por todos los sitios posibles. Me cuentan que han hecho el amor ya en 10 estaciones diferentes (veo que se toman confianzas bastante rápido). No obstante, hacer eso en Rusia demuestra que son gente valiente. Me gusta la gente valiente. También he conocido a otros gabachos que habían venido en bicicleta desde Francia, pasando por la India y Tailandia. Otros valientes (pero estos ya creo que tenían algo de desorden en el mobiliario).
Total, que llego al hostel y no tengo reserva, aunque tengo sitio. No sé tampoco cuantos días quiero quedarme ni lo que voy a hacer. Asha alucina conmigo. No entiende muy bien como puedo presentarme así, pero se lo toma a cachondeo.
+Venga Jesús si me sacas un par de botellas de vino de ese grifo te perdono.
– Dame un par de botellas de agua, unos 15 minutos y te traigo un par de botellas de vino. Jesús nunca enseña sus trucos en público.
+El súper está todavía cerrado Jesús.
-…

Al final lo de llamarse Jesús va a ser una ventaja y todo.
Lo cierto es que no podía decirle lo que iba a hacer porque todavía no tenía el billete para ir a Ulan Bator. Tengo que volver a la estación a comprarlos. Asha me prepara un papel escrito en ruso con los viajes que quiero coger y el orden de preferencia. También me da un mapa de Irkustk señalándome donde tengo que coger el tranvía para ir a la estación, ahorraré tiempo.
Voy al punto que tengo marcado. Está justo al lado del hostel. Cojo un trolebús (que recuerdos Edu malo)… En la acera de enfrente… Así que ya voy viendo que no gira donde tiene que girar. Digo bueno, la he cagado, voy a esperar a que llegue al final de la línea. Veo que casi no para. De hecho, casi no para por que es un puto interurbano. He cogido el casetero de Irkustk. Se me acaba la paciencia. Estoy en a tomar por culo. Hemos llegado ya a otro pueblo (de bastante mala muerte) y veo que el autobús para. Hay gente enfrente esperando a otro bus. Así que me bajo y justo viene otro bus. Le pregunto señalando al suelo
– ¿irtkusva?
– niet
– ya verás como sí hombre, que acabo de venir de ahí (castellano).

Arranca el autobús. Sí que va a Irkustk (ya decía yo), pero va por otro camino diferente. Cuando veo que va por medio de la ciudad veo fugazmente: ulitsa lenina. Todas ciudades rusas tienen una calle Lenin, y siempre suele ser la principal. Es como la plaza de España pero en Rusia. Todos pueblos tienen una, y suele ser de la principales. Me bajo en la siguiente parada, miro el mapa, y efectivamente, estoy cerca del Hostel.
Vuelvo a donde tenía que coger el tranvía, pero esta vez a la acera buena. Así que cojo el trolebús que me lleva a … tomar por culo 2™.
A tomar por culo 2™ es un lugar mucho más agradable, parece una especie de teatro. Esta vez me bajo bastante antes, y memorizo el número de línea que era. Voy a la acera de enfrente a esperar a  que venga otro autobús de la misma línea. En este segundo intento ya me he ido de menos, vamos mejorando. Así que después de esperar 25 minutos sólo en la parada (que se me han pasado como 25 años) cogo el autobús que me devuelve exactamente al punto de partida. Mientras estoy esperando en a tomar por culo 2™, analizo la situación. El circulito que me ha pintado Asha es la dirección del hostel, no de la parada de tranvía. La parada del tranvía está en otra calle a unos 200 metros.
Voy ahí, efectivamente viene un tranvía (no un trolebús) y me lleva a la estación. He empleado unas 3 horas en hacer un trayecto de 10 minutos.
Voy con la notita de Asha y sin problemas, cogo billete a Ulan Bator. El día que yo quería no había tren, sólo al siguiente. Pues al siguiente. El trayecto lleva 32 horas, pensaba que eran 10 o 12. Llegaré a Mongolia día y medio más tarde de lo previsto.
Con mi billete vuelvo al Hostel a decirle a Asha lo que quiero hacer.

-Ya pensaba que me ibas a traer un palet de vino Jesús. Y te presentas sin nada. Que cojones has estado haciendo?

Le cuento un poco la aventura. Casi no se lo cree.

-No tenías más que andar 100 metros Jesús, no puedes ser tan despistado.
-Ya…

Bueno ya tengo mi ticket a Ulan Bator, tengo mi viaje de ida y vuelta a Olkhon, mi hostel de Olkhon (lo lleva todo Asha). Ya he cancelado los días que no voy a estar en UB. El camino se despeja. Ya no tengo casi nada en el aire. Bien.
Me ducho durante más de media hora (después de 3 días) y como. Ya me siento de nuevo en plena forma
(el viaje hasta aquí ha sido una tortura).

Salgo a ver Irkustk. Lo primero que decir de Irkustk es que es bastante más pequeña que Ekaterimburgo, sin embargo me resulta enormemente confusa, no hago más que equivocarme continuamente. Es, también, mucho más anárquica y bizarra que todo lo que había visto. El tráfico es espeluznante. Esto debe ser la cuna de los vídeos de “driving in Russia”. Conducen de un modo suicida, además hay que sumarle que el 70% del parque automovilístico está compuesto por coches japoneses de segunda mano. Esto quiere decir que el 70% de los coches llevan el volante a la derecha y el otro 30% a la izquierda. El cóctel resultante es acojonante. Nunca había visto nada igual.
También es más pobre. Los petrodólares no han llegado tan lejos de Moscú.
Dicho esto, hay que decir lo otro: es preciosa. La combinación de belleza y anarquía le imprime un enorme magnetismo. Ekaterimburgo era mejor de lo que esperaba, pero Irkurstk es bonita, muy bonita. Infinitamente mejor de lo que la esperaba.
No hay casi hormigón. Los edificios son, bien señoriales o bien preciosas casitas de madera. Por supuesto también hay edificios modernos más normales.
Patio de una casita de madera.

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Casita de madera:

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Edificios algo más señoriales

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El arco del triunfo (esto lo digo yo)

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Una catedral que empieza a tener una decoración ya, un tanto mongola:

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Y aquí una que había al lado que parecía el patito feo, pero que a mi juicio era mucho más elegante (la foto no es muy buena):

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Aquí estoy yo con el fundador de siberia a mi derecha, además hay una estatua de un señor irrelevante:

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También en el paseo maritimo

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Cosas bizarras, pues también, bizarro sería venirte a Irkustk de erasmus

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Tomarte un café (yo lo he hecho) en un starbucks con muy sutiles cambios en su logotipo:

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Ver una orquesta con señoras bailando:

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Ver una concentración de Toyota Grandis spec II (no los había visto en la vida). Ha habido roscos de uno de ellos al llegar. No me ha dado tiempo a tirarle una foto.

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Y a sus orgullosos poseedores:
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Una estatua que representa la hermandad entre Japón y Rusia.

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Me juego 5000 rublos a que Rusia está representado por el imponente monolito, y Japón por el huevo.

Por supuesto, el maestro:

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Y alguna de sus travesuras arquitectónicas:

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Un ciclón trabajando a sobrepresión (mi jefe estaría orgulloso). Yo no.

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Vuelvo al hostel. Hay otros guiris de Londres. Voy a echar unos vodkas con ellos, pero va a ser un ByC (botellón y a la cama). Mañana a las 8:45 me voy a la isla de Olkhon, así que no lo voy a liar.

Ah, se me olvidaba. Una foto de viandantes estándar totalmente escogidos al azar:

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En lo que parece ser, el rodaje de un anuncio de compresas.

Lo mejor está por llegar.

Día 7 (19/6/15): El día de la marmota

Me despierto. Sigo en mi tablón confortable litera. He soñado que estaba en casa, pero no feliz sano y salvo, sino cagándome en mis muertos de haber como iba a llegar a Irkustk a tiempo, a ver que avión tenía que coger para llegar. Cuando trato de averiguar como he llegado hasta ahí el sueño colapsa y me despierto con el traquetreo y un buen dolor de espalda. Una buena técnica inconsciente para escapar de las pesadillas.
De puta madre, estoy donde quiero estar, hecho mierda en el peor pasaje posible de la red ferroviaria rusa.
Ayer por la noche intenté conseguir un hilillo de WiFi en Novosibirsk para ver si me cargaba el blog. No fue posible. Veo que el teléfono actualiza automáticamente la hora, sin embargo sigo necesitando el reloj de pulsera para conocer la hora que hay en Moscú. Ya me he movido 4 husos horarios desde allí. Creo (la lógica me lo dice) que cuanto mayor es la latitud más rápido cambias de huso horario. Sigo guiándome por la hora de Moscú, todos los horarios de las paradas están en esa hora. Desde que me cargase el reloj analógico, ha pasado a ser el digital el que lleva la hora de Moscú, y el teléfono el que lleva la hora actual.

La siguiente parada larga era Krasnoyarsk, ayer no la consideré entre las opciones para cambiarme de tren, sin embargo era la mejor opción de todas. Ya me he medio acostumbrado a viajar así, por lo que continuaremos así. Intento conseguir otro hilillo de WiFi y lo consigo, pero durante unos 30 segundos, suficientes para cargar el whatsapp (y ver que Max Power me pregunta como va la cosa) pero insuficientes para cargar el blog. Sé que hay WiFi gratis en la estación pero no puedo alejarme demasiado del tren. La plovonitza tiene mi billete, y es posible que cruce alguna puerta por la que no pueda regresar a mi tren. Me pasaba en las estaciones de metro de Moscú al realizar transbordos. Para cuando me quería dar cuenta tenía que pagar otro billete para entrar. Aún así me alejo algo del tren, pero me da miedo el poder quedarme tirado en la estación sin poder explicarle a nadie lo que estoy haciendo. Así que sin WiFi.

Supuestamente tenía entendido que la gente tendía a comunicarse bastante en estos trenes para pasar el rato. No es el caso de mis compañeros de viaje, los cuales van cambiando. Los que iban en literas de arriba han hecho todos trayectos cortos, a nadie se le ocurriría hacer un viaje así de largo ahí. Ahora tengo a dos mongoles que no hacen más que escuchar música mongola por el altavoz del teléfono móvil. La odio. Prácticamente no hablan entre ellos, así que menos todavía con el guiri. Todavía no he visto a ningún otro guiri en el tren, tampoco a nadie que hable una sola palabra de inglés. El problema es que quizá se me escapa alguna persona que hable inglés, porque ya me he vuelto perezoso y le hablo a la gente directamente en español. Posiblemente en segunda clase esto no sería así, pero bueno, hay que apechugar.
El paisaje al acabar la tarde cambia un poco. Hay más árboles, y es levemente más montañoso.

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A los que les gusten los atardeceres aquí tienen un buen lugar. Son interminables. Tan interminables que para cuando anochece ya casi está amaneciendo de nuevo.

El resto de purés deshidratados era unos purés normales, nada que ver con magnífico Big bon™, con los mejores sabores de Inglaterra, Cataluña y Rusia.
Sigo leyendo el mismo libro. Sigo durmiendo todo lo que puedo. Sigo con la misma ropa. Paso las horas esperando a que se agote el día.
No he sacado ninguna foto de viandantes estándar totalmente escogidos al azar. Mañana a las 8 de la mañana llego a Irkustk. Ahí volveré a la gresca.

Lo mejor está por llegar…

Porque, desde luego, lo mejor no ha llegado hoy.

Día 5 1/2 y 6 (18/6/15): El comienzo de un largo viaje

Comienzo esta entrada en el momento en que abandono el Hostel de Ekaterimburgo. Ya no iba a actualizar en 3 días y tenía que dar por cerrada la entrada de ese día. Así que al lío.
Cuando voy a abandonar el hostel, Dimitri, el chico que llevaba el hostel, me advierte de que en Ekaterimburgo hay metro, y que debería ir en metro a la estación en vez de andando. Eso hago.
Cuando estoy esperando a la parada le pregunto a un chico, Max, a ver en que lado tengo que subirme y donde tengo que bajarme para ir a la estación de tren. Él también va a la estación de tren, pero no viaja en el mío. Cuando nos presentamos, él me pregunta a ver si también me apellido Nazaret, como el dios (hay que joderse con lo de llamarse Jesús en Rusia), así que yo le pregunto a ver si se apellida Power, como el botón del secador. Se descojona, parece que le he caído simpático. Total que el chico me guía hasta la estación, nos intercambiamos teléfonos y facebook y me lleva hasta el vagón que es el mío. Me dice que contacte con el si tengo cualquier tipo de problema en el tren o en Rusia en general. Un tipo simpático el Max Power. Además tampoco me ha desvalijado (no me fiaba demasiado de un tío tan simpático así de entrada).

Así que tal y como entro veo la que he liado: voy a ir hasta Irkustk en 3° Clase y además, en litera de arriba. Es, básicamente, el peor billete posible que puedes comprar en Rusia.
Yo quería ir en segunda clase, con compartimentos de 4 cerrados, aceptablemente cómodos, y a ser posible, con compañía como la de Eva y Misha. No ha sido posible.
La litera es, esencialmente, un tablón con una esterilla encima. Casi nadie viaja ahí. Mide más o menos 1,65 m de largo, así que o me encojo o se me salen los pies al pasillo 20cm.
Dormir ahí es más o menos como dormir encima de un arcón frigorífico, pero mejor que en el suelo. Yo he dormido en ambos y creerme, es mejor el arcón.

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Tampoco puedo incorporarme ni hay una escalera para subir. Mientras estoy subiendo le pego un golpe al reloj con la hora de Moscú y lo reviento. Me recuerda a la tienda de campaña de Natalia y Chechu en el BBK del año pasado. Ellos no aguantaron 3 noches. A mí, supuestamente me esperan 56 horas de viaje. La mochila tengo que guardarla en el compartimento de arriba. Tengo que hacer equilibrios para tener un mínimo acceso, que no me permite por ejemplo, meter y sacar ropa (además tengo todo ultracomprimido, no es fácil meter y sacar cosas de ahí)
No hay compartimentos cerrados, estamos 50 rusos más y yo hacinados en ese vagón. Es un gallinero, en el que el olor de 100 sobacos, ronquidos y pedos se conjuntan en una embriagadora sinfonía aromática y sonora. No hay papel en los baños, pero gracias a dios hice bien los deberes en Ekaterimburgo. Soy consciente de que debería correr por mi cuenta, es un error que nunca cometo, pero en este viaje es algo que he olvidado una y otra vez. Espero no tener que echar mano de ningún plan b.

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No me importaba hacer algún pequeño trayecto en 3° clase para saborear un poco la esencia de estos viajes, pero la prueba no era hacer un viaje de 56 horas. Este era el único puto viaje donde no podía probar cosas raras.

Me acomodo, por llamarlo de alguna manera y viajar así es incluso peor de lo que aparentaba. Quiero irme de aquí.
Me acuerdo también de la pobre ha#ng?wg#hfg, pues cogió el mismo tren el día de antes. Ella también creía que iba a ir en segunda clase. Su 1,40 de estatura al menos le permitirá poder entrar en la litera.
Mientras sigo haciendo deposiciones sobre los progenitores de la chica que me vendió el billete, me quedo dormido.

Me despierto, bueno me despiertan con un cabezazo en los pies tal que a las dos de la mañana. Si saco los pies un poco no paro de recibir cabezazos. Os aseguro que cuando yo voy andando por el pasillo no voy restregando mi cabeza en los pies de la gente. A esta gente por lo visto es algo que le gusta. Por primera vez en todo el viaje, tengo la sensación de estar completamente sólo en medio de la nada. Si me pasa cualquier cosa, nadie me va a ayudar ni venir a buscarme. Hay que hacer algo.

Decido modificar el trayecto. No voy a pegarme 50 horas mas aquí. Tengo 3 sitios posibles donde bajarme: Omsk, Novosibirsk y Taiga. Por supuesto no tengo Hostel en ninguno. La cuarta opción es llamar a Max Power.

Le pido a la Plovonitza la tabla con los horarios de todas las paradas de este tren. Voy a adelantar mi parada.

La primera parada de las tres es Omsk. Para a las 11 de la mañana. Está demasiado cerca, el billete me ha costado casi 90€ y quiero avanzar algo más.
La segunda es Novosibirsk. Para a las 11:30 de la noche. Parar a esas horas en una ciudad rusa que no conozco y en la que no tengo alojamiento es un suicidio.
La tercera es Taiga. Taiga es un pueblo de mala muerte, pero desde ahí se coge el enlace a Tomsk. Llega a las 7 de la tarde del día siguiente. Tendría que bajarme y ver si hay un enlace que me lleve a Tomsk esa noche para hacer noche en Tomsk. No tengo internet, ni manera de buscar información acerca de los trenes. Pero corro el riesgo de quedarme tirado en un pueblo ruso de mala muerte. Esta última es la idea que más me atrae (me permitiría ver Tomsk) pero el horario no es el mejor del mundo y hay demasiados interrogantes. Además, apenas me quito unas pocas horas de viaje para luego perder día y medio. Descartada.
Sólo queda una opción: llamar a Max Power. Son las 3 y media de la mañana, así que no creo que le haga mucha gracia que le llame ahora. Voy a dormir y mañana vemos.
Me despierto a las 11:30 de la mañana con un dolor de espalda bastante considerable, y viendo por la ventanilla como abandono Omsk. Esa opción queda entonces definitivamente descartada.
Así que llamo a Max Power. Le digo que a ver si mi tren para cerca de su casa o algo así. Obviamente no (cogía otro tren). Ahora estamos separados unos 800 km, entonces le pido a ver si le puede pedir a la plovonitza que me cambie de sitio, por lo menos a una cama de abajo, contándole que pensaba que iba a ir en 2°clase y cama de abajo. Le dice que están llenas. Tiene razón, están llenas. O si puedo pagar un suplemento para meterme en 2° Clase. Tampoco.
Así que le doy las gracias por todo a Max Power, y me voy haciendo a la idea de que éste va a ser el tren que me llevará a Irkustk. No sé cuanto me habrá costado la llamada a Max Power, de unos 10 minutos, pero ese es un problema del que nos encargaremos más tarde.
Me daba miedo que la plovonitza (la encargada del vagón) empezase a tratar peor al guiri pijo que quería ir en 2° Clase. Todo lo contrario. Sabe que soy el eslabón más débil de todo el tren.
Veo el paisaje y ya ha cambiado, ahora todo es una interminable pradera, la cual, presumiblemente, me acompañará hasta Irkustk.

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Vuelvo a dormirme y a lo que me despierto me muero de hambre, así que hecho mano de unos platos deshidratados de esos. Tampoco quiero comer demasiado, si entra menos, también saldrá menos. Viendo los baños, tengo que intentar que no salga nada durante los dos próximos días. Teniendo todo esto en cuenta, cojo el tarro más grande de todos. Lo compré porque me hizo gracia el nombre: big bon. Un producto ruso con nombre mitad inglés, mitad catalán. Fusión de culturas plasmadas en un puré de patata. No se me ocurre qué es lo que puede salir mal. Una cosa buena de estos trenes es que hay suministro de agua potable caliente, por lo que puedes cocinar alimentos deshidratados. Abro el big bon ese y es un puré al que después de “cocinar” hay que echarle más sobres que hay dentro. Después de hacerlo lo pruebo, está cojonudo. Si os veis en alguna de éstas, no lo dudéis: Big bon™. Sabía que no me fallaría.
El big bon hace que empiece a ver todo con más optimismo (desconozco el contenido de esos sobres extra).

Ya me siento más fuerte y vigoroso, además ya sólo quedan 35 horas de viaje.

Ya veo que nuestro Real Zaragoza ha ganado 3-1 (gracias Tré por el sms).

Ya le he cogido el hilo a subir y bajar de la cama.

Ya cocino y me medio aseo (sólo lavados de gato).

Ya termino consiguiendo sacar una foto de unos viandantes estándar totalmente escogidos al azar.

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Ya me he comido un heladico.

Ya no me duele la espalda.

Ya voy por la mitad del libro de 1984, me está gustando mucho (gracias Cris), aunque resulta denso el cabrón.

Ya estoy lejos de casa, pero todavía voy a llegar mucho más lejos.

Ya no estoy sólo, viajo junto a 50 camaradas.

Ya termino el día volviendo a tener claro, más que nunca, que…
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Lo mejor está por llegar.

Día 5 (17/6/15): Último día en Europa

Me levanto temprano, muy temprano, tal que a las 6:30 de la hora local. Lorenzo lleva tocando los huevos desde las 3 de la mañana. No se si es jet o train lag o ambas cosas al mismo tiempo. Salgo a dar una vueltilla en busca de un 24h para comprar leche para el desayuno. En la tienda, veo la maldita botella verde, al lado hay una azul pero a través del plástico se pueden ver estratos de sustancias con diferentes densidades. Debajo hay unos bricks pequeños (de 0.40 o así). Uno verde y uno azul. El azul es un brick lleno de vaquitas azules que me resulta simpático, así que cojo ese. El verde me da pánico. De vuelta en el hostel veo que no es leche, es yogur. Por lo menos no tiene sal, así que me como las madalenicas de ayer mojadas en el yogur. Algo es algo.
Salgo a la calle a verme Ekaterimburgo entero. Tengo sólo un día, así que no hay tiempo que perder.
Lo primero que me llama la atención es que hay una línea roja pintada en el suelo que te guía por toda la zona turistica. Es bastante chabacano, pero para la gente que no le gusta complicarse la vida como a mí resulta muy práctico.

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Veo también a otros turistas, con sus mochilas, que siguen la línea igual que yo. Todos con pinta de capullos. Sólo nos falta la gorra y el pito.
Voy yendo por todos los sitos que me va mandando la línea roja, como la catedral en honor a todos los santos (no es la de ayer, ésta era un pepino):

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La central de correos:

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O el centro de negocios, desde abajo (escena de driving in russia incluida):

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Y desde arriba:

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También me ha dado tiempo a ver aberraciones arquitectónicas (por supuesto tenía que salirme de la línea roja)

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Luego he ido un poco por la zona más comercial:

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Viandantes estándar seleccionados de forma totalmente aleatoria caminando por la zona:

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Para terminar en el punto de partida, el parquecillo ese que colgué fotos ayer. Luego he ido paseando de modo un poco aleatorio y aún me he encontrado con algún rincón curioso.
Una pared con motivos de los beatles:
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Y un monumento de homenaje al teclado qwerty, wtf?:
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Para las 3 de la tarde ya había terminado de ver Ekaterimburgo, así que me he ido a comer, ¿donde? Pues aquí, que busco gresca:
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Ya tengo respuestas preparadas en base a mi experiencia anterior. Si me dicen sanyoa, yo contesto piat (cinco). Nada puede fallar.
Con que llego al kfc e intento pedir en inglés. Por supuesto nadie lo habla.
Así que me la juego:
-Piat sanyoa, please
+piat sanyoa???
– Da, piat sanyoa
+piat???
– Da, piat (con un gesto de reafirmación)
+Ok….

Con que veo que me empiezan a sacar cajas, a la tercera le digo que pare, que pare. Abro la caja. Me están sacando 5 hamburguesas. La chica me dice que le había dicho piat. Y yo da da, pero piat (y empiezo a mover los brazos haciendo el pollo). La chica me regala una cara bastante rara y al final me quedo con tres hamburguesas. No eran grandes, comerse tres era asumible con cierto esfuerzo. No me cobran de más, han sido legales. Me he dado de cuenta de lo que ha pasado: la chica del otro día era una inútil. Sanyoa sí que quería decir hamburguesa o bocata, pero se había confundido al meter los datos en la pantalla. La de hoy se ha comido el pato, y yo, tres hamburguesas, jo, jo.
De todos modos creo que no volveré a un kfc ruso.
Una de las cosas que me han sorprendido, bueno tampoco vamos a entrar en otros debates, es lo legal que ha sido toda la gente conmigo. En muchos otros sitio te intentarán estafar (vete a Italia), aquí no.
La gente no me ha resultado especialmente simpática, pero en general todo el mundo ha sido honesto conmigo. Ni siquiera las casas de cambio, las cuales se quedan no más del 1%. He llegado a ver en otros países casas que se llevaban en torno al 15%. No aquí.
Así que una vez comido (no muy bien pero sí mucho) vuelvo al hostel a esperar un poco a la hora de salida del tren, el cual me sale a las 22:30 hora local. De ahí salgo hacia Irkustk, adonde llegaré a las 8 de la mañana del sábado hora de Irkursk. Me esperan dos días y tres noches en el tren. No va a haber actualización hasta entonces. Dejo de momento la entrada de hoy por cerrada, aunque sean todavía las 7 de la tarde. No podré actualizar luego.
Ekaterimburgo no es en absoluto una ciudad para ir de propio, pero como ciudad de paso es un destino más que interesante. Nada de la gris ciudad que esperaba. Se ven vestigios de una ciudad mucho más gris, pero está en pleno proceso de transformación. Lo que me espera supongo que empezará a ser ya muy diferente, no en vano, esta es la ciudad que limita Europa con Asia.

La madre Rusia luce resplandeciente:
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Lo mejor está por llegar.

Día 4 (16/6/15) Llegada (y un mal trago) en Ekaterimburgo.

Me despierto en torno a las 7 de la mañana. He dormido muy poco. Me doy una vuelta por el tren y me pongo a leer un poco. Me quedo dormido unas 4 horas más. Es buen momento para aprovechar a dormir. Me despierto otra vez y tiro alguna foto que otra. El paisaje se está volviendo bastante monótono, aunque no por ello feo.

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Me doy cuenta de dos cosas que, bueno, en realidad ya sabía.
La primera es que Rusia es grande. Grande de cojones. Después de 27 horas en tren miro el mapa y he avanzado muy poco.
La segunda es que Rusia es pobre. Los petrodólares (y los favores del antiguo régimen) se quedaron todos en Moscú.

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En las paradas intermedias hay gente vendiendo cosas, principalmente comida. Ayer ví a una señora que llevaba algo parecido a una marmota disecada.
Hoy he intentado bajarme en una de estas paradas, pero no he estado hábil. Para cuando yo bajaba la gente ya subía. He decidido bajar al ver a un niño comiéndose un helado. Eso sí que lo necesitaba.
Llego a la estación, y Ekaterimburgo y yo finalmente nos conocemos. Es algo mejor de como la esperaba (se han quedado con algunos petrodólares también). Tras una casi una hora andando (sin perderme) llego al hostel.
Tenía instrucciones sobre como llegar en transporte público pero confiaba en el mapa. Sin problemas.
Los hostels en Rusia creo que están hechos bajo unos estándares bastante más bajos que lo que había conocido. El de Moscú era muy sencillito pero este es un agujero. En todas las páginas de hostels lo ponían bien. Deben tener votantes a sueldo.

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Aquí se puede apreciar la entrada al baño.

No soy amante de grandes comodidades, pero esto casi se pasa de básico. Tan básico como que está sin terminar. Tampoco puedo exigir demasiado por 12€ la noche. A mi me vale.
A lo que he llegado he conocido a ha#ng?wg#hfg, una chica de Hong-Kong que está haciendo el transmongoliano, igual que yo. Sola. Una chinita de 1,45. Valiente, me gusta la gente valiente. Además parece maja. Primera conversación:
-¿Como te llamas?
+ha#ng?wg#hfg
-¿cómo?
+ha#ng?wg#hfg
– ¿puedes decirlo un poco más despacio?
+ha # ng ? Wg # hfg
– vale vale… Encantado. Yo soy Jesús.
+pero Jesús… como Jesús vuestro…
– si si, como el tipo famoso de hace unos años.
+ que nombre tan raro!
– …….

Hemos hablado de nuestros planes y ella me lleva un día de adelanto. Posiblemente vuelva a verla.
Salgo a dar una pequeña vuelta, no he tenido mucho tiempo pero bueno, aquí algunas fotos.
El río que cruza la ciudad, con un paseo que estaba bastante bien cuidado:

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Unas fuentes al otro lado de ese mismo puente

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Unos viandantes estándar totalmente escogidos al azar:

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Y una catedral, la principal de la ciudad, hicieron una y copiaron todas. Lo de la arquitectura comunista creo que les venía muy de antes:

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Y aquí la estatua de un señor que, por supuesto, no sé quien es:

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Aprovecho para ir al supermercado y comprar víveres para el viaje de 56 horas que empiezo mañana. Compró fundamentalmente comida deshidratada para el viaje y algo para cenar y desayunar.

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¿Vosotros sabéis que son los tarros y sobres verdes y rojos? Yo tampoco. A mi me gustan las pringles rojas y verdes, así que he elegido todo de estos dos colores.
He tenido la ocurrencia de cogerlos de dos colores por no jugarme todo a una carta.

Me hago para cenar un sándwich de jamón york con queso y me casco la birra en el parquecico ese. Cuando vuelvo al hostel fruto de la gula decido echarme una vaso de leche con las madalenicas esas. Mojo la primera madalena en la leche, me la meto a la boca y… madalenas saladas. A tomar por saco madalenas!! A la basura.
Por lo menos voy a beberme el vaso de leche. Joder! Leche con sal!!! Pero a quien se le ocurre! En todo caso tendría que ser la botella roja joder!

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Botella de leche con sal, antes de mandarla a tomar por culo. No sabe ni a paprika ni a cebolla, sólo a sal.

Si veis una botella como estas alguna vez, no bebáis. Si queréis probar a que sabe, echarle a un vaso de leche normal una cucharada de sal por que encima ya no es que fuera leche salada, es que tenía un huevo de sal. Por cierto, las madalenas no eran saladas, las he recuperado y están bastante buenas.

Finalmente vuelvo a la cama, termino de escribir la entrada de hoy y termino de hablar con los del hostel de Irkustk, que todavía no lo tengo confirmado.

Lo mejor está por llegar…