El coche más infravalorado de la historia: La vertiginosa velocidad de las lágrimas

Hoy en día Volkswagen se encuentra en una situación crítica. Se ha demostrado que han manipulado los motores de la mayoría de sus coches para conseguir la homologación en términos de emisiones. Ya se ha hablado largo y tendido acerca de este tema, así que lo fácil sería seguir haciendo leña del árbol caído. Pero esto no es a lo que hemos venido hoy. Eso tocará otro día.

Es obvio que Volkswagen hizo cosas malas, pero también hizo cosas buenas

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No, Volkswagen no construyó pantanos. De momento tampoco ha tirado a nadie a una fosa (o eso creo)

Pero lo que sí creó fue la joya de la que os hablaré a continuación.

Eran mediados de los años 90. Los monovolúmenes empezaban a hacerse su hueco en el mercado, que seducían a sus clientes por su amplísimo espacio exterior y practicidad. Pero todos eran muy grandes. Venían a ser una especie de furgonetas reconvertidas a turismos. Eran lentos, pesados y su consumo de combustible, altísimo. Sin embargo, eran enormemente prácticos y las jóvenes familias los adoraban. Eran un filón a explotar.

Existe un dogma en la ingeniería que reza:  En este mundo, si sólo te dedicas a copiar, irás siempre un paso por detrás. Si eres un fabricante puntero no puedes dedicarte a copiar.

Con algo novedoso puedes ponerte a la par de tu competencia. Así que en Volkswagen decidieron que no bastaba con hacer algo novedoso.

Para ir un paso por delante, había que crear algo revolucionario.

Así que decidieron proyectar un coche que ofreciera la habitabilidad de un monovolumen, el tamaño de un coche compacto, y la economía de uso de un utilitario. El nuevo Volkswagen iba a reescribir las reglas del juego, inventando un concepto que dejaría inmediatamente obsoleta a toda la competencia. Los coches comunes iban a dejar de tener sentido. Iban a por todas.

Así que se pusieron manos a la obra…

Para entender de un modo aproximado lo que los chicos de Volkswagen querían hacer, debo hacer una introducción técnica que probablemente aburra a los menos curiosos. Pero es que este artículo carece de sentido sin ella.

Para simplificar al máximo el caso, consideraremos que el vehículo circula a velocidad constante y en línea recta. La potencia necesaria para mover un vehículo en línea recta a velocidad constante viene determinada por la siguiente fórmula:

Pot=V* k*P  +  V*P*sen j  +  ½*r*Cx*S*V3

 Donde:

V es la velocidad en m/s

K es un factor que depende de la resistencia del neumático, presión de inflado, temperatura y otros factores. Lo consideraremos constante.

P es el peso del vehículo en Newtons.

j es el ángulo de inclinación de la calzada. Cuando el ángulo sea positivo (cuesta arriba) la potencia requerida será mayor. Cuando el ángulo sea negativo (cuesta abajo) la potencia requerida será menor. Todo muy lógico.

r es la densidad del aire en kg/m3

S es la superficie frontal del vehículo en m2. A grosso modo, es el resultado de multiplicar la anchura por la altura del vehículo.

Cx es el coeficiente de penetración aerodinámica. Es adimensional y no existe ninguna fórmula matemática para obtenerlo. Sólo se puede obtener de manera empírica.

De la fórmula puede deducirse que el factor con mayor influencia es la velocidad. Si duplicas la velocidad (por encima de ciertos niveles), requerirás aproximadamente 8 veces más potencia para alcanzarla.

Un coche de 120 CV puede alcanzar una velocidad máxima de unos 200 km/h. Para alcanzar 400 km/h necesitarás unos 960 CV y para alcanzar 800 km/h necesitarás unos 7680CV. Por esa misma regla, para circular tranquilamente a 100 km/h necesitas unos 15CV (en realidad son unos cuantos más, 25 o 30, ya que sólo he tenido en cuenta el factor que corresponde a la resistencia aerodinámica). Esa es la potencia que normalmente utilizamos.

Así que para un diseñador de coches sólo quedan 3 factores con los que jugar: el peso del vehículo, su superficie frontal, y el coeficiente de penetración aerodinámica. Reduciendo cualquiera de estos 3 factores reducimos la potencia necesaria para mantener un vehículo a velocidad constante. A menor potencia, menor energía requerida. Por lo tanto, menor consumo de combustible y mayor capacidad de aceleración disponible.

El problema es que la superficie frontal efectiva es algo que ya viene marcado en el diseño conceptual del vehículo. Así que si queremos hacer un coche espacioso, tiene que ser alto, ancho o ambas cosas a la vez.

Lo que sí tiene margen de mejora es el peso y la aerodinámica…

Reducir el peso no es sencillo. Hay que cumplir las normativas de seguridad, y un vehículo de producción debe llevar cierto equipamiento del que no se puede prescindir. Puede mejorarse claro, pero a base de optimizar pieza a pieza, ahorrando gramo a gramo para obtener finalmente un ahorro reseñable.

Pero en Volkswagen además de seguir ese camino, decidieron apostar por una solución radical: no hacer un coche de acero.

El bastidor y la carrocería estarían completamente fabricados en aluminio.

El aluminio es un material que ofrece una relación entre resistencia y peso mucho más favorable que el acero. Además, no se oxida. El problema del aluminio es que es carísimo, por eso nadie lo utilizaba. Nadie, salvo otra marca del grupo. El lujoso (y carísimo) Audi A8 lo hacía. Sólo que en un coche de 100000€ el sobrecoste de usar aluminio pasa desapercibido, por lo que tenían que aplicar todo lo aprendido y hacer que fuera rentable meterlo en un coche de 15000€. Nadie se había atrevido a pensar en hacer semejante disparate. Esa iba a ser su manera de reducir el peso a la mínima expresión.

Llegaba la parte de la aerodinámica. Para diseñar el nuevo vehículo, los ingenieros de Volkswagen partieron de una premisa: hacer como si no hubieran visto un coche en su vida. Partieron de una hoja completamente en blanco. Tenían que bajar el coeficiente Cx por lo civil o por lo criminal.

Así que aquí tengo que hacer otro inciso técnico:

En los años 70 y 80, los fabricantes de automóviles creyeron que la mejor manera de mejorar la aerodinámica era crear diseños de “cuña”, cuyo máximo exponente fueron los modelos de Lamborghini.

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Parecía algo lógico, una cuña clavándose y abriéndose paso a través del aire. Sin embargo, no podían estar más equivocados.

La solución nos la muestra la naturaleza. La silueta más aerodinámica posible es la de una lágrima al caer.

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La lágrima adopta su configuración de mínima energía para reducir el rozamiento al máximo. El Cx de una lágrima es de 0.05.

Pero esta es la forma que adopta cuando el viento sopla desde abajo. ¿y qué pasa si el viento sopla desde la izquierda? Pues fácil:

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La evolución de ciertos animales nos muestra que ésta es la configuración óptima, aquí vemos a unos búhos a toda pastilla:

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Ahora bien, cuando estamos cerca del suelo, la cosa comienza a complicarse, por lo que la figura más aerodinámica posible será media lágrima:

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Dándonos un Cx de 0.09. Empezamos a empeorar.

Perfecto, vamos a hacer un coche con forma de media lágrima. El problema es que no cabe absolutamente nada dentro, sin embargo, modificaremos el perfil intentando respetar al máximo la forma de lágrima.

Los vehículos que más se acercan son los prototipos de coches solares:

http://www.autogaleria.hu -

Pero en el caso que nos ocupa, no podemos usar esas proporciones, ya que es imposible meter a 5 pasajeros, por lo que nuestro coche tendrá que ser mucho más alto, y tenemos que darle más volumen.

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La línea superior es correcta, pero el frontal totalmente recto es un desastre, así que de nuevo nos fijamos en la naturaleza para buscar la solución:

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Por lo que tendremos que añadir un pequeño pico, que nos vendrá de maravilla para meter el motor y para la protección en caso de colisión frontal:

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Acordaos de esta silueta. Corresponde a la carrocería Kammback, que se utilizó aquí por primera vez.

Volkswagen ya sabía sobre que concepto aerodinámico trabajar. El problema era que querían ofrecer una buena habitabilidad en un coche corto. Así que el coche tenía que ser alto y corto. Todo lo contrario a lo deseable desde un punto de vista aerodinámico. Un coche corto y alto tiene por naturaleza mucha peor aerodinámica que uno largo y bajo, así que, a pesar de que el concepto era el correcto, había mucho trabajo por delante.

Ya sólo quedaba escoger los motores.

En principio, se eligieron los motores más modernos de que disponían, entre ellos el modernísimo 1.6 FSI de gasolina, pero no era suficiente con ello. Querían una variante diesel y el motor que tenían, a pesar de dar un rendimiento excelente, no encajaba en la filosofía del modelo.

Así que nuevamente, tomaron una decisión radical: coger el 1.9 Tdi de la marca y fabricarlo completamente en aluminio. No contentos con ello, le quitaron un cilindro. Era el primer tricilíndrico diesel de la historia. En aquellos años hacer eso era una herejía. Hoy parece algo más normal, pero entonces todo el mundo se echó las manos a la cabeza. Sería el 1.4 Tdi.

Pasaban los años y el desarrollo avanzaba. Los resultados eran prometedores. Las primeras pruebas en el túnel de viento mejoraban ya a cualquier modelo de la marca. Los directivos se mostraban entusiasmados.

Era 1997 y el desarrollo estaba llegando a su fin.  Entonces llegaba una buena y una mala noticia. La buena era que Mercedes había sacado a la venta su clase A, apuntando a su mismo mercado. El coche era un desastre pero se vendía estupendamente. Venía de hacer un ridículo espantoso en el test del alce, volcando en donde coches de los años 60 no volcaban. Comparado con lo que estaban preparando, la de Mercedes era una propuesta ridícula.

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Mercedes clase A, intentando superar la prueba del alce

Sin embargo, llegó la mala noticia. Ya tenían el coche prácticamente terminado, y las pruebas que estaban haciendo indicaban que la carrocería de aluminio iba a ser bastante más cara de lo que habían pensado en un principio. No podían vender ese coche por 15000€. El Mercedes de entrada apenas superaba esa cifra.

Había que prescindir de la carrocería de aluminio y hacer un coche más convencional. Pero no podían permitir que el pequeño prodigio muriera antes de nacer, así que decidieron huir hacia adelante.

Continuaron con la carrocería de aluminio, mejoraron los interiores, hicieron ligerísimos cambios en el exterior y le cambiaron el nombre. Su precio de entrada iba a ser de 20000€.

Ya no iba a ser un Volkswagen, iba a ser un Audi. Había nacido una estrella.

Esta es la historia de como nació…

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El prodigioso Audi A2.

Lo habían conseguido. Su peso se había quedado en 1000 kg. Era más grande, ligero y espacioso que su rival, el Mercedes clase A.

En cuanto a la aerodinámica, establecieron el record absoluto para coches de producción en serie. Apenas había unos pocos modelos que podían conseguir un Cx de 0.30. El Audi A2 destrozó todos los registros para quedarse en un Cx de 0.24. Teniendo en cuenta sus proporciones, poco favorables para conseguir una buena aerodinámica, el logro era todavía mayor. Comparativamente es como si un blanco de 1.60m se planta en la final de los 100m lisos y le saca dos cuerpos de ventaja a Usain Bolt.

15 años más tarde, sólo hay un vehículo en el mercado que haya igualado esta cifra.

Asociado al motor tricilíndrico diesel, batía también todos los records de consumo, dejándolos en 4 litros a los 100.

Su habitabilidad era buena, y sus prestaciones eran milagrosas en relación a la potencia de sus pequeños motores.

La acogida de los medios especializados fue entusiasta, alabando sus virtudes y la valentía de Audi por sacar al mercado un producto conceptualmente tan extremo.

Así que salió a la venta en 1999, sólo quedaba ver qué tal se vendía. El mercedes clase A parecía un vehículo 15 años más antiguo.

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Pero el pequeño prodigio mordió el polvo.

La gente no lo entendió. El pequeño Audi de forma de lágrima y ojos tristes fue visto con desdén por parte de todo el mundo. Era un coche rarísimo. La gente estaba acostumbrada a los clásicos diseños de Audi y eso les cogió a contrapié. Encima era bastante más caro que el Mercedes.

Los diseños de finales de los 90 eran muy orgánicos, con muchas superficies curvas. El Audi A2, en cambio presentaba líneas mucho más rectas, como posteriormente sería la norma en el mundo de la automoción. Era un extraterrestre. Llegó 15 años antes de tiempo.

Los años pasaron, y las ventas menguaron todavía más. Inexplicablemente Mercedes, con su vetusto clase A, le había robado todas las ventas. El equipo de diseñadores fueron vistos como unos parias dentro de la compañía. Para colmo, Mercedes anunciaba que estaban trabajando en el sustituto de su clase A, que a la postre daría lugar a un producto algo más redondo, pero todavía a años luz del pequeño prodigio.

Audi no iba a sustituir a su pequeño A2, por lo que al equipo de diseñadores se les anunció que su joya estaba condenada a morir. Sin embargo, recibieron fondos para mejorar algo el producto y acabar su vida comercial con un poco más de dignidad. Había que intentar que el producto fuera un poco más amigable. La mayor crítica era la mirada triste del pequeño Audi.

Pero el equipo de ingenieros, en su eterna huída hacia adelante, pusieron en bloque los cojones encima de la mesa. Decidieron, en lugar de hacer un producto más amigable, crear la versión conceptualmente más extrema del pequeño prodigio. Su mirada triste estaba bien como estaba.

Así pues, mientras que la carrocería y el bastidor estaban hecho de aluminio, todavía quedaban bastantes piezas de acero. Las quitaron todas. Empezaron a sustituir piezas en el interior del coche por otras de aluminio. Empezaron a sustituir piezas de aluminio por otras de magnesio, todavía más caro y liviano. Los paneles de las puertas y los asientos eran ahora de paneles sándwich, similares a los usados en la aviación. Empezaron a echar taladros ahí donde pudieron. Cada agujero que hacían, eran unos gramos de peso que ahorraban. El peso se quedó finalmente en 850kg.

Además, retocaron su motor estrella, el 1.4 tdi. Lo cogieron y redujeron su cilindrada a 1.2 litros., bajando su potencia de 75 a 61 CV. Introdujeron uno de los primeros sistemas start-stop del mundo y le acoplaron un cambio automático secuencial.

Llegó la hora de la homologación… 2.9l/100. Había destrozado todos los records. A día de hoy no se ha vuelto a crear un automóvil con un consumo de combustible tan bajo. Además, hay registros de la prensa especializada en los que señalaban que el consumo en condiciones reales era de 3.2-3.4 l/100. 15 años después, nadie ha conseguido acercarse.

Esta versión, pese a contar con una cifra de potencia tan modesta, era comparable en prestaciones a la mayoría de vehículos de 90 CV, sólo que con un consumo absurdamente inferior, ayudado por su vertiginosa aerodinámica y ridículo peso.

Pero, nuevamente, la gente no volvió a entenderlo. Era una pieza tecnológica única en el mundo, y nadie la quiso. No obstante, esta vez sí que era más comprensible. Había que pagar 22000€ por un coche de 61 CV. La gente no podía presentarse en casa con un Audi de 60CV. No podían decirlo a sus amigos. La gente se quedaba con esa fría cifra en lugar de con el despliegue tecnológico que había metido ahí. El fracaso fue estrepitoso.

Languideció hasta el final de sus días, hasta que un día se fue, así sin más. Con todos los records bajo el brazo, pero ignorado por todo el mundo. Actualmente la gama de Audi se compone del A1,A3,A4,A5,A6,A7 y A8. Ni siquiera se atreven a usar su nombre. No se convertirá en un futuro clásico, ya que se vendieron demasiados para poder alcanzar ese estatus en el futuro. Ni eso le quedó. El niño de los ojos tristes quedaría en un lugar tan irrelevante como el de una lágrima que cae al mar.

Pero la historia no acaba aquí…

Mercedes siguió vendiendo su clase A de primera generación hasta 2004, sustituyéndolo por un modelo mejor, pero basado en la primera versión. Se vieron obligados a publicar el balance financiero de su clase A, y saltó la liebre. Pese a vender una barbaridad de coches, perdió 1500 € por coche. Habían vendido el coche a pérdida, lo que le otorgaba un precio artificialmente competitivo. Con ello habían derrotado al pequeño prodigio de una manera sucia e injusta. Audi, debido a las bajas ventas de su modelo, perdió 1200 millones. Al menos, tuvo el honor de vender cara su derrota. Concretamente, 1700 millones de euros

Pero mercedes no tuvo suficiente y añadiría, ya en 2014, un monstruoso voladizo trasero a su nuevo (y elegantísimo) clase A para arrebatarle el record de aerodinámica y establecer una nueva marca de Cx=0.23, para terminar de borrar al pequeño prodigio de la historia.descarga (3) images (5)

Lo llamarían CLA, y cobrarían 4000 € de sobreprecio por 4 chapas adicionales, ganando dinero a espuertas, y recuperando todo lo perdido con su antiguo clase A. Era mucho más largo que el pequeño Audi, por lo que conseguir ese registro era bastante más fácil. Esa fue su última sucia victoria.

Sin embargo, no todo son lágrimas en esta historia. A la postre, todo el equipo de ingenieros implicados en el desarrollo del pequeño prodigio fueron homenajeados. Se les realizó el mayor y más sincero homenaje que se le puede hacer a un ingeniero: que un fabricante puntero copie tus ideas en beneficio propio.

Así pues, tenemos el homenaje que le realizaron los chicos de Ford, con el uso masivo de aluminio en su modelo más popular en Norteamérica, el F-150:

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O el homenaje que hicieron los chicos de BMW, lanzando su motor tricilíndrico diesel, ya en 2015.

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Pero el mayor homenaje llegaría por parte de los chicos de Toyota, quienes copiarían su carrocería Kammback para vestir de gala a su modelo estrella, y al mismo tiempo, más relevante modelo a nivel técnico de la historia de la marca: El Prius.

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Así de capullos somos.

Lo mejor está por llegar.

Injustamente infravalorados (Parte I)

Hacía ya tiempo que tenía ganas de estrenar mi serie de posts llamada “injustamente infravalorados” en donde quiero abordar tanto productos como personajes no tratados demasiado bien por la historia. Así que empezaré hablando de los, a mi juicio personal, 8 coches más injustamente infravalorados de la historia. Hablaré de coches, simplemente porque me resulta bastante sencillo explicarme. Así que allá vamos:

#8: Pontiac Solstice

Tenía un magnetismo estético inconfundible, precio relativamente asequible, tracción trasera, motor potente y peso muy bajo. Era imposible que fracasara, pero ocurrió. Fue la última gran obra de Pontiac antes de entrar en bancarrota.

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Pontiac formaba parte de GM, la cual entró en quiebra, para posteriormente ser rescatada por el gobierno de EEUU. El gobierno norteamericano puso como condición deshacerse de las marcas del grupo menos rentables, entre las que estaba Pontiac. Así que al poco tiempo de ser lanzado, fue condenado a morir. Cosas que ocurren en EEUU.

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Así lucía el Solstice durante sus últimos días

Siguieron vendiéndose hasta acabar todo el stock sobrante, quedando como un epitafio rodante de la marca que construyó, por ejemplo, el Trans Am, el coche sobre el que David Hasselhoff surcaba la carretera, para luego apretarse unas buenas mozas.

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En realidad su aceptación fue excelente el poco tiempo que duró, entre otras cosas cocsechando múltiples premios de diseño, pero esto de los rescates gubernamentales parece que tiene un reverso tenebroso. En Estados Unidos se cargaron al Pontiac Solstice, y aquí en España tuvimos que tragarnos a Rodrigo Rato.

#7 Suzuki Kishazhi

El mejor Suzuki jamás construido. El diseño era bastante personal, alejado de los diseños habituales del segmento. La calidad de realización era excelente, bastante por encima de la media del segmento (sin irnos a fabricantes de lujo), sin embargo, muy pocos lo conocen. Muchos menos lo compraron. Es un coche fantasma.

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A nivel mecánico, sólo se ofreció con una opción: un motor gasolina 2.4 de 180cv con tracción total y cambio automático de variador continuo.

Acelerar un coche de variador continuo es un tanto peculiar, ya que se comporta exactamente igual que una vespino, sin marchas. Sin embargo, la suavidad de funcionamiento es insuperable.

Teóricamente debería ser más eficiente, ya que el motor siempre se encuentra en el rango de revoluciones óptimo. Pero en la práctica este tipo de transmisiones generan muchas pérdidas derivadas del rozamiento interno, así que lo comido por lo servido. El resultado es un consumo ligeramente superior al de un coche manual, pero nada dramático.

Era una apuesta diferente que podía haber tenido su hueco en el mercado, pero es que ni siquiera tuvo la más mínima promoción comercial, así que poco había que hacer.

#6 Citroen C6:

No es el coche más bonito del mundo. Como mucho llega a “peculiar”, pero no le faltaban virtudes, bueno, en realidad sólo tenía una virtud: era cómodo.

Citroen C6 HDi 240 FAP

Pero no era cómodo a secas, era el coche más cómodo jamás construido hasta la fecha. Citroën dio su última vuelta de tuerca a su legendario sistema de suspensión hidroneumática antes de abandonarla para siempre. Era el coche elegido por numerosos jefes de estado para sus desplazamientos. El aislamiento sonoro también era soberbio, y su calidad de realización, bastante buena. Su precio era elevado pero claramente inferior al de su competencia directa.

Pero tenía un problema, que empezaba por C.

Durante estos últimos años, si no tienes un nombre ilustre, no tienes absolutamente nada que hacer en el segmento de las berlinas de representación. Nadie quiere un Citroen de lujo. Ni de ninguna otra marca generalista.

Así que todos fabricantes generalistas han ido desechando sus grandes berlinas, Citroen incluída, para centrarse en objetivos más realistas: vender un porrón de coches baratos (que son los que dan dinero de verdad). Para crear imagen de marca se han ido introduciendo en competiciones deportivas, con muy buenos resultados en el caso de Citroen. Pero fabricar coches de lujo ya no es su guerra.

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Aquí puede verse a un aprendiz del tomate dando sus primeros saltitos

#5: Renault 5 turbo

La caja de muertos. El imaginario colectivo no pudo darle otro nombre. En sí mismo el coche cumplía con lo que prometía. Corría mucho y era barato. Era honesto. Pero ha quedado recordado como un asesino de masas.

Era, básicamente, un R5 convencional al que le acoplaron un turbo Garret a su modesto motor de 1.4 litros para llegar a los 112 CV, además de llevar un tarado de suspensiones más acorde. Vamos, tampoco era una locura. Su peso seguía siendo bajísimo (en torno a los 800kg), lo cual hacía que corriera muchísimo más que la mayoría de coches de la época, y claro, la educación vial también era la de la época. Recuerdo de pequeño como todo el mundo presumía de cuanta velocidad podía alcanzar su coche. Pues el que tenía un R5 turbo se llevaba el gato al agua. El problema es que su manejo era algo “delicado”. Posteriormente, sacaron una segunda versión con 120CV, sólo que entregados de un modo más dulce.

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Una pareja antes de dar su último paseo. Se les ve muy llenas de vida.

Entonces, ¿por qué era una caja de muertos? Pongámonos en situación:

La respuesta de los motores turbo de antaño era muy diferente al de los actuales. Hoy en día, es difícil distinguir un motor turbo de un atmosférico, pero esto antes no era así.

A principios de los años 80 los coches turbo sufrían de mucho “lag”. Un retardo en la entrada del turbo, que cuando entraba, lo hacía de golpe. Al pisar el acelerador, la ausencia de potencia era total, hasta que pasados unos 2 segundos, llegaba toda de golpe. Esto pillaba desprevenidos a muchos.

Era el año 1982, y todos los conductores todavía estaban acostumbrados a coches como los Seat 600, los cuales, con poco más de 25 CV exigían ir siempre con el ladrillo en el acelerador. Con un coche cuatro veces más potente, muchos aplicaban la misma técnica. En un coche atmosférico habrían regulado la potencia de forma más natural. La gente esperaba una respuesta atmosférica, y el comportamiento del turbo podía tornarse en una sorpresa desagradable. Además, había demasiado “aspirante a piloto” suelto.

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Otra jovial pareja con aspecto de vivir peligrosamente. No sabían que acababan de echar su último kiki.

Pero lo que es el colmo es una leyenda negra que circula acerca de este coche en particular (quizá muchos la hayáis oído), la cual es completamente falsa, reza tal que así:

El turbo del Renault 5 saltaba al reducir en curva y superar las 3.500 rpm. Por tanto, el coche salía propulsado hacia delante, hacía un recto y provocaba un accidente. 

El funcionamiento a grosso modo de un turbo es sencillo. Una turbina llamada turbo recibe los gases de escape del motor. Cuando el motor genera suficientes gases de escape – causados de forma directa por el volumen de gasolina quemada – el turbo gira, comprime aire de la admisión y lo fuerza al interior del motor. Por ello, los turbos son en ocasiones llamados sistemas de admisión forzada.

Si el turbo obliga a más aire a entrar en el motor del que entraría naturalmente – el caso de los motores atmosféricos – el motor genera más potencia y quema combustible más rápidamente. Sólo cuando aceleramos se inyecta gasolina en el interior del motor. Cuando levantamos el pie del acelerador el motor sigue girando por pura inercia, pero el turbocompresor no genera potencia alguna. Aunque el régimen suba a 5.000 rpm en una reducción, mientras no pisemos el acelerador no ocurre absolutamente nada.

A mi esta leyenda me suena a algún tipo que tuvo que contar una excusa a sus padres después de escachar su nuevo coche. Luego otro se la pegó, y contó la misma historia. Y así, todos que se la pegaban, tenían la excusa del jodido turbo, en lugar de reconocer públicamente que eran unos patanes.

Papa, yo no iba rápido, fue el turbo, que aceleró el coche solo.

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Sí, claro, el turbo.

Continuara…

De zorros y erizos, o manual de cómo ser un bocachancla

Existe una fábula de origen griego (la fábula de Esopo) en la que se divide el mundo (en realidad sobre todo a escritores y pensadores) en dos grandes grupos: Los zorros, los cuales saben mucho de muchas cosas; y los erizos , los cuales saben acerca de una gran cosa.

Por supuesto también hay quien no tiene ni puta idea de nada, dedicaré un post a este grupo en el futuro, pero hoy no toca.

Los erizos simplifican la complejidad del mundo y reúnen su diversidad en una única idea; los zorros, por otra parte son incapaces de reducir el mundo a una sola idea y están constantemente moviéndose entre una inmensa variedad de ideas y de experiencias. En la fábula de Esopo el zorro representa lo negativo y el erizo lo positivo.

Básicamente la fábula (la cual acabo de fusilar de internet me contó mi abuela de pequeño) es la siguiente:

Había una vez un astuto zorro que todas las mañanas salía de su casa en busca de comida. Como era un animal escurridizo e inteligente diseñaba toda clase de estrategias para atacar a sus presas. Había tenido éxito en cazar conejos, ratones del bosque y todo animal pequeño que se encontraba… con excepción de uno: un pequeño erizo. El zorro buscaba cada día la forma de atacar, le tendió trampas y trampas, pero siempre fracasó. ¿La táctica del erizo? la única que sabía… hacerse una bola y protegerse con sus espinas.

Moraleja: es mejor saber mucho de una cosa que un poco de muchas cosas. Muy majico el erizo pero…

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Todo esto viene relacionado con un libro que estoy leyéndome (aún no lo he acabado) de un tal Nate Silver titulado “The signal and the noise” (sí, a veces leo cosas). No recuerdo exactamente como me topé con este tipo pero una vez vi sus hazañas me sentí irremediablemente abocado a descargar comprar su libro. Me gusta la gente que entiende cómo funcionan las cosas.

Silver es un estadístico, economista, escritor y periodista, conocido mundialmente por acertar el ganador en 49 de los 50 estados en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de noviembre de 2008. Y si te parece poco, en las pasadas elecciones presidenciales de 2012, en las que Obama derrotó a Mitt Romney, acertó quien sería el ganador en todos los estados. He buscado a ver si dice algo de la independencia de Cataluña, pero de momento calla como una puta.

Antes de dedicarse al pronóstico electoral, había sobresalido notablemente en el juego del póker (del que vivía) y en el campo de las estadísticas deportivas, especialmente las estadísticas sobre el juego del béisbol. Entre 2002 y 2003, Silver desarrolló con éxito el algoritmo “PECOTA” para pronosticar el probable rendimiento futuro de los jugadores de este deporte.

En el capítulo 1 analiza cómo las agencias de calificación crediticia fallaron a la hora de predecir el riesgo real que representaban las titulaciones hipotecarias que hicieron que volara por los aires el sistema financiero internacional en 2008. Básicamente Silver dice que las agencias se basaron en conceptos elementales erróneos. Los cálculos que otorgaban una calificación AAA (excelente) a ciertas titulaciones hipotecarias, no consideraban la posibilidad de que Estados Unidos sufriera una burbuja inmobiliaria y su consiguiente implosión. No lo consideraban ¡porque nunca había ocurrido en EEUU!

Hasta que ocurrió. Según Silver, el problema fue que las agencias asumieron en sus modelos, que no habría ninguna burbuja inmobiliaria, por el simple hecho de que no había tenido lugar ninguna en más de un siglo. La obligación de las agencias de calificación crediticia era suponer que hubiera ocurrido no solo en condiciones normales, sino también en el improbable pero posible caso de una burbuja inmobiliaria. Para hacer cálculos y suposiciones, las agencias podían haber observado que ocurrió en otras burbujas inmobiliarias, como por ejemplo la de Japón en 1990.
En resumen, Moody´s, S&P y Fitch, hicieron sus cálculos a partir de la misma premisa desde la que muchísimas personas en España operaron en el mercado inmobiliario durante años. Aquélla premisa que dice que“los pisos nunca bajan“. Supongo que os suena.

También en el capítulo 1, se descojona del exceso de confianza que los economistas tienen en sus pronósticos y cómo la enorme mayoría de predicciones económicas son una basura. En el capítulo 2 desgrana la posibilidad de que los analistas políticos tengan mayor capacidad predictiva que una moneda lanzada al azar. Para demostrarlo, aporta un análisis propio sobre la fiabilidad histórica de algunos comentaristas políticos de la televisión norteamericana. El amigo Nate es un tipo escéptico, se empieza a entender porque me gusta tanto este libro.

En el mismo capítulo 2, siguiendo con el análisis de los analistas políticos, describe un amplio estudio del psicólogo y profesor de ciencias políticas Philip E. Tetlock., quién empezó en 1987 un experimento en el que le preguntaba a diferentes expertos del gobierno y del campo educativo (experto = persona que vive de sus análisis), varias cuestiones sobre temas de política interna, economía y política exterior. Estos cuestionarios fueron realizados de manera sistemática desde ese año hasta finales de los 90. Las preguntas incluían temas principales como la caída de la URSS, la Guerra del Golfo, la burbuja inmobiliaria japonesa, la potencial secesión de Quebec, etc.

Lo que Tetlock descubrió, después de más de una década de análisis en tiempo real, es que los expertos, independientemente de su experiencia, categoría o posición, no tenían capacidad predictiva alguna. Todas sus predicciones resultaban ser aleatorias.

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A título personal, siempre veo analistas explicando por qué pasa algo, por qué la bolsa baja… Después de que ya haya ocurrido!! Buscar las predicciones que expertos analistas realizaron hace un mes o un año sobre predicciones bursátiles o políticas, es para mearse de la risa. A veces aciertan, pero recordad, un reloj estropeado da bien la hora dos veces al día, no más.

Volviendo al tema, a pesar de que ese era el resultado general, lo cierto es que Tetlock encontró dos grupos de interés: el de los peores pronosticadores y el de los mejores. Tetlock, que aparte de profesor de ciencias políticas es psicólogo, no pudo resistirse a introducir preguntas en sus cuestionarios que le revelaran cual era el estilo cognitivo del experto cuestionado. Es decir, investigó de que forma procesan y observan los distintos expertos la información que les rodea. Con los resultados, consiguió definir las características propias de cada uno de los grupos. El grupo de los peores pronosticadores son los erizos y el grupo de los mejores pronosticadores son los zorros.

Lo cual nos lleva al principio de la entrada.

Los erizos creen en “grandes ideas”, en principios generales que gobiernan el mundo como cualquier otra ley de la física y que explica cada movimiento social. Podría daros de ejemplo a Sigmund Freud, Giannis Varoufakis o a Juan Manuel Lillo (sí, el entrenador de fútbol).

Por otro lado, los zorros tienen un enfoque menos grandilocuente sobre el mundo, creen en muchas ideas y posibles enfoques, siendo más tolerantes a los matices, la incertidumbre, la complejidad del mundo y las opiniones disonantes. Si los erizos con cazadores en busca de “la gran idea”, los zorros con recolectores de hechos. Pondré de ejemplo al cholo Simeone.

Un ejemplo de la diferencia entre ambos grupos, son las diferentes predicciones que emitieron sobre la desintegración de la URSS. Los erizos eran personas con una ideología más marcada que los zorros. Los erizos que eran de de derecha, veían a la URSS como al malvado enemigo y, los erizos que eran de izquierda, observaban la URSS con cierta simpatía.

En cualquier caso, su ideología los volvía ciegos, mientras que los zorros si podían ver con mayor claridad los hechos: la URSS era un sistema en grave crisis económica y completamente disfuncional a punto de desintegrarse.

En cualquier caso, el autor mencionado divide sus aptitudes de las siguiente manera:

Los zorros:

Multidisciplinares: obtienen ideas de múltiples campos independientemente del origen ideológico del que provengan.

Adaptables: encuentran nuevos enfoques o utilizan varios a la vez si el que originalmente tienen no funciona.

Autocríticos: a veces reconocen errores en sus predicciones fallidas y aceptan críticas.

Tolerantes ante la complejidad: entienden que el universo es complejo hasta el punto de aceptar de hay que ciertas cosas que no pueden pronosticarse.

Cautos: expresan sus opiniones en términos probabilísticos y argumentan sus opiniones.

Empíricos: fundamentan sus análisis en la observación más que en la teoría.

Los erizos:

Especialistas: típicamente su carrera gira alrededor de uno o dos grandes temas. Consideran las opciones externas de forma escéptica.

Leales: siguen fieles al mismo modelo o esquema. La nueva información sirve para modificar ese modelo.

Tercos: culpan de los errores a la mala suerte o a circunstancias externas.

Buscan el orden: entienden que el mundo es gobernado por sencillas reglas que se pueden descifrar aislando la señal del ruido.

Confiados: expresan sus opiniones de forma absoluta y rechazan cambiar de opinión.

Ideológicos: creen que la solución a las pequeñas cosas parten de grandes principios e ideas.

Aparte de esta clasificación, el libro explica que los analistas con mayor proyección mediática, son casi siempre pronosticadores de la categoría “Erizo”, con personalidades más grandilocuentes, dispuestos a dar proyecciones absolutas y llamativas cargadas de tintes ideológicos, lo que en mi pueblo se llama ser un sentencias. No es de extrañar porque a la televisión y a los demás medios de comunicación les gustan estos analistas que ven el mundo como un partido de fútbol. ¿Os imagináis a un buen pronosticador dar una opinión razonada, pausada, probabilística en programas como “La sexta noche”  o cualquier otro debate de la televisión? haberlos los hay, pero suelen estar sentados todos en el rincón, con apenas unas pocas intervenciones puntuales. No venden.

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Por si fuera poco, Tetlock descubrió que los “zorros” mejoran poco a poco sus predicciones a medida que acumulan mayor experiencia, pero que los “erizos” empeoran a medida que obtienen más títulos académicos como los doctorados. La razón es que, a mayor la teoría y a mayor cantidad de datos, los “erizos” disponen de más herramientas para sesgar aún más su visión del mundo. Como dice Silver en una gráfica metáfora:

“Esta situación es análoga a lo que ocurre cuando pones a un hipocondríaco en una habitación oscura con un ordenador conectado a Internet. Cuanto más tiempo le das, mayor información tendrá y más ridículo será el auto diagnóstico que se haga. No pasará mucho tiempo antes de que crea que cualquier catarro es la peste bubónica”. 

Enhorabuena a los que os habéis tragado todo hasta el final. Gracias también a Cesar Escusa, quien hoy me ha mandado el trailer de “the big short”, al parecer una película que trata de unos tipos (al parecer basado en hechos reales) que se hicieron de oro tomando posiciones bajistas en bolsa durante el crash del 2008. Vamos, unos jodidos genios en el arte de la pronosticación. De aquí me ha salido el tostón.

Lo mejor está por llegar

Autoayuda: chuletón de arcoiris para la merienda-cena

Después de un pequeño periodo de sequía, he decidido volver a retomar el tema del blog. Tengo en mente muchos temas sobre los que escribir, pero lamentablemente no soy experto en casi nada, así que empezaré por un tema que me causa irritación y dosis de descojone a partes iguales: la autoayuda y el pensamiento posiivo.

El porqué de escribir sobre esto es fácil: no hay ninguna razón especial, pero por algo hay que empezar. Así que bueno, al lío. Por supuesto tampoco soy docto en el tema, pero todos merecemos la oportunidad de opinar.

A lo largo de los años nuestra existencia ha sido inundada acerca de multitud de consejos, mensajes, fotomontajes por internet y hasta libros acerca del tema. El objetivo de todo ello (hacernos mejores personas y hacer de este mundo un lugar mejor) puede parecer noble, pero todo esto tiene una pequeña contraprestación: es mentira.

Empecemos por los libros de “autoayuda”. Digamos que ya la sección en la que están en las librerías resulta errónea, así que mal empezamos. Llaman “autoayuda” a, básicamente, comprar un libro que ha escrito un señor/a que no te conoce de nada y que misteriosamente va a ayudarte de un modo desinteresado (después de comprarle su libro, claro). Vamos, que vas a ser feliz porque a un señor catalán de divertido acento y a su hija les sale de la entrepierna.

Si esta sección se compone básicamente de productos creados por gente a la que no le importa una mierda tu vida, en los que te muestran el camino de la iluminación para ser feliz a su manera, no puede llamarse autoayuda. Simplemente son documentos externos de apoyo. La autoayuda puedes encontrártela yendo a monte o recreándote en el onanismo. Por supuesto puedes encontrarla en muchos sitios más. Pero donde no está es en la sección homónima de la librería. Para que un libro fuera de autoayuda tendría que escribirlo uno mismo.

Así que voy a hacer un pequeño desglose de varios pilares sobre lo que están escritos tanto estos libros, como el resto de happymierda que nos invade.

1: Todos podemos conseguir todo lo que nos proponemos, porque todos somos iguales. Claro que sí, todos vamos a ser doctores. A ver quién va luego a vendimiar.

Por suerte o por desgracia, esto no es así. Es incorrecto decirlo, pero en este mundo hay gente mejor y hay gente peor. Es muy hippy y muy buenrrollista decir que todos somos iguales, pero la realidad es que la media de inteligencia está compuesta por gente que está por encima y gente que está por debajo. También hay guapos y hay feos. No todo el mundo va a ser el hombre del milenio. De hecho, la distribución de la inteligencia se parece a algo así:

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Donde por supuesto aparece una campana de Gauss. Un tipo polifacético el tal Gauss. Estoy seguro que también te podía arreglar el lavabo y coserte el pantalón.

Es cierto que hay personas que necesiten ser orientadas para llegar al éxito, pero si perteneces al grupo de “mentally inadequate” lo llevas jodido. Lo cual nos lleva al punto 2.

2: La vida es justa. Sólo hay que saber esperar, al final todo tiene su recompensa. Voy a tirar un billete de 50€ por la ventana. Al año que viene me saldrán del grifo esos 50€ más un rendimiento del 4%TAE.

Bueno, creo que la mayoría ya nos hemos ido dando cuenta de que la vida es jodidamente injusta. Para bien y para mal. Pero la mayoría de nosotros subestimamos nuestra suerte. Calificamos como suerte normal el que todo nos vaya medio bien, sin aspamientos. Pues no. La mayoría de la gente que he conocido que suele hablar de cómo funciona el karma y demás milongas han tenido una suerte de campeonato (por supuesto todo les ha salido así de bien por lo buenas personas que han sido y por cuánto se lo merecen). La gente que se ha forrado dice que ha sido a base de trabajo duro (obviemos el trabajo de sus empleados y el posible dinero de papá y mamá). Por otro lado, la gente que no cree en esas cosas suele tener una visión algo más aproximada a la realidad. Tal y como digo esto, también hay gente a la que le ha tocado vivir auténticas tragedias. Gente que, de verdad, no se lo merece.

La suerte existe, para bien o para mal, aunque es muy simplista culpar a ésta de todo, especialmente con cosas que dependen de uno mismo. Pero la realidad es que desde el momento en que nacemos ya estamos condicionados por la suerte en forma de aptitudes determinadas por la genética, o por el ambiente socioeconómico en el que nacemos. No es lo mismo nacer en Massachusetts que en Valencia o Nairobi.

Decir que la vida es justa es como decir que una vaca es esférica.

3: Hay que ser agradecido y amar a todo el mundo. Repartamos abrazos gratis. Follémonos a cuarentones vírgenes, porque sí, ellos también lo merecen.

Es de bien nacido ser agradecido, pero… por favor. No tienes que sonreir si no te apetece, no es necesario agradar a todo el mundo. Ya habrá gente del grupo del “mentally inadequate” que se lea un libro de autoayuda y lo haga. De verdad, no hay nada peor en este mundo que ser un puto cansino.

Asume que en algún momento de tu vida vas a ser el malo. Vas a ser el malo o vas a hacer algo malo. Por simple probabilidad estadística y con la cantidad de cosas malas que hay en el mundo alguna te va a tocar hacerla a ti. Basta ya de creer que eres el bueno de la película. En algún momento vas a tener que prescindir de algo/alguien o joderle vivo. Eres muy bueno, pero mañana no vengas.
No eres la personificación del bien, no te ofendas, eso no existe.
Por supuesto tú también serás prescindible en algún momento, así que es mejor no pensar en conspiraciones judeo-masónicas y aceptar las cosas que vienen de un modo natural.

4: No sufras por los problemas, sé positivo. Desde luego, con LSD incluso mejor.

En esta vida vas a tener que sufrir como un cabrón y te va a tocar hacer el primo varias veces en diferentes ámbitos de la vida. Hay que ser prácticos y buscar soluciones, no sonrisas. Lo siento Elsa Punset.

5.-El tiempo lo cura todo y pasa muy deprisa. Vamos, las horas de curro se te van a pasar más rápido que las de vacaciones.

Si la vida te ha jugado una mala pasada, pasarás mucho tiempo hasta volver a estar bien. El que te diga lo contrario miente. Además, el tiempo no pasa deprisa cuando estás jodido. De hecho, pasa increíblemente despacio. El tiempo pasa rápido cuando estás feliz y contento…la vida es así de cabrona.

6:No juzgues ni envidies. Deja que todo en tu vida tenga un 5 pelado.

No juzgar ni envidiar…con lo que nos gusta. Si no envidias nada, jamás lucharás por nada (la envidia debe ser bien entendida y orientada). Siempre hay algo mejor que lo que tú eres o tienes. En esta vida hay que ir siempre a mejor joder. Siempre hay que tener algún referente. Si todos fueramos iguales y tuviéramos lo mismo, en la vida iríamos a igual. Vaya mierda de vida.

Lo suyo es … que lo mejor esté por llegar.

Día 27 (9-7-15) Epílogo

Son las dos de la mañana y cojo mi avión para Moscú. Después de unas 8 horas de viaje llego y son las 5 y algo. Cojo el avión a Madrid a las 7 y llego a Madrid a las 11 después de 5 horas. Estoy haciendo bien las cuentas, que conste. Tengo que esperar dos horas a coger mi ave a Zaragoza. En torno a las dos y media llego a casa. Todo acaba aquí. Veo que, tras unas 12 horas de trabajo actualizando el blog, la aplicación de WordPress ha decidido que todas mis entradas están en blanco. Así que me niego a completarlas. Lo siento mucho.
Bueno, en realidad, todo empieza aquí de nuevo. Por lo pronto tengo un plan fantástico para el fin de semana: me voy al BBK Live, pero eso es ya otra historia.
Reconozco que no he podido mantener el nivel del blog que marqué con mi primera etapa en Rusia. Pero es que joder, es que no hay nada como Rusia. Tan salvaje. Tan cafre. Tan bizarro. Tan wtf. Adoraba el ambiente de Rusia. Adoraba despertarme en Rusia y quedar a la espera de que algo pasase. Tenía un material de primera sobre el que escribir.
La gente de Mongolia eran buena gente, quizá la mejor, su tierra era su tesoro. Merece la pena ir mínimo 3 semanas, en caso de querer ver una parte aceptable de Mongolia. De todo lo que he visto, es la parte que más me ha sabido a poco. Una semana para ver Mongolia es ridículo. Volveré pronto.
Me quedo con la vista de sus interminables praderas, de la sensación de ir con la hippy van surcando las praderas para ver que hay detrás de la siguiente colina. Las expectativas que tenía eran altas, pero es que quedaron ampliamente superadas.
La gente de China me ha gustado bastante menos en términos generales. Quizá haya más choque de culturas, o quizá no haya pasado el tiempo suficiente ahí, pero lo cierto es que no me gusta como se comportan. Nada que ver con el comportamiento exquisito de los japoneses e incluso coreanos. La ciudad de Pekin me gusta fundamentalmente en cuanto a ambientillo, es una ciudad viva, sobre todo de cara a la tarde-noche.

Además, debo anotar varias reflexiones.
La primera es respecto a mi duda sobre si estaba capacitado para hacer esto en solitario. Hace 5 años no lo hubiera estado. Hace un mes ya lo estaba, sólo que todavía no lo sabía. No es excesivamente difícil, pero tampoco es asequible a ningún nivel, al menos si quieres hacerlo por tu cuenta y en solitario. Ir en grupo cambia la experiencia, pero la hace mucho más asequible, sobre todo a nivel psicológico. No obstante, me siento como un mero principiante al lado de gente con la que me encuentro. Hay gente que le echa muchos cojones.
Segundo, no sabía si era una buena o mala idea. Sospechaba que era una buena idea, sólo que le tenía un cierto respeto, quizá excesivo. Uno no sabe el valor de una idea hasta que la lleva a cabo. Ahora sé que era una buena idea. Volver con más ganas de vivir. No me malinterpretéis: siempre se pueden tener más ganas de vivir. Siempre.
Uno siempre tiene que hacer alguna pequeña locura de vez en cuando para no dejar de seguir cuerdo.
Tercero, animo a hacer un viaje de este tipo a cualquiera que pueda permitírselo, sobre todo me refiero a circunstancias personales. En cuanto a lo económico he de decir que he superado mi presupuesto inicial (entre otras cosas por alguna cagada), pero es bastante barato (para lo que te llevas a cambio). Conozco a gente que se ha fundido lo mismo en una semana en Ibiza o en dos semanas en la playa. Eso sí que es ridículo.
Por último, dar las gracias a todos los que me habéis acompañado en este viaje. Yo también he disfrutado haciéndoos saber de mí. En principio la idea era de escribir el blog por Piter, ya que lo menos que podía hacer era hacerle vivir de algún modo lo que le tenía que haber tocado vivir a él. No obstante, agradezco igualmente a todos los que me han estado siguiendo a lo largo de este último mes, bien preocupados por mi estado, o bien a modo de entretenimiento. Mi idea era que la gente me siguiera sólo a modo de entretenimiento. Obviamente con el tema del boca a boca se me ha terminado yendo todo un poco de las manos.
Bueno, se cierra una pequeñita etapa para empezar otra mucho más grande.
Aquí no encontraréis mentiras, pero, por supuesto, tampoco encontraréis toda la verdad.
Ah, y sobre todo, recordar siempre que
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Lo mejor está por llegar.

Graciasssss!!!!!!!!

Día 22 (4/7/15) Llegada a Beijing

Me despierto, por supuesto sin despertador. No lo he usado desde que comenzó el viaje. De hecho, creo que con la tontería de que en otros países no tienen persianas, se ahorran una pasta en despertadores. Ahorro doble. Es como trabajar con mierda, te pagan por recogerla y te pagan por venderla. El negocio más limpio del mundo, como diría Don Andrés García (mi jefe, no el otro).
Bueno, voy a desayunar y le acompaño a Grace a sacar pasta, ya que le robaron ayer. En realidad yo también tenía que sacar, así que ésta es una de las veces en las que uno queda como un caballero directamente por la jeta.
Voy recogiendo mis cosas y llamo al taxi para que me lleve al aeropuerto. Total que llega el taxi, hago un último chequeo de mis cosas, y me falta el teléfono. Joder, el teléfono. No sé cuántos teléfonos he perdido ya en la vida. Honestamente no lo sé, quizás tenga demasiado amor propio como para ponerme a contarlos.
Así que nos ponemos a buscar como locos el teléfono por todo el hostel. Sé que está dentro del hostel porque le he enseñado a Grace alguna cosa por el teléfono. Llamamos y sí que da tono, pero no lo oímos por ningún lado. Grace y Steve me esparcen todo el contenido de mi mochila por medio hostel. Estamos como locos buscándolo, pero no hay manera. La hora de mi avión se acerca peligrosamente, así que no me queda más remedio que dar el teléfono por perdido. Esta vez lo he extraviado de un modo absolutamente incomprensible. Pero la vida sigue. Antes todo el mundo iba sin teléfono y la gente no era más lista que ahora. Eran, simplemente, gente sin teléfono, así que podré apañarme. La verdad es que objetivamente no lo necesito para nada, no obstante les doy mi email para que contacten conmigo por si aparece. Me despido de todos y me voy camino al aeropuerto.
Me duele tener que despedirme de la gente que dejo en Mongolia, pero la vida dicta que las cosas deben ser así. Así que adiós y suerte.
Estoy casi llegando al aeropuerto cuando llaman al taxista. Es Ogie, la jefa del hostel. Han encontrado mi teléfono. Resulta que la señora de la limpieza se había llevado las sábanas y mi teléfono estaba encima de la cama. Se han dado de cuenta al ir a meterlas a la lavadora.
Le digo al taxista que se de la vuelta. Por supuesto me dice que quiere que le pague más. Obviamente le pago bastante de más, en torno a 4 veces más. Así que vuelvo al hostel y me dan el teléfono por la ventanilla del taxi. Resulta que tampoco he pagado la habitación, así que Ogie me dice que se lo pague al taxista y ya está. Le digo al taxista que le dé parte de lo que le he pagado a la dueña del hostel. Un poco guarro pero es que le he soltado al taxista 50 euros. No creo que le importe darle 15 a la del hostel. Y si le importa, es un asunto del que no voy a tomar parte.
Así que finalmente llego con 45 minutos de antelación, teniendo que facturar. Justísimo, pero el taxista me dice que no me raye, que todo va bien.
Bueno, lo cierto es que el avión se había retrasado una hora, así que el taxista parecía que tenía razón. El aeropuerto de Ulan Bator es enano, parecido al de Zaragoza. Total que cojo mi avión de air china y llego a Pekin. El avión de air china es posiblemente el avión más nuevo y mejor dotado en el que he viajado nunca. Así que prejuicios fuera.
Una vez en la estación, lo primero que hago es intentar cambiar los tugrits mongoles. No me dejan los cabrones. Así que voy a sacar pasta. Hago la conversión según el tipo de cambio y saco. Tal y como veo el pedazo de fajo de billetes que me ha salido, me doy de cuenta de que he hecho bien los cálculos… salvo en el orden de magnitud.
Así que llevo encima una absurda cantidad de dinero que no quiero contar por aquí. Lo que no entiendo es cómo no me ha saltado el límite de la tarjeta. Salgo cagándome en el santísimo cuando veo que un chinito se me acerca corriendo. Madre mía, ya me ha visto con el fajo de dinero y viene a por mí. Pues no. Viene a darme la tarjeta de crédito que me he dejado olvidada en el cajero. Llevo todo el día con una torrija que no me aclaro.

Jesús, tranquilidad. Tan sólo estás ante la peor versión de tí mismo. Siéntate, tómate un café, fúmate un piti. Tienes todo el día por delante. Hay que parar la bola de nieve.

Pues me pego en torno a una hora tomando dos cafés. Ahora toca pensar como ir al hostel. No tengo indicaciones pero tengo un cutremapa de google con la dirección. Podría haberlo mirado mejor pero no me gusta pensar en cosas cuando no toca. Bueno, pues ahora sí que toca. Veo que hay una estación de metro por ahí cerca. Hay gente que me decía de ir en taxi, y gente que me decía que lo había pasado fatal en el taxi (tipo que pensaban que los estaban secuestrando y tal). Así que me monto en el aeroexpress, que te lleva a una estación de metro que no sé cual es. ocalizo en el mapa de metro cuál es mi parada y me hago la ruta. Todas paradas e indicaciones están también escritas en alfabeto occidental, así que está chupado.
Me enfrento a la máquina expendedora de tiquets. El sistema me resulta muy familiar, es el mismo que usaban en Tokio. Tienes que seleccionar la estación de destino y pagar en función de lo lejos que esté. Si te bajas antes, no pasa nada (salvo que pierdes dinero), pero si te bajas más lejos, tienes que abonar la diferencia, por lo que necesitas la tarjeta tanto para entrar como para salir del metro. El metro de Pekin es cojonudo. Le tenía respeto al transporte público de ahí pero el funcionamiento es de lo mejor que he visto. En cuanto a trenes y confort de marcha, el mejor que he visto.
Llego a mi estación y justo a la salida está mi calle. Está en medio de los hutongs. Una localización cojonuda. A petar de chinos y de puestos. A los cinco minutos de caminar encuentro mi hostel. La verdad es que ni sé como he llegado tan fácil.
Una vez ahí, veo que en mi habitación hay una chica que es absolutamente espectacular. Ilyana, una chica eslovaca, majísima además. Lamento no tener foto para poner por aquí. Ha venido desde el tibet en tren. Mandó su trabajo a tomar por saco y se fué sola al tibet. La verdad es que no se si una chica así viajando sola tiene más facilidades… o más problemas. Ella dice que no ha tenido ninguno, así que mejor. Tampoco le he preguntado si cree que ha tenido alguna ventaja, sería un poco grosero. Pero desde luego es algo que no se refleja en su carácter. Es una chica valiente. Me gusta la gente valiente…y también me gustan las supermodelos.
También conozco a mi otro compañero de habitación, es un español de unos 55 años. Majísimo también. Lo único es que su mirada me pone un poco nervioso. Es como la version mutante de Fernando Trueba. Creo que no habia visto una persona tan bizca en mi vida. No sabe cuanto tiempo va a estar en china. Lleva en torno a dos meses viajando y no tiene ni idea de cuando va a volver.
Así que después de hablar un poco con ellos me pongo a ver un poco los alrededores. La verdad es que casi no se puede andar por la calle, pero el ambiente es cojonudo.

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Reliable… Mentiiira…

No me queda prácticamente nada de ropa limpia, y la lavandería no me devuelve la ropa hasta mañana por la noche, así que me marco como primera misión comprar calcetines…en un chino.
Pues mira, resulta que en China las tiendas de chinos son ultraespecíficas. No esperes encontrar un polo en una tienda de camisetas ni esperes encontrar unos calcetines en una tienda de zapatillas. Así que el tema de encontrar algo tan simple como calcetines me resulta una misión casi imposible, y digo casi porque cuando estaba volviendo a casa había una señora mayor con una mesita en la que había…  sólo calcetines. Pues me  compro dos pares de calcetines por medio euro. Vuelvo a casa, estoy muy cansado. Me voy a dormir.

Lo mejor está por llegar.

Día 21 (3-7-15): Último día en Mongolia.

Me despierto. No tengo resaca, de puta madre. Me resulta muy raro, y tengo una sensación bastante familiar.
Ya sé lo que pasa: todavía voy zorro.
Así que empaco todas mis cosas y salimos rápidamente del ger para partir. Justamente hoy tenía que ser el día que salimos antes. Para las 9 o así ya estábamos en marcha. Martla nos lleva a un pueblo de donde cogeremos un autobús público a Ulan Bator. Grace, Steve y yo nos volvemos. Xavier y Fabien siguen creo que 4 días más. Así que Martla nos vuelve a deleitar con una magnífica demostración de conducción off road. Me he fijado en una cosa: por carretera no pasa de 70-80, pero por caminos se pone a 90 o a 100. Vamos tarde, así que Martla tiene que dar lo mejor de sí mismo. No obstante, aún paramos a mitad de camino para sacarnos nuestra última foto juntos

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Después de salir a la carretera paramos a comer. Vamos bien de tiempo. Martla ha hecho un buen trabajo.
Bajo a hacer mis necesidades con bastante urgencia. No tengo tiempo para ir muy lejos así que hago una necesidades bastante cerca de un poblado. Hay yaks sueltos por ahí. No creo que los locales se enfaden porque dudo que nadie pueda sospechar que se trata de un excremento humano.
Así que comemos y nos montamos en la furgoneta. Xavier todavía lleva una tajada de la hostia. Fabien también pero es un poco más recatado.
La hippy van no arranca. Martla se pega una media hora intentando arrancarla hasta que finalmente lo consigue.
Ahora sí que vamos tarde. Pero nos cruzamos con nuestro autobús, Martla lo para en medio de la carretera y nos vamos. Ya sólo quedamos Grace, Steve y yo. Nos despedimos de los demás. Buena suerte.
Así que metemos las cosas en mitad de la carretera y nos montamos en el autobús. Lógicamente, no tiene aire acondicionado y hace dentro un calor de la hostia. Steve, Grace y yo nos ponemos en asientos separados para intentar dormir un poco y pasar menos calor. Hay un niño detrás que no hace más que llorar, pero su madre lo levanta un poco y ve mi teléfono (estoy escribiendo ahora el blog de toda la semana). El niño deja de llorar y se queda embobado con el teléfono tal que así:

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Bajamos a un área de descanso a comprar unos helados y alguna botella de agua. De repente Grace empieza a buscar en su bolso y descubre que le acaban de robar la cartera. Pobre Grace. Por suerte sólo llevaba unos 90 euros y ninguna tarjeta, sólo su ID japonés (que de momento no va a necesitar) y el carnet de conducir (que le caducaba en un mes). Resulta que en la tienda tenían cámaras, así que vamos a revisar la grabación. Resulta que Grace paga y se mete la cartera a la mochila. En la puerta de la tienda hay un tío que le estorba para salir, y en medio de la confusión, otro tío por detrás le mete la mano a la mochila. Tal y como vemos el vídeo salimos Steve y yo corriendo para ver si todavía anda el ladrón cerca (hay un montón de locales alrededor). No lo encontramos. La verdad es que la gente de alrededor ha sido súper maja, nos han ayudado con todo. Los ladrones sabían que había cámaras, iban con unos sombreros muy grandes que le tapaban toda la cara, e iban siempre de espaldas a la cámara. Pero uno la ha cagado y les ha enseñado toda la jeta. Aquí estamos revisando las grabaciones

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No creo que recupere nada. Por suerte no tenía las cosas de más valor, obviamente le jode pero tampoco es el fin del mundo. Si me la llega a quitar a mí el mongolo de los cojones me hace un hijo de madera.
Así que después del susto volvemos al bus. Paramos en un pueblo cercano y empieza a subir gente. Se sienta a mi lado la probablemente mujer más grande de toda Mongolia. Es de casi 1,90 y pesará unos 120 kilos. Ocupa unos dos sitios. Yo estoy todo encorvado arrinconado. En cada curva su cuerpo me aplasta contra la ventana. Steve tampoco ha tenido mucha suerte, creo que es su hermana la que se ha puesto a su lado. Creo que es la segunda mujer más grande de Mongolia y venían juntas. Es imposible que no tengan algún parentesco. Por lo menos tengo bastante faena para terminar el blog de lo de toda la semana, aún me quedan unas 3 horas de viaje.
Termino llegando a Ulan Bator. He terminado el blog, de puta madre. Llego al hostel y compruebo la horda de notificaciones que tengo. Veo que una de las entradas del blog se me ha ido a tomar por culo. Me voy a cenar con Grace y Steve a un sitio de aquí al lado. Había una camarera aleatoria que pasaba casualmente por mi mesa, pero no me parecía bien tirarle una foto. Termino volviendo al hostel para ducharme, cosa que no he hecho en 8 días. Huelo, literalmente, a mierda. Me ducho y me voy a dormir. Mañana por la mañana vuelo a pekin, así que me voy a perder Ulan Bator. La gente me dice que no me pierdo gran cosa, así que me voy contento de Mongolia.
Hora de dormir.

Lo mejor está por llegar

Día 20 (2-7-15) Mongolia VII

Nos despertamos. Hoy toca otro día en caballo. Así que desayunamos y partimos. Fatty no tiene tanta hambre como ayer, sin embargo sólo escucha a Grace. Para decirle a un caballo mongol que corra hay que decirle chu. Cuando yo lo decía, ni puto caso. Pero cuando Grace (que iba en otro caballo) decía chu era como si le metieran un petardo en el ojete.

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En la foto se ve una manada de yaks que se apartan un poco al vernos. Los yaks son bastante estúpidos y se asustan con las personas, pero alguno tiene unos cuernos que te cagas, así que ojo al canto.

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Esto es un poco lo que se veía. Son lagos de lava. No debe de ser demasiado antiguo (a escala geológica). Los caballos por lo visto pueden atravesar unos pedregales que te cagas. No conocía esa facultad de los caballos.

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Aquí se puede ver a farty que para no perder la costumbre ha apestado medio bosque. La putada es que encima se tiraba pedos pintores, así que había que evitar estar detrás a toda costa.
Tras un esprint final llegamos a nuestro destino. Me hago la ultima foto con fatty:
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Martla está esperándonos con la hippy van, que lleva la mayoría de nuestro equipaje

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El paraje no está tampoco nada mal. Así que dejamos las cosas en nuestro ger y nos vamos a ver unas cataratas que hay por ahí cerca.

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El guía (Victor) nos había dicho que no nos podíamos bañar en las cataratas, pero si que se puede. Una putada no haber cogido ninguno bañador. Pero bueno, después nos hemos bañado en el río un trozo más arriba, en un sitio donde la corriente era muy pequeña. La verdad es que bañarse en un río de Mongolia es una cosa bastante guapa, aunque el agua estuviera congelada.
Así que volvemos al ger, donde nos han preparado una fogata y han dejado la hippy van en modo parking valenciano.

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Aquí debajo se puede ver a una niña jugando con cabritillos.

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De hecho antes he cogido el cabritillo marrón y se lo he metido a Fabien en el saco de dormir cuando se estaba echando la siesta.
Así que al final nos hemos sentado alrededor de la fogata y cantado unas cuantas canciones con Grace al ukelele. Resulta que Grace es profesora de unos 20 instrumentos diferentes (ahora ha estado trabajando 2 años en Japón), así que creo que sabe bastante bien de que va el negocio de la música. Habíamos comprado alcohol para un ejército, pero no hemos podido terminarlo. De hecho nos ha sobrado bastante y mañana hay que partir bastante temprano. Yo me voy a la cama con una tajada bastante interesante, no obstante aún se quedan Xavier y Fabien hasta no sé cuando. Ha sido un buen día. Era la última noche del grupo juntos, así que no podía ser de otra manera.

Lo mejor está por llegar

Día 19 (1-7-15) Mongolia VI

Nos levantamos. Hoy vamos a hacer la etapa a caballo. Unos 20km. Desayunamos y nos traen los caballos. No he montado a caballo en mi vida, y estos caballos parecen bastante temperamentales.
Así que me explican lo que tengo que hacer y arrancamos. No es difícil, lo único es que de vez en cuando echan alguna carrera y hay que estar atentos. No tienen nombres, pero rápidamente empezamos a poner nombres. El mío es fatty (gordito) porque todo el rato se para a comer. Echa una carrera para adelantarse y poder parar a comer. Tengo que pegarme todo el puto camino separándolo de la comida.

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Aquí salimos yo y fatty, haciendo lo que más le gusta.

El de Steve es farty (pedorro). Se ha pegado todo el viaje pediéndose, y un pedo de caballo mongol es un pedazo de pedo. Vamos pasando por sitios que habíamos visto desde lo alto de la montaña de ayer

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Todo está lleno de piedra volcánica. Cruzamos a caballo algún riachuelo y un montón de pedregales. Llegamos a nuestro destino hechos unos zorros.

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De todas maneras el ger que hay allí no es para nosotros. Nosotros tenemos que acampar en el césped.
De todas maneras hay un río al lado en el que al menos podemos bañarnos, cosa que no he hecho desde hace una semana, así que, aunque el agua esté helada, no me sienta nada mal.
Volvemos a la tienda. Esta vez no hay alcohol, lo gastamos todo el día de antes, así que noche sobria.
De todas maneras encendemos una fogata con mierda de yak y de caballo y jugando a un juego de cartas anglofrancés en el que soy un pésimo jugador, para deleite de mis compañeros.
La mierda de caballo arde muy fácil, mientras que la de yak es más energética. Así que recolectamos todas las mierdas que podemos y montamos una hoguera.
En realidad todo el mundo usa la mierda como combustible. Las estufas de dentro de los gers funcionan todas con mierda, así que tampoco hemos inventado nada.
Poco a poco voy entendiendo mejor a Steve. Cuando llegué le entendía en torno al 5% de lo que decía, ahora el 30-40%. Sigo entendiéndole muy mal, pero voy cogiéndole el tino.
Dicho esto, nos vamos a dormir.

Lo mejor está por llegar.